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COMO LOS RICOS DESTRUYEN EL PLANETA

HERVÉ KEMPF

Clave Intelectual, 2011

El periodista de Le Monde, Hervé Kempf presentó en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM su último libro, en el que analizó la crisis ecológica como una consecuencia del modelo económico. Estuvo acompañado por Lourdes Lucía, editora; Jorge Riechmann, profesor de Filosofía Moral en la UAM y yo misma, que escribí para el acto esta pequeña reseña:

 

En el lugar de donde provengo, la Guajira,

esa península compartida malamente entre Colombia y Venezuela,

habita una tribu indígena… guayú,

que vive sin nuestra perspectiva, es decir,

sin esa forma convencional de representar los objetos y las personas en un plano

como si se vieran desde lo alto

registrando especialmente las distancias que los separan. 

 

No, los guayús no tienen nuestra perspectiva

y nos ven a todos de frente, en un cúmulo, todos juntos.

Iguales entre nosotros y a la vez iguales a las cosas:

al aire, al agua, al árbol y a la llama.

En su concepción del mundo no existe el vacío, 

y en su horizonte todo lo que se mueve se conduele… y tiene consecuencias.

Así la rama que cae, así el murciélago que duerme,

así la sombra del pez, así la espuma de la ola.

Por eso las huellas sobre la arena del mar hablan

y por eso el viento del nordeste, que las borra constantemente,

nos traslada los ecos de cada uno de los pasos del hombre que camina en Europa…

 

Tras la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas,

cobró pujanza el discurso de los derechos de la Madre Tierra.

 

El buen salvaje de Rousseau parece que se levanta de su tumba

solo para reprocharnos lo equivocados que estábamos

los hombres y las mujeres que le colonizamos el lugar,

la situación, la sustancia, la cantidad,

la cualidad, la acción, la pasión,

el hábito y el tiempo.

A la vez que, en el colmo de nuestra sofisticada perspectiva, 

de manera obscena y descarada,

transformábamos el humanismo en categoría religiosa,

sacralizábamos la idea de progreso,

y le asignábamos a la ciencia el papel de demiurgo

capaz de devolvernos al centro del universo

como seres únicos,

dotados para ejercer el dominio del planeta,

plegados a los dictados de la nueva fe en la técnica,

la modernidad, y el desarrollo de las fuerzas productivas,

como instancias objetivas situadas a una escala sobrehumana.

 

Y todo ello porque hoy, en pleno siglo XXI

aún seguimos observando el universo como si todavía

girara alrededor de nuestro globo

Y a pesar de Copérnico y de Darwin,

en el fondo de nuestro corazón,

no nos sentimos parte de la naturaleza[1].

aunque emulemos a las bestias…,

pero más solos y más tristes…

y al borde de la exterminación…

 

Todas estas palabras y muchas más me sugiere el libro de Hervé Kempf.

 

“No podemos obviar -nos dice Kempf-, por parte de la oligarquía,

un deseo inconsciente –incontenible- de catástrofe,

la búsqueda de una apoteosis del consumo

que llegaría hasta el consumo del propio planeta Tierra

por medio del agotamiento, el caos o la guerra nuclear”.

 

“La violencia  -dice Kempf-,

constituye el núcleo del proceso que funda la sociedad de consumo:

el desgaste de los objetos, el valor creado es mucho más intenso

en su violento agotamiento”.

De esta manera –observo yo- hasta las cosas se conduelen y se convierten en basura por los siglos de los siglos.

 

“La movilidad social también está averiada”, dice Kempf-:  

“[La] clase dirigente depredadora y codiciosa,

que derrocha sus prebendas y abusa del poder,

aparece como un obstáculo en el camino”.

“No tiene ningún proyecto,

no está animada por ningún ideal,

no trasmite ninguna ideología”.

 

“Pero a medida que descendemos en la escala de la riqueza,

los filtros de las posibilidades de cada uno

van despojando la marea de los frutos del cuerno de la abundancia.

Dejan insatisfecho el inextinguible deseo excitado

por la estridente dilapidación de los oligarcas”.

 

Y es que “los pobres ya no son los mismos de hace veinte años,

Antes se trataba de ancianos que pronto iban a  desaparecer.

Hoy, los pobres son, ante todo, jóvenes llenos de futuro –sí-,

pero en la pobreza”.

 

“Para los ricos el único valor de nuestra existencia

es que necesitan nuestro voto en cada elección

para hacer que sean electos los políticos

cuya campaña ellos han financiado”…

“El capitalismo moderno está organizado

como una gigantesca sociedad anónima”.

 

¡Pero Hervé, no vivimos en una democracia! sino en una NANODEMOCRACIA.

 

“Entretanto la izquierda – continua diciendo nuestro amigo-

vestida con los harapos que han quedado del marxismo,

pinta y repinta ininterrumpidamente las cromo-litografías del siglo XIX,

o se abisma en el realismo de un liberalismo moderado”.

 

“Manifestando un caricatural rechazo por la ecología.,

[La izquierda] estancada en la idea del progreso

tal y como se concebía en el siglo XIX,

aún entona el canto del crecimiento

sin el menor rastro de espíritu crítico”.

 

Por eso Kempf, finalmente nos grita:

 

“¡Es necesario salir de este agujero, de este hiato!:

Comprender que crisis ecológica y crisis social

son las dos caras de un mismo desastre.

 

Una cara es el eco de la otra, ambas se influencian mutuamente,

Se agravan correlativamente”.

 

“La izquierda renacerá uniendo las causas de la desigualdad y la ecología,

o, incapaz, desaparecerá en el desorden general

que se la llevará como al resto…”

 

Y citando a sus amigos –Kempf- proclama:

“La prioridad absoluta debe ser la satisfacción universal de las necesidades humanas fundamentales”

“Solo quebrando el poder de las grandes empresas y

Sometiéndolas al control social

Seremos capaces de superar la crisis del medio ambiente”.

 

Al final, Kempf concluye:

“Pese a la amplitud de los desafíos que nos esperan seamos optimistas…”

“A medida que se propaga la conciencia

de la importancia histórica de los desafíos actuales,

A medida que despierta el espíritu de libertad y solidaridad:

Están emergiendo las soluciones

y las ganas de rehacer el mundo frente a las siniestras perspectivas”.

 

Perspectivas siniestras que, como dije al principio

nos representan a todos en un plano,

como si se mirara desde lo alto,

registrando especialmente las distancias que nos separan.

 

Estimado Kempf, gracias por este libro que nos informa

y nos anima a continuar rebelándonos,

mirándonos de frente,

en una plaza, en un parque.

Sintiéndonos parte de la naturaleza,

respetuosos de las cosas y los seres:

el aire, el agua, el árbol y la llama.

la rama que cae, y el murciélago que duerme,

la sombra del pez, y la espuma de la ola,

atentos al eco de los pasos de cualquiera que camine…

 

 

Liliana Pineda

 


[1] Como bien dice José Manuel Naredo en “La economía en Evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico”. Ed. Siglo XXI. Madrid, 1987 Pag.18.

   

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