Los infiernos del caudillo

 

Ilustración y texto de O COLIS para Zonaizquierda.org

 

PRIMERA PARTE: Un lugar intermedio (14,15/33.)

(viene de: 13. Interminables reflexiones emparedado en este adarve (II))

http://zonaizquierda.org/Libros/COLIS-Los_infiernos_del_caudillo_7.htm


14. INTERMINABLES REFLEXIONES EMPAREDADO EN ESTE ADARVE (III)

 

Para que se desarrollen con cierta normalidad y aprovechamiento todas estas reflexiones a las que mi cerebro se ve sometido, Punset me está iniciando en el arte mnemotécnico de la pifilología, que aunque sólo sirve para recordar la sucesión matemática de los números digitales del número pi (31416...), está seguro él, aunque no lo esté yo tanto, que esta práctica pifilológica me ayudará a expandir mis sinapsis y entrenarlas para el aprendizaje de todo esto que pretende aprenda para la salvación de mi alma, que ya ni sé cuándo acontecerá si he de memorizar tanto. Y ahí las tengo a todas ellas, saltimbanquis sinapsis trufaldinas, pinitos del oro neurotransmisores con tutú de números.


Los británicos son muy pensadores todos ellos -aunque por vicio, ya que pensar no sirve para maldita otra cosa que para estarse restringido y absorto en ello, sobre todo cuando se tiende natural y sencillamente a pensar bobadas- y hay un británico, lo he conocido en la pantalla de la lápida, Joseph Shipley, que escribió un libro, Playing With Words, en el que aparece un poema en el que el número de letras se refiere a los números primeros de π:

 

But a time I spent wandering in gloomy nigth;
Yon tower, tinkling chimewise, loftily opportune.
Out, up, an together came sudden to Sunday rite.
The one solemnly off to correct plenilune.


Shipley escribió bloomy en donde Punset and I ponemos gloomy, but we think our modification is an improvement. En realidad, este sistema contempla la sustitución de letras por números o, en algunas casos, cada letra por sí misma o de cada palabra por su posición en el abecedario, uso y práctica esta de lo que llaman “piernas” que, en esta semántica de sinónimos interminable que voy aprendiendo, son poemas que representan a π desglosado en números. Ahora estábamos repasando el poema Cadaeic Cadenza y sus 3835 dígitos de π. Y esto no es nada, Rajan Mahavedan es capaz de recitar 31.811 decimales de π, con dos cojones. Aunque me dice Punset que estas técnicas no son muy eficientes para larguísimas memorizaciones de π... ¿y entonces, todo esto a santo de qué?...


Para hallar a Dios, me revelan, o para que Él me halle a mí.


Resulta que me explica Punset que en los textos veterotestamentarios aparece Dios como ALHIM, que leído numéricamente en hebreo, ya que cada número hebráico está representado por una letra de su alefato, es 13514, que dispuesto en círculo da 31415 (disponerlo en círculo es lo que simbólicamente se debe hacer puesto que hay un número que expresa una relación geométrica, la que existe entre la circunferencia y su diámetro, el número pi: la circunferencia es pi veces su diámetro).


Pero a mí esto me parece meter a la fe en sistemas aleatorios coincidentes, porque siempre habrá algo que coincidirá con otra cosa por azar... hay tantas cosas por enumerar... por ejemplo, el número que calzo, 38 largo, podría haber coincidido con el número de pasos (dados por mí) que había desde mi cama hasta el saloncito, sin que esto significara maldita la cosa... pero aquí quieren hacer de pi el número coincidente con lo sagrado, con la irrupción misma del espíritu en la materia. Los sabios de Punset insisten: pi es la cristalización en formas de lo indefinido, la relación entre lo conocido y lo desconocido, entre lo uno y lo otro; entre lo limitado y lo ilimitado; entre el propio Ser y su Existir; entre la unidad y la multiplicidad; entre lo permanente y lo efímero; lo homogéneo y lo heterogéneo; entre el Hombre Cuadrado, material, y el Hombre Pentágono de Vitrubio, espiritual; entre lo curvo y lo recto, einstenianamente pensando; en fin esto de los números sagrados me parece una ficción muy de este lugar intermedio, son tan dados aquí a ficcionar...


