Los infiernos del caudillo

 

Ilustración y texto de O COLIS para Zonaizquierda.org

 

PRIMERA PARTE: Un lugar intermedio (16,17/33.)

(viene de: 13. Interminables reflexiones emparedado en este adarve (II))
http://zonaizquierda.org/Libros/COLIS-Los_infiernos_del_caudillo_8.htm

 


16. VOCES DESDE LOS MISERICORDIA

Ahí suspendido frente a mis ojos, a veces pequeño como una mota de polvo y otras gigantesco como el firmamento, el romano Octavio, siempre ahí, escribiendo todo lo que pienso y lo que -parece, sólo parece- sucede a mi alrededor. Aunque no sé si anota él lo que pienso o si pienso yo lo que anota. Si todo no es sino una figuración suya, incluido ese Punset y sus figurantes, que no puede haber ser tan ridículo ni rojos tan imaginativos. Soy Francisco Franco de cuerpo y alma, y Octavio de pensamiento... Claramente yo no soy el que fui, dónde va, ni pienso como pensaba. Pero lo sufro como si fuera yo, ¿padezco yo... y piensa él? ¿Para mi padecimiento? Nada es mío, todo es de Dios... Al César lo que es del César y a Dios lo suyo... Pero si todo es suyo... el romano también lo es. ¿Es Octavio cierto? ¿Soy cierto yo? ¿Esto me haces pensar, Octavio, cosa de Dios? ¿Y de este modo?


Tras las voces que canturrean horrísonas el Cara al Sol (algo debe de quedar de mí pues siempre me rebelo contra los adjetivos tan amanerados que pienso) me veo impelido como un autómata a través del puré viscoso y blanquecino que hace de aire en estas pantomimas a las que me llego, en esos escenarios de opereta en los que toman la historia a beneficio de inventario, sobre todo la mía, alterándola y corrigiéndola sin rigor ni lógica alguna. Esta no es mi historia, esa no es mi herencia. La niego...


...y según me rebelo me viene al pensamiento el Código Civil, más concretamente el Libro III: Título III: Capítulo V de ese código que me he aprendido de memoria, ¿a santo de qué?, esos artículos que he repasado una y un trillón de veces con Punset... qué horror, sólo de pensarlo se me atraganta el aire puré... Y se me aparece en el pensamiento la Sección Quinta, Del beneficio de inventario y del derecho a deliberar... Artículo 1010... “Todo heredero puede aceptar la herencia a beneficio de inventario, aunque el testador se lo haya prohibido. También podrá pedir la formación de inventario antes de aceptar o repudiar la herencia, para deliberar sobre ese punto”. ¡Ah, vaya! , ¿puedo?... y sigo consultando, recuerdo el 1011: “La aceptación de la herencia a beneficio de inventario podrá hacerse ante notario, o por escrito ante cualquiera de los jueces competentes para prevenir el juicio de testamentaría o abintestato”... y el 1012: “Si el heredero a que se refiere el artículo anterior se hallare en país extranjero, podrá hacer dicha declaración ante el agente diplomático o consular de España que esté habilitado para ejercer las funciones de notario en el lugar del otorgamiento”... y el 1013: “La declaración a que se refieren los artículos anteriores no producirá efecto alguno si no va precedida o seguida de un inventario fiel y exacto de todos los bienes de la herencia, hecho con las formalidades y dentro de los plazos que se expresarán en los artículos siguientes”... y el 1014: “El heredero que tenga en su poder los bienes de la herencia o parte de ellos y quiera utilizar el beneficio de inventario o el derecho de deliberar, deberá manifestarlo al juez competente para conocer de la testamentaría, o del abintestato, dentro de los diez días siguientes en que supiere ser tal heredero, si reside en el lugar donde hubiese fallecido el causante de la herencia. Si residiere fuera, el plazo será de treinta días.


En uno y en otro caso, el heredero deberá pedir a la vez la formación del inventario y la citación a los acreedores y legatarios para que acudan a presenciarlo si les conviniere”...
y el 1015, en el que finalmente aclara... ¿aclara, pienso?, no, no soy yo, me rebelo, pero lo recuerdo así tras las tres mil trillones de veces que me vi en su momento obligado y aboligado a aprenderlo: “Cuando el heredero no tenga en su poder la herencia o parte de ella, ni haya practicado gestión alguna como tal heredero, los plazos expresados en el artículo anterior se contarán desde el día siguiente al en que expire el plazo que el juez le hubiese fijado para aceptar o repudiar la herencia conforme al artículo 1005, o desde el día en que la hubiese aceptado o hubiera gestionado como heredero”...


