Los infiernos del caudillo

 

Ilustración y texto de O COLIS para Zonaizquierda.org

 

PRIMERA PARTE: Un lugar intermedio (32,33/33.)

(viene de: 31. Un sepulcro inmenso en Recoleta)
http://zonaizquierda.org/Libros/COLIS-Los_infiernos_del_caudillo_16.htm


32. SIENTO QUE LLEGAN EL FIN Y EL PRINCIPIO


Llego exhausto al lecho del nicho, y me revolotean en la mente cientos de historias ajenas, todas sucias y enrevesadas historias que se mezclan y se confunden entre ellas, por si no era ya tremendo de por sí el lío que reina en mi cabeza... En estas últimas jornadas con los Perón he sabido de cosas que no me interesan, ni entiendo para qué podría servirme conocerlas, pues sólo son chismes, cotilleos. En su mayor parte son exageraciones valleinclanescas de la conciencia de cada uno de los que se ha confesado conmigo en ese lugar pasmoso, lugar que resulta es el bajo, en el cementerio de Recoleta, de la tumba en la que está... no voy a pensar su nombre, vaya a ser que me vuelva a abducir la yusodicha, y con ella se llegue también de cuerpo la mía. Y ni siquiera esto que estoy pensando ahora me pertenece por completo, pues no creo en la conciencia tal y como la explican ese doctor Freud y su criado Lacan. Así como me veo y pienso ahora por su empeño, parezco un diccionario enciclopédico de extravagantes topografías y otras tonterías. Ya es afán de los de aquí quererme atiborrar de ese tipo de datos y lugares trucados, ¿es que no se puede entrar en el simple cielo con la fe sencilla del carbonero? Al menos me dejan seguir creyéndome poseedor de mi libre albedrío, a través del que puedo discernir, a medias -pues ni siquiera estoy seguro de esto- entre las acciones que pertenecen a mi determinación y las que me son inducidas por el romano, este torturador Octavio que pende sobre mi mente muerta, alentándola de palabras y lugares inútiles.


Me es dado ahora mismo, como un regalo de mis carceleros, pensar ordenadamente en el desorden de mi muerte, y recordar una a una las innumerables jornadas pasadas en los escenarios de este lugar intermedio, y en el circo ambulante y los personajes con los que formo compañía, unas veces haciendo de figurante sin texto y otras de protagonista abyecto. Nunca me hacen ser amable y firme, a la manera en que lo fui siempre. Si lo que se practica aquí son curas de humildad, estoy ya que reviento por que cese mi presencia en este balneario, pues más que humilde me han dejado humillado. Ya no seré nunca el mismo que fui, aunque no sé si el cielo que me tienes prometido, mi Señor, tendrá como maravilla el ir curando de las heridas en el alma que me han infringido en este lugar, y restituir una y otra vez mi dignidad perdida en esos escenarios, como la fui perdiendo una y otra vez, durante lustros, eras, milenios, pues tanto me ha parecido y se han prolongado, aunque con la forma de percibir el tiempo transcurrido que traje de vivo, y que padezco de muerto, que me parece muy alterado. ¿Y si fuera así, si fuera eso? Podría ser, me gusta, me gusta...


Y como siempre que algo me gusta y me ilusiona, o simplemente me agrada, siento la quemazón horrorosa en el pecho y empiezo a echar humo por entre la botonera de la guerrera, tan lustrosa desde mi última visita a la lavandería de los golpistas. El humo negro y denso invade el nicho, es tal la densidad de la humareda que sería de toser como loco, pero me parece que no tengo pulmones, ni para maldita la cosa que me sirven aquí el aire y el oxígeno, ni siquiera sé si esto que simulo es respirar, ya que me fingen vivo cuando, casi con toda seguridad y cristianamente entendido, estoy muerto hace mucho. Creo.