Irrumpe de vez en cuando en la pantalla, como si fuera aprovechando o creando a propósito una interferencia, un tipo risueño que dice llamarse don Genaro, que se ríe mucho, de esto, de aquello, o de lo de más allá. A Punset, le sienta fatal que interrumpa, y me pregunto si no será un servidor del Maligno, aunque la verdad es que su risa reconforta (y con el reconfortamiento vuelven a aparecerme los humillos negros en la pechera, aunque ahora no preludian impelimiento a ninguna parte, sino que es sólo pura mortificación y castigo por el gusto y el goce que me doy con lo que dice riendo don Genaro). En una de esas interrupciones me asegura entre carcajadas que el número áureo o proporción áurea y la serie de Fibonacci están muy relacionados entre sí.


Para que lo entiendas, me dice, nadie calcula si la distancia entre la nariz y el mentón de una persona es proporcional a la longitud total de su cara, pero si resulta que es así, consideramos bella a esa persona. Y añade: Fibonacci creó su famosa serie al descubrir cómo mejorar la cría de conejos. La secuencia relaciona el número de nacimientos que tiene lugar cada período de cría, comenzando con los números 0 y 1, denominados generadores. A partir de ahí los siguientes números son la suma de los dos anteriores: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89... Aunque no funcionó muy bien, se ríe, lo veo caerse riendo y golpear el suelo con la palma de la mano, muerto de risa, hasta llora... y luego desaparece. Me es simpático. No sé si esto está bien o mal.


Pienso en π, parece un dolmen... Oigo a don Genaro, desternillándose de risa, recitar los silogismos aristotélicos con acento yaqui: barbara, celarent, darii, ferio, cesares, camestres, festino, baroco, darapti, disami, datisis, felipton, bocardo, ferison, camenes, bamalip, dimatis, fresison... para comer cerillas...


Por mi cuenta, yo solo, he descubierto que no hay ningún 0 entre los primeros 31 dígitos de pi... ¿y?...


Me va a estallar la cabeza... ¿y?... ¿qué más me da?... But a time I spent wandering in bloomy night… ¿puede volverse loco un muerto?


15. INTERMINABLES REFLEXIONES EMPAREDADO EN ESTE ADARVE (y IV)

Siento destensarse la cuerda que me ahoga el pensamiento y, porque el que me obliga a pensar raro me deja imaginar ahora sin control ni apretujamiento alguno, percibo nítidamente el cuerpo emparedado en este adarve, mientras otro algo de mí vaga por la ciudadela en la que aguardo tan impacientemente mi destino.
No ronda Punset, ni ninguno de sus instigadores, el romano Octavio sigue impasible suspendido sobre el nicho, tomando nota de todo, y aprovecho el momento de descuido de mis sofronizadores (me es dado pensar que es descuido fortuito, aunque no sé si será descuido premeditado) para hacerme un plano mental de la situación con mis propios argumentos y sentidos, sin las interferencias del conocimiento de esas nuevas informaciones que están cambiando y corroyendo mi integridad mental. Quizá todo sea un fiasco y esté organizado para que suceda así y en realidad no acontezca descontrol alguno, ni ausencia de mis cuidadores. No me extrañaría. Aunque siempre entiendo que todo será para mi bien, sin pretender más, así sea, amén, ¿qué otra cosa habría de ser?