¡¿Puedo, al menos repudiar esa herencia que me inventan?! ¿Puedo deliberar? ¿Pero, deliberar con quién?... me encuentro prácticamente en país extranjero, y el único notario es el romano Octavio, juez y parte, claramente... y los figurantes son de opereta ¿y qué inventario fiel y exacto puedo hacer de esto que me han endilgado como hecho o vivido por mí? ¿Abintestato?, ¿es italiano esto, o latín acaso?, pues lo llevo muy malamente, Punset no halla la manera de que me entre... ¿Dentro de los diez días siguientes a que supiere ser tal heredero? ¿Qué tiempo es ése aquí? ¡Pero si no sé si resido en el lugar de mi fallecimiento o si esto es sólo una reproducción celestial de aquél lugar en el que creía yo descansarían mis restos! ¿Juez competente? ¿El romano? ¡¡¡Que citen a los acreedores y legatarios!!! ¿Soy yo acaso lo uno y lo otro a la vez? Pero, bueno, el 1015 dice desde el día que la hubiese aceptado o comenzado a gestionar como heredero... ¡Y no la acepto!, ¡la repudio!... quiero deliberar, exijo deliberar sobre esa herencia que no me corresponde...


Oigo voces... tras atravesar el muro de niebla me he posado suavemente en el interior de una gran iglesia, y mis pies, como si pensaran, se dirigen enseguida hacia el coro, desde donde les parece surgen las voces. Subimos ellos y yo tras ellos, a su encuentro. Percibo claramente que se quitan la palabra las unas a las otras, discuten. La dorada luz del día, tan irreal como el mundo que ilumina, entra a chorros contra la bancada de la sillería, resaltando los relieves de los misericordia de los asientos. Me acerco para comprobar si puede ser que las voces salgan de esos viejos relieves de caoba, enterrados de medio cuerpo en la madera pulida y encerada. Distingo algunos rostros entre esos cuerpos que se mueven como gusanos atrapados por la cintura en la madera. A algunos los conocí en vida, a otros aquí, en los partes de Punset. Entre la algarabía que forman con sus discusiones oigo mi nombre. Hablan sobre mí... vaya...


