INFORME SOBRE EL SENADO (1)

 

Texto e ilustración de O COLIS*

 

No sé a vosotros, pero a mí esto de la configuración de la Cámara Alta y el desarrollo político de sus funciones me parece cada vez más cercano a mi propia vida. Claro que ha de influir en ello que desde hace tres años vivo en la Plaza de la Marina Española, y habitualmente veo a los senadores entrar y salir del edificio del Senado -porque lo tengo ahí, justo enfrente, cruzando la calle-, o yendo o viniendo de la taberna en la que suelo tomarme yo mis riberas de Ebro y ellos los suyos. A veces tengo que hacerme sitio a codazos entre sus señorías, que también ahí hacen grupitos compactos y cerrados, e impenetrables. Y cuando reparan en mi empeño por llegar hasta la barra suelen sonreír deferentemente tratando de reconocerme, y como no, les adivino suponiéndome de algún grupo minoritario, porque la sonrisa se torna entonces claramente condescendiente y muy democrática. “Pasa”, me dicen, como si votaran a favor alguna propuesta mía muy localista e instranscendente, “pasa”.

Los de la legislatura anterior ya no me saludaban, ni me miraban, porque sabían que yo sólo era un vecino del barrio, un "artista antisistema" que hacía uso del bar sólo por cercanía y como incluso alguno de ellos había ido a ver los Entremeses de una época oscura que tuvimos Teatro de Mayo en el Fígaro el año pasado, o habíamos discutido sobre mi impresión de su labor y función -que yo califico claramente de desastrosa-, pues literalmente pasaban de mí, como se pasa del orballo, según los senadores del noroeste, del txirimiri según los del norte norte, del plugim para los del noreste, este y sureste, o llovizna, para los demás; en fin, en cualquier caso trataban de pasar de mí casi todos como de algo ligeramente molesto, como una servidumbre incómoda a la que obligaba la taberna. Pero estos de ahora no me conocen todavía, y me sonríen: “pasa” (incluso esta vez me parece que algunos hacen como que me conocen). Este barrio, entre el blade runner madrileño de la plaza de Santo Domingo y la turística plaza de Oriente, es sin embargo muy barrio. Porque entre los turistas y los senadores, el resto, todos los que vivimos por aquí, nos reconocemos y saludamos al paso, como si fuéramos boyas, ancladas unas frente a otras en el mismo lugar sobre las aguas del proceloso mar, que siempre van de paso.

Nuestras tertulias ocasionales en la Taberna de Cascajares del restaurante El Senador se me han hecho imprescindibles y ahí he conocido a gente del barrio más de mi cuerda, como el cineasta Gonzalo, el músico José María, el cantaor Pepe, el actor Luis, y otros, muchos, pintores, actores, músicos, escritores, con los que formo la clientela habitual no senatorial de la taberna. Este barrio es también bohemio, en el sentido en el que la burguesía califica de bohemia la forma de vida y trabajo de los artistas, aunque en realidad consista fundamentalmente en hacer cosas que nadie nos ha pedido que hagamos, con la pretensión de venderlas, además de para comer, para poder seguir haciéndolas. Y ya nos hemos acostumbrado a ver entrar a la taberna a Rita Barberá, rodeada de vocingleros fieles, siempre de paso hacia el restaurante; o a Fabra, Chaves, Patxi López, Alfonso Afonso, en fin a los jefes de filas partidarias, que me parecen a mí como actores famosos a punto de firmar autógrafos a nada que se lo solicitemos el resto de la clientela. Aunque, en general, los senadores que se acodan en la barra suelen ser más del rank and file, de la tropa, desconocidos, de momento, pero con sus aspiraciones. Como ahora, para esta legislatura, ha cambiado tanto la representación senatorial, dejaremos de ver a alguno y veremos a otros nuevos. Yo ya me había acostumbrado a alguno de ellos.