Ha aparecido en mi mente un lucecilla al fondo de un pequeño túnel. Parece que fuera yo hacia esa luz, más que la luz fluyera hacia mí, es como un viaje hacia las estrellas que me hace presentir que llegan ya el fin y el principio a un tiempo, juntos. Y nada sucede, y ni siento agrado ni ilusión por llegar al fondo de ese túnel, más bien siento miedo. Mucho miedo. Quizá por eso ha cesado el fluir del humo y ha desaparecido la humareda. Percibo como un vértigo de luz que se agranda y me devora... parece una lámpara de dentista, o de quirófano. Siento un deleite cansino, un goce enfermizo, como cuando era niño y tenía fiebre. Veo la cara de mi padre, e inmediatamente se asoman a mi cara, tapando parcialmente el foco, la hermana tornera, el doctor Freud y su criado Lacan. ¿Qué dice de su padre?, me preguntan con insistencia, sus palabras pesan como el plomo, me golpean el pecho y la cara, oigo cómo se me parten los huesos, pero no sufro, no siento nada, bueno, apenas nada... Otra vez el nicho es escenario, otra vez me remuevo sin ser impelido, sin traslado... viajar y no partir... La luz es blanca... blanco, blanco, blanco, blanco pero blanco sucio... Ese blanco me ensucia, me siento sucio. Pienso en las palabras organoléptico, cinemascópico, estroboscópico... oigo ruidos metálicos, la lengua me sabe a Fanta y a morfina, me parece que hay más gente, además de la monja y los loqueros, veo siluetas pasando bajo la lámpara... presiento que tras el fin vendrá un principio más largo que el fin mismo... en este escenario me siento inquieto y acorralado.


Voces, ruidos metálicos, sabores... Fanta y morfina, vino extraño, del color de la sangre; mareo, vértigo, visiones estroboscópicas; ojo de pez, cinemascópico... Cautivo. Huesos de la cara, de la nariz, añicos, el aire que respiro duele, es denso como el barro, me obligan a respirarlo, por primera vez desde hace mucho tiempo siento dolor, primero ligero, después dolor agudo, por todas partes, como si mi carne resucitara... ¿Será más fácil la reencarnación, será cristiana? Pienso en Carmen, y se me aparece Evita vestida de blanco... ¿Qué quiere, general?, y por el rabillo del ojo veo la figura implacable de Carmen junto a la argentina, vigilándola, también va de blanco, qué raro, detesta el blanco... y a su lado aparecen las figuras de Grediaga, Gelos, Beloqui, la del curandero Petriquillo, todos de blanco. Si pudiera moverme... No veo al Tío Tomás... ¡¿Qué hacen éstos aquí!?, preguntaría, pero no puedo, no puedo... blanco, blanco, blanco, blanco, blanco sucio... Ese blanco me ensucia, me siento sucio. Pienso en las palabras organoléptico, cinemascópico, estroboscópico... oigo ruidos metálicos, la lengua me sabe a Fanta y a morfina, me parece que hay más gente, además de la monja, los loqueros y los médicos carlistas, veo siluetas pasando bajo la lámpara... son apestosos carlistas, vestidos de blanco... hieden a zuri zikin; presiento que tras el fin vendrá un principio más largo que el fin mismo... ya está llegando, qué difícil es irse de una vez...



33. ÚLTIMOS RECUERDOS


Creo que tengo muchos problemas, por eso no puedo dormir. Mi cama en el nicho, en el palacio del Pardo. No me puedo mover. Pienso en el Sáhara. Todo parece real, todo se mueve despacio, a cámara lenta, stroboscópicamente, tengo calor y frío, a la vez. Sabor a Fanta y a morfina. Veo pasar a Vital Aza, Mínguez, José Luis Palma, Pozuelo, Fuentes de Villavicencio, mi yerno, mi yerno duda, se detiene frente a mí y duda. Odio su duda y odio el dolor de cabeza, el mío. Mi mujer, mi hija, Alonso Castrillo, Jesús Señor, Maripaz Sánchez, Hidalgo...


Sólo la sangre que llega a mi cabeza parece que lo hace con fuerza, el resto deambula por mi cuerpo con desgana, la siento vagar como una rata perdida en la cloaca, la cloaca interior de mi cuerpo, la siento flotar en las venas como un coágulo peludo de sangre de rata. La carótida es como una cuerda hueca, casi la veo, la siento muy presente en el cuello, como si todo mi cuello fuera una carótida. Suena a violonchelo bajo, viola de gamba, corcheas y semicorcheas relampagueantes y bajas, chapotean... cuando se tropieza el coágulo con las cuerdas, arco de tripa de cerdo... el Sáhara... jalufa. Voy a vomitar. Pablo VI y la excomunión, los cinco ajusticiados. Me levanto, desfilo en batín de paramecios, soy el novio de la muerte... Tengo muchos problemas, mi yerno, Pablo VI, Hassan II, Arias I es blando, un juguete de Carmen. Al alba. Cinco. Dicen que ha venido el príncipe, ¡que se vaya!, aún no ha llegado ni mi hora, ni la suya... Problemas y más problemas... Argelia y Marruecos contra mí, todos en marcha verde, el único verde que existe allí es el de los jeeps, trescientos cincuenta mil cobardes verde oscuro, querida África... nadie quiere la guerra... más que yo.