Veo que los baluartes de mi fortaleza han sido separados de sus hornabeques, arrastrados por la contraguardia con toda su artillería, y compruebo que no han resistido las barbetas situadas en los ángulos de mis bastiones, ni tampoco las casamatas con todos sus cañones; todo ha rodado descompuesto por el ya inútil glacis, hacia la explanada de la muerte de todas las cosas. Esto lo percibo claramente. He visto han rodado hacia ese lugar oscuro mampuestos, ménsulas, escudos, merlones y banderas. Todo amontonado y sepulto por el polvo y la argamasa pulverizada. También el camino de rondas ha sido cubierto por todo eso. Veo ahora las golas incomprensiblemente erguidas aún entre las ruinas, dando entrada y salida a esa ninguna parte desolada en la que se encuentran este nicho y mis despojos.


La ciudadela en la que se parapetan mi espíritu y mi cuerpo esta sola, en el medio de ninguna parte, acosada por el eco de voces, razones y oratorias que no son para descritas. Otras veces ya, tras interminables reflexiones aparentemente albedréicas emparedado en este adarve, me ha sido concedido ver en este cementerio una extensa llanura poblada por otras ciudadelas como esta, en las que supongo permueren otros despojos como los míos, entre la muerte y la vida eterna, o quizá sea más acertado definir nuestro estado entre la vida y la muerte eterna. Todo lo que aparece en este territorio parece intransitorio.


Y entre esas veces que así me encuentro, algunas me es además dado salir por este paisaje sin salir de mí, volando lo que sea que de mí vuela, pues lo siento mío y volando, ascendiendo en círculos me llego, con la parte que de mí va en ello, hasta un espacio claro, inmenso, como un océano reflejado en un espejo infinito. La claridad se clarea y va haciéndose más y más intensa según asciendo, y llega a tal la intensidad que al encerrárseme la vista en ese fulgor quedo ciego, aunque sigo volando hasta que llego a un lugar en el que presiento que no hay nada, como si me hubiese transportado en el tiempo a la simetría anterior al universo, a la nada inanis et vacua. Y siento un miedo horroroso, pues creo que frente a mi ceguera me observa el ojo infinito de Dios considerando si debe crearme, si merece la pena que yo exista, pues Él puede estar en todos los tiempos y en los no tiempos a la vez, y reconstruir la historia del tiempo y de las cosas según su voluntad. Y me asusta pensar que me quedo en nada y me hago nada informe. Que nada seré y ni siquiera podré acordarme, ni siquiera moriré, porque no habré nacido. Aunque si yo fuera nada a la vuelta, nada recordaría, ni padecería. Lo único que no me gustaría de eso es que entonces tampoco tendría el privilegio de verle. Quizá en esos viajes a lo más alto me ciegan para que no vea el Paraíso, pues aún no han decidido si lo merezco. Pienso que el Paraíso y la Eternidad están en el Tiempo Anterior al tiempo universal...


...Y tras instantes eternos cavilando en el preuniverso siento que cae de mí lo que sea que subió tan alto, cae en picado hacia ese lugar intermedio, la explanada de las ciudadelas espectrales en la que resido temporalmente, y voy recuperando la vista de las cosas y me veo caer hacia mí mismo, estrellándome contra las ruinas de esta fortaleza derrumbada, y enseguida comienzo a rodar, como una bola de golf orientado hacia el nicho, cayendo suavemente bajo la lápida, y me reúno conmigo, que sigo decúbito supino y asombrado. Ahora veo chiribitas, fobia a la hiperluz...


Y cuando pienso cómo es que puedo estar a un tiempo en la ciudadela y en el espacio preuniversal, suelen surgir los rostros de Punset, explicando no sé qué de lo cuántico del Señor, que siempre me hace pensar que quizá esté yo esperando a quien a mí no me espera.


Sería normal que eso que vuela de mí fuera mi alma, que no es pero que está.


Oigo las voces odiosas entonando el Cara al Sol con el habitual desacierto. Cada vez parece que hay más voces, y son más vociferantes, más desacertadas y destempladas. Esto me hace presagiar el fin de este nuevo periodo de reflexiones emparedado en este adarve... Y oigo reír a don Genaro.


(Continuará: 16- VOCES DESDE LOS MISERICORDIA, 17- PRO E CONTRO).




 

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