Los infiernos del caudillo

 

Ilustración y texto de O COLIS para Zonaizquierda.org

 

PRIMERA PARTE: Un lugar intermedio (28,29/33.)

(viene de: 27. Primer reencuentro con Perón)
http://zonaizquierda.org/Libros/COLIS-Los_infiernos_del_caudillo_14.htm

 

 

28. DEL PERONISMO DE PERÓN


Es muy difícil para mí entender y respetar la Patria de los otros. Y aquí estoy, oyendo las insufribles apreciaciones de Perón sobre su patria de él, Argentina, no hallando yo en sus exhortaciones paralelo ni parecido alguno con las que haría de la mía, España. Con esto de las patrias sucede como con las mujeres, que todas son o parecen putas excepto la madre de uno y las hermanas, y en algunos casos la esposa. Encima, él la llama nación, por eso ahora está haciendo una disertación como si estuviéramos en Naciones Unidas (putas unidas) en representación de la Federación Fascista Internacional, aunque estemos solos él y yo, bueno, y las chicas, que andan tomando el té en la duna más próxima, al suroeste (por orientarme según nos encontramos, siendo que yo miro siempre hacia el norte y Perón lo hace hacia el sur, pues no hallo otra forma razonable de situarme, o sea, que las veo si miro hacia atrás por encima del hombro izquierdo, hacia el suroeste figurado). En su manera de razonar me recuerda Perón a José Antonio, el eterno ausente, haciendo como que nos explicara a los, presuntos, aquí presentes:
Como cualquier otro movimiento de gran calado en las conciencias populares universales, el peronismo tuvo desde el principio tres apreciaciones universales fundamentales –más una subsidiaria de la segunda, y otra de la tercera–, que son las que representan, a saber: los peronistas; los no peronistas; y los antiperonistas. De éstos últimos poco se puede decir, excepto que son fieles a lo suyo en contra nuestro, ya que por la pujanza de la nueva Argentina se posicionan siempre estratégicamente anti lo que sea que digamos, propongamos o hagamos. De los segundos, de los no peronistas, hemos de considerar que son tan equidistantes de la primera como de la tercera apreciación universal del peronismo, porque no siendo peronistas tampoco se declaran antiperonistas; es decir que no lo son simplemente por ignorancia de mi persona y movimiento, siendo la mayor parte de ellos extranjeros, ya que siendo argentinos sería difícil que no fueran peronistas por otra razón que por ignorancia de la existencia misma del peronismo, y pues tampoco se declaran no peronistas por odio hacia nosotros, es de entender que se comportan así por puro desconocimiento. Estando encuadrados en la subsidiaria de esta segunda opción aquellos que no lo sean por desconocimiento simple, sino por desprecio apriorístico. Perdone que le diga, mi general, pero capaz que usted es no peronista, no por ignorancia de nuestra existencia, sino por apatía por saber de nuestro desideratum. Por dejadez, como si dijéramos. O sea, que usted estaría encuadrado en la subordinada a la segunda apreciación universal. Pues sé que no es usted no peronista ni en su forma simple, por desprecio, ni en forma subsidiaria interesada, es decir, no peronista a sueldo.


En esto no piensa Perón como José Antonio ya que, para él, los que no eran de la Falange no lo eran por imposibilidad de serlo, y había que acabar con todos ellos. Estuvieron ambos –como supongo siguen estando en esta estación intermedia– llenos de inútiles palabras, como si los discursos fueran fundamento de la acción en defensa de la fe y de la Patria. Se es o no se es fascista, pero no hace falta partido alguno, sino líderes, ellos son líderes, pero de partidos, no de la gente llana, los patriotas. ¡Viva la santa ignorancia!, ¡viva la fe del carbonero!, querría gritarle a Perón, pues estando la Patria y Jesucristo, toda ciencia política es retórica e inútil... ¿Qué razonar además, qué hacer después de reconocimiento de esas entidades superiores? Pues es fácil el qué hacer y el quehacer, ahí están los Mandamientos y las Leyes Fundamentales del Estado... Perón habla de nación, yo de Patria, él es ateo, yo seguidor de Jesucristo y de su santa Madre, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Pero no digo nada, me basta con que sepa el Altísimo, que por muchos pareceres diversos que traten de embotarme en la mente, como hicieron con ellos, yo seguiré fiel a mis principios fundamentales.