17. PRO E CONTRO

Fijándome bien veo que todos llevan un gran libro, como de balances comerciales o libro de entradas y salidas. En la parte de arriba de las hojas pares está impresa una gran capitular dorada, la P, tras la que se lee ro, o sea, que pone Pro, y en la impares la capitular es una C y tras ella se lee ontro, o sea, Contro. Y en la cubierta del libro, aunque se ve peor porque no hay distingo de colores como en las hojas, pone en grande Pro e Contro. O sea que aunque discuten en español, apuntan en lengua italiana. Muy de Punset.
Que sea este el tribunal que me juzga... es para comer cerillas. Colijo entonces que apuntan en Pro, a mi favor y en Contro en mi contra. ¿Puedo deliberar?, pregunto. Pero no me hacen caso. Distingo entre los rostros el de Pepe Martínez. Le reconozco inmediatamente, vi muchas fotos suyas que me enviaban desde la DGS. Fundó una editorial sólo para joderme. ¿Qué va a decir este individuo a mi favor, pero hombre, si me odiaba? ¡Qué ruedo ibérico ni qué ruedo ibérico! Charlotada Ibérica, se debiera haber llamado aquella mamada de rojos resentidos y perdedores. Y escribe en las hojas del Pro, osea, en mi defensa, el pelota de Manuel Aznar, quien define mi furbizia e riservatezza, como una sorta di pragmatismo nebuloso. Millán Astray (no lo veo) diría mejor que lo mío era retranca gallega... che per comprendere Franco sono importanti le caratteristiche piú profonde della gente galiziana, insiste Aznar (qué mal escribe en italiano, hasta yo lo haría mejor).
Bien visto sí que tiene su lógica escribir el informe sobre mí en italiano, el italiano es el heredero natural del latín de Dios, porque los papas hablan oficialmente en latín con Dios, y no en francés o en rumano. Y por eso me insistían tanto mis consejeros episcopales sobre la importancia de que la santa misa se dijera en latín. Aunque sólo fuera por respeto a la lengua del Supremo Hacedor, que del arameo se pasó al hebreo y del hebreo al latín. Y no es que Él necesite lengua alguna, y si las fue creando fue para que los creados le entendieran, y para que nos entendiéramos entre nosotros. Reconozco que el latín es una lengua de clase. Por eso los rojos apoyan incondicionalmente las lenguas ridículas, como el vascuence. Por lo de su lucha de clases, que la llevan a todo como materialistas enfermos que son. Hasta me dan pena (y con la pena me viene el latigazo en el pecho y la quemazón y el humillo).
Atento a lo que dice y anota este miembro destacado del contubernio comunista alentado por la masonería internacional, este José Martínez Guerricabeitia, o Gerrikabeitia, como le gusta decirlo a él, he de reconocer que aunque lleva razón en la exposición de los hechos tal y como fueron, en lo que falla flagrantemente es en la explicación de los motivos por los que actué de esa forma. También falla en ello Manuel Aznar, aún defendiéndome, y haciéndolo además tan empalagosamente. Nunca las razones argüidas por ellos coinciden con la verdadera razón de mi proceder. Y ahí están ahora ambos, representando ser figuritas misericordia del banco del coro de esta caprichosa catedral fantasmagórica. He tratado de meterle el dedo en el ojo a Martínez, como tantas veces hizo él conmigo, pero no ha podido ser, porque la savia que me alimenta los movimientos no me da para llegar hasta él y aplastarle la cabeza contra la madera movediza que lo conforma. Ni siquiera parece nadie ahí sentir mi presencia frente a ellos, y eso que de ser real mi presencia aquí, yo sería como un gran león y ellos como demediados ratoncillos.
Me parece que Pepe y Manuel representan al fiscal acusador y al abogado defensor de mi causa, y de la parte que me apoya, asesorando a Manuel Aznar, están (voy distinguiendo a todos) Álvaro Cunqueiro, José María Pemán, Ruiz Gallardón, Ernesto Giménez Caballero, el cardenal Pla y Daniel, Joaquín Arrarás, varios de los Luca de Tena y, además de otros muchos conocidos, hay algunos desconocidos, como un tal Pío Moa, que se desvive en honrarme, aún a costa de mentir como un bellaco, exactamente igual que hacen los de la parte acusatoria que apoyan a Martínez en mi contra. Sólo Dios, la Patria y yo sabemos el por qué de mis actos, y no me hacen falta tantas mentiras ni pro ni contro mí.
Los esbirros de Punset me han informado de que las partículas subatómicas pueden estar en un lugar concreto y, sin dejar de estarlo ni un instante, pueden ser a la vez ondas que van de aquí para allá en el tiempo. Y aunque lo he repensado mucho no logro entender cómo puede ser eso, de no mediar milagro. Entreveo en ello la pecaminosa vanidad de querer entender la Creación del Supremo Hacedor de todas las cosas, sus mecanismos. Pero no sabrán nunca los vivos cómo es todo, ni cómo se gestó, ni con qué leyes. Sólo hacen como los niños que desmontan el reloj para volverlo a montar y luego les sobran piezas.
Ni yo me planteo cómo puede ser que este señor Moa esté vivo por ahí, fuera de este submundo y a la vez y en el mismo tiempo esté también aquí, hecho un misericordia de caoba, y sólo de cintura para arriba, como un lázaro subatómico. Y por lo que me voy enterando tampoco es de entender por qué este viceversado Pío Moa fue antifranquista, o sea, antiyo o controyo, cuando yo vivía, y ahora que ya todo me da igual, es proyo, o sea, profranquista.
Ante las carcajadas de los rojos que apoyan a Martínez en mi contra, Manuel Aznar asegura que fui arquitecto de capitanes de la historia y que mi espada estaba por encima de la que había vencido a los sarracenos en Las Navas de Tolosa. Y grita José María Pemán: ¡¡L´inviato della Providenza!! Mientras decaigo y me esfumo, siento que vuelvo al nicho... Sanctus, sanctus, sanctus, entonan los del Pro...

(Continuará: 18- CELEBRI CANZONI POPOLARI, 19- LA HISTORIA SABRÁ DEFENDER MI CAUSA).
 


 

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