Carreras, me desangro, dejad que salga la rata... Ferrol, mamá, pote gallego con tropezones de sangre peluda de rata... Me envuelven en una alfombra mauritana, en volandas, a la carrera, Fanta y morfina, qué placer... Veo que alguien me pone una toalla amarilla sobre los paramecios del estómago, la toalla de limpiar las patas de los perros cuando volvemos de caza, estoy en el pabellón, mi sangre le va bien al amarillo de la toalla, ¡dejadla!, rojo y gualda. Se va la luz de golpe. Águila negra. Me abren la tripa y suturan los agujeritos epigástricos. La guardia civil taconea sin cesar... excelencia, ¡oh, excelencia! ¿No tenemos electricista en El Pardo?, dice mi mujer. Cinco ajusticiados, Pablo VI, tengo problemas, por eso no puedo dormir. ¿Clínica de La Paz? ¡Dije que quería morir en casa!... Hassan II...


Sabor a Fanta y a morfina. Tubos, botellas de acero, pantallas, tensión arterial: 14/8, dice una voz, y lo repiten todos como en las películas de submarinos... 14/8 14/8 14/8 14/8 14/8 14/8 ...Llevo un mes sin dormir, por favor, dejadme solo. La gripe, dice Vicente Pozuelo Escudero... No quiero morir de gripe, es tan larga... quiero morir de bala, españoles, ¡que me fusilen! Yo seré el sexto, Francisco Sexto, Franco el sexto ajusticiado al alba... ¡Cara al Sol con la camisa nueva...! ¡Franco, presente! Voces, ruidos metálicos, sabores... Fanta y morfina, vino extraño, del color de la sangre; mareo, vértigo, visiones estroboscópicas; ojo de pez, cinemascópico... Cautivo. Huesos de la cara, de la nariz, añicos, el aire que respiro duele, es denso como el barro, me obligan a respirarlo, por primera vez desde hace mucho tiempo siento dolor, primero ligero, después dolor agudo, por todas partes, como si mi carne resucitara... ¿Será más fácil la reencarnación, será cristiana? Pienso en Carmen, y se me aparece Evita vestida de blanco...
 

¿Qué quiere, general?


Por el rabillo del ojo veo la figura implacable de Carmen junto a la argentina, también va de blanco, qué raro, detesta el blanco... y junto a ella aparecen las figuras de Grediaga, Gelos, Beloqui, la del curandero Petriquillo, todos de zuri zikin. Si pudiera moverme... No veo al Tío Tomás... ¡¿Qué hacen estos aquí!?, preguntaría, pero no puedo, no puedo... zuri, zuri, zuri, zuri, zuri zikin... Ese blanco me ensucia, me siento zikin. Pienso en las palabras organoléptico, cinemascópico, estroboscópico... oigo ruidos metálicos, la lengua me sabe a Fanta y a morfina, me parece que hay más gente, además de la monja, los loqueros y los médicos carlistas, veo siluetas pasando bajo la lámpara... son apestosos carlistas vestidos de blanco sucio... presiento que tras el fin vendrá un principio más largo y zuri zikin que el fin mismo... ya está llegando, qué difícil es irse de una vez...


Mi nicho parece un pasillo berón, sale y entra todo el que quiere, ahora ha entrado un enano, o quizá sea un mozalbete, dice llamarse Froilán, y ha comenzado a arrearme patadas en los costados. Todo esto lo ve y lo consiente el romano Octavio, suspendido junto a la lámpara. Ha dejado de escribir, veo las cuartillas blancas, vacías, no dicen nada. A su lado flota un hombre con gafas, con una guitarra, que me mira con desprecio conmiserativo y me susurra que se llama Zeca, que es portugués, y que ha venido a cantarme fados, a despedirme...
 

Inúteis eran as vozes e as palabras
O cativeiro represo dos sentidos
Abre-se uma comporta e nada altera
A matéira dura de que é feita a vida
Ferros, pedaços, brancura nunca vista
E um rio que nâo pára nem descansa
Que perfeita modorra nâo se esconde
Nesta vasa indecisa e aos ouvidos
Chegan silvos cantantes gargalhadas
E tudo dói como si fora treva
Como si fora vino nésta névoa

 

...es ridículo, y yo siempre decúbito supino... y el chaval cebándose conmigo a patadas... ya vale, Floriancito, ya vale...

 


Fin de Una estación intermedia, primera parte de LOS INFIERNOS DEL CAUDILLO.
Próxima entrega: ÍNDICE ONOMÁSTICO, para los que lo soliciten a octcolis@gmail.com o a

Continuará en Zonaizquierda.org: El trabajo y la redención, segunda parte de LOS INFIERNOS DEL CAUDILLO (otros 33 cantos), cuando la primera parte esté publicada.

 

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