Y la fidelidad ha de serlo al líder, no a su movimiento, pues el líder es como la abeja reina, consustancial mantenedor de la entidad de la unión de destino en lo universal, y lo es por mandato divino; yo pienso como el tío Tomás, soy absolutamente absolutista, por el bien de la Patria. Aunque lo malo de ser líder es que te quedas sin líder, pues has de serlo de ti mismo. El líder no tiene nada que aprender, lo es por mandato divino y el mandato viene ya con instrucciones, por decirlo de alguna manera.


Es normal que para mí Argentina sea una nación, un país, lo extraño es que lo sea para Juan Domingo Perón. Pues uno habla de la Patria como de la madre, sin eufemismos retóricos. “En este país”, decía Larra, que era un masón internacionalista, aunque de origen español, como si su país fuera para él como una madre adoptiva, no como la biológica. Y a la nación la veo yo como si fuera comadrona de topónimos...


¿Usted no fue excomulgado nunca, verdad Paquito?, me pregunta Perón con cara de culpable. Yo sí. Tampoco lo fueron Benito, ni Adolf... ¿Por qué yo sí? No tengo respuesta, pero así fue... Pero está claro que sabe la respuesta, la sabe. Yo, por conmiseración no le digo nada, comento algo sobre las chicas que andan ahí, enredando, como siempre, y añado... Lleva usted razón, Presidente, lo que es, es..., y ahora estamos en este escenario para lo nuestro, y si es posible ayudarnos, pues eso, nos ayudamos... Su señora de usted piensa con mucho encanto que este escenario divino es una playa argentina en la que nunca ha estado, claro, como todo lo que tienen allí es tan grande, su Patria es enorme. Enorme.


¿Y cómo se siente uno caminando en olor de multitudes y bajo palio, Paquito?


Ni el Führer ni el Duce eran católicos, presidente, y no se puede expulsar a alguien de donde no está, como no se puede matar a los muertos. Y a diferencia de usted, y perdóneme que se lo diga, presidente, yo me llevé estupendamente con los papas, y fue precisamente Pío XII quien me otorgó el privilegio de que en ocasiones pudiera ir bajo palio. Me trataban como a un santo, mejor que aquí, desde luego... No tiene comparación... como a un santo.



29. UN SEPULCRO INMENSO EN RECOLETA
 

Ya van para varias jornadas que no vuelvo al nicho y no me queda otra que aguantar la verborragia de Perón y el bisbiseo de las chicas a mi espalda, mirándonos a hurtadillas, chismorreando y sin parar de beber té. Yo me tomaría encantado una Fanta, si es que tuviera paladar y esófago y estómago, pues me temo que todo en nosotros es fachada y apariencias, y no hay nada por dentro, excepto el alma y los pensamientos, presos de nuestro cuerpo. Espero que cuando desde el nicho me impelan de nuevo a los escenarios, en el ínterin entre sepulcro y escenario de la jornada, me hagan visitar la lavandería y me entreguen la guerrera y los correajes, y si es como me devolvieron los pantalones y los zapatos, estarán en perfecto estado de revista. En ello quiero entender que me adecentan para la entrevista... la entrevista... ese momento que preside todos mis pensamientos, como recoge, o recogerá fielmente Octavio el romano, pues no pienso en otra cosa que en el momento del Juicio Final, como lo llamábamos en vida. Y lo que yo pienso él lo escribe, o viceversa.


Aquí, en este lugar desértico, me encuentro como si estuviera en el extranjero, pues es obvio que estos no son mis escenarios, sino los del matrimonio Perón, y hago lo que puedo por soportarlo, aunque lo llevo muy mal, sobre todo desde la aparición de Juan Domingo. Nunca fui turista de ninguna parte, aunque no fue la cosa tan mal mientras estuve con Eva y Carmen aquí, los tres solos entre las dunas infinitas, caminando en estado de alerta. Pero es que este hombre no para de hablar de lo suyo sin pestañear, es mucho más pesado que Neruda, que al menos hablaba de mí, aunque fuera con tan mala saña. Si Perón me dejara al menos interesarme por el motivo de mi presencia aquí, si es que él lo entendiera...


...el justicialismo, como árbol que protegiera al caminante, hunde sus raíces en los densos estratos del humanismo grecorromano, como explicaba Disandro...


Perdone la interrupción, presidente, le digo, pero estaba por preguntarle qué hago yo aquí, bien entendiendo que lo que quiero saber es qué espera usted de mí en este lugar que tan encantadoramente su señora toma por recoleta playa, porque pienso que de poco he de servirle yo en la compilación y dilucidamiento del informe suyo para la salvación eterna de su alma... Observo la cara de Perón pensando, se le nota pensar, y sólo después de rato me contesta:


¡Ah!, ¿eso piensa que hago yo aquí? ¿Cree usted que espero el informe sobre mi vida de vivo, de cuyo se me juzgue y se me destine eternamente al lugar que me corresponda?


Pues... sí. Eso es lo que creo hacemos todos en estos lugares intermedios entre la muerte y la vida eterna, propiamente dicha...


Pues no, yo no. Lo que yo hago aquí, y en cualquier parte en la que aparezca, es estar alerta para disponerme a la reencarnación, pues cuando le sobrevenga a Evita la suya yo he de estar preparado para hacerlo en la misma especie que lo haga ella, quiero seguirla durante todas las reencarnaciones que hubiera de haber para Eva, por eso corro a su encuentro cada jornada tras el impelimiento mío, pero siempre caigo lejos de ella, no sé si por acaso o por expreso deseo de los guionistas. Y no me lo pone usted fácil invocándola y viniéndose con ella a los bajos del sepulcro de Recoleta. Compréndalo, gallego, me está usted entorpeciendo el afán.


¡Oiga!, ¡que yo no acudo aquí por gusto! Es el caso que me veo impelido en lo suyo de usted por una confusión de pensamiento, ya que por una extraña manera que han adoptado mis neuronas, cuando pienso en mi mujer se viene a mí de cuerpo la suya... no sé si me explico, y me llego a esto de sus lugares y asuntos sin que me importen ni me interesen, pues ya bastante tengo con lo mío...


No, si ya lo sé... Paquito. Sé que todo es un juego que se trae la muy bruja, pues como no le dio tiempo en vida a conocer a casi nadie de importancia e interés, se entromete en otras muertes para distraerse de ser humano, retrasando la transfiguración reencarnante en la vida que haya de tener después de la que tuvo de persona humana, y ha encontrado el modo de atraerse a todos ustedes, sobre todo a Mussolini, con el que ya la he pillado un ciento de veces tonteando. Es cierto que es la primera vez que le entromete a usted, que ya son ganas, general, y no se me ofenda, pero es que es así. Y aquí me ve, explicándole a todos los novios que se trae al sepulcro lo que es el justicialismo, aunque sólo por exigencias del guión.


Y no me ofendo por nada que pueda decir este hombre, porque en el fondo me da pena cristiana. Tener que arrastrar en el propio juicio otra vida ajena a la tuya, aunque sea la de Eva, ha de ser duro. Yo voy a mis soledades y de mis soledades vengo, como decía Lope de Vega, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos. No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero, que con venir de mí mismo no puedo venir más lejos. Ni estoy bien ni mal conmigo, mas dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo de su cuerpo...


Mirá vos, exclama Eva admirada, que se ha venido a nuestro lado con las otras chicas, toda ellas nos rodean... Y lo admirable para mí, no es que recuerde a Lope, pues bien se empeña Punset en ello, sino que este escenario sea la idealización representada en el subsuelo bonaerense del sepulcro de Eva Perón en Recoleta...


(Continuará: 30-EL PENSAMIENTO ARGENTINO DE PERÓN, 31-LAS SEÑORAS).
 


 

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