Por ejemplo a L, senador del PP por Mallorca, al que un día ponderé la buena pinta que tenía el helado que se estaba comiendo, y él me explicó que era un riquísimo helado de turrón sobre barquilla de galleta crujiente, y de ahí vino el charlar sobre cosas sueltas. L tiene lo que los no catalanes diríamos es un marcadísimo acento catalán, pero en realidad su acento es mallorquín. Por hacer una gracia le pregunté si en Andalucía se comía este tipo de helados y él sonrió y me dijo: “ya, Octavio, cree usted reconocer mi acento claramente, pero ¿de dónde diría usted que soy yo?”. No sabía yo entonces de dónde era L, pero la pregunta parecía excluir su procedencia catalana, y había oído hablar ahí a grupitos senatoriales valencianos y me parecía que su acento era más cerrado y palatal, así que aventuré responder: “enseguida me he dado cuenta que es usted balear”... (y por precisar más, calculando rápidamente las probabilidades) “...mallorquín, por ser más preciso”. Esto le gustó a L y nos metimos enseguida a hablar un poco de todo. Me pareció que él trataba de explicar o justificar la posición de un hombre de derecha procedente de las islas baleares, a un artista madrileño procedente de La Rioja (nos habíamos intercambiado credenciales) que le parecía a él muy antisistema (mis credenciales las presenté con todo). De esto pasamos a aquello; L es muy buen conversador fajador, y fui yo el que le tildó a él de antisistema, muy amigablemente, mientras me comía el helado de turrón que me había pedido por acompañarle y porque la verdad tenía muy buena pinta (está buenísimo). “Vosotros”, le dije, “sois anti vuestro propio sistema, no cumplís vuestro programa, y no sois liberales porque protegéis a las empresas que os interesa no se hundan, los bancos, por ejemplo, perjudicando con ello el libre mercado que tanto alabáis y decís defender”...

Bueno, esta primera vez hablamos de todo un poco, muy desde nuestras posiciones, pero con afabilidad. En otras, le he visto y he hablado con él en varias ocasiones, discutimos sobre el concepto proabortista, sobre la función del arte político, y otras cuestiones. Yo protestaba porque me calificara de proabortista (suponiendo él que yo cumplía con el perfil de los progresistas de ultraizquierda tal y como los imagina), siendo, le decía yo, que nadie en su sano juicio está a favor del aborto, y lo que defiendo es el derecho de la mujer a no ser sancionada por el Estado por el hecho de tener que pasar ese duro trance de abortar, que es lógico que a nadie guste, ni esté a favor de ello per se. Y le invité a reflexionar sobre la diferencia entre la legalización y la despenalización del aborto. En fin, que nos hicimos amigos de barra de bar, hablando de política y arte. En una ocasión me invitó a cenar en la barra, y yo le regalé mi última novela (no recuerdo el orden de las invitaciones). Pero hace tiempo que no veo a L. No sé si continuará como senador, o será de los que han cambiado. En cierto modo sentiría no volver a charlar con él. He aprendido más de su propio y personal desideratum que del de su partido, pues como suele suceder con los partidarios, son todos heterodoxos de su propia fe, aunque no puedan serlo de su disciplina partidaria.

Y escribiendo este pequeño informe, se me ha ocurrido que podría ser el primero de una serie en la que os iría informando, desde el escaño de la barra de la Taberna de Cascajares, de lo que percibo, oigo y colijo va sucediendo en la plaza de la Marina Española, tanto en el Senado, como en la taberna. De lo que se hable dentro, en el hemiciclo, o en el restaurante, podré informar poco o sólo por boca de ganso, porque en el primero me está prohibido entrar, y en el segundo me es prohibitivo, los precios exceden mi modesta economía de artista. Y, si os parece bien (eso entenderé por el número de “me gusta” que acompañen a este primer informe) habría otros informes, e incluso podría hacer alguna entrevista. Siempre acompañada de una ilustración (o acompañando a la ilustración el informe) in situ. Quedo a la espera de vuestra respuesta. La verdad es que si no os apetece lo escribiré y dibujaré igual, no os preocupéis, pero para otro formato. También las publicaré en el blog de ZONAIZQUIERDA, en el que trabajo. Como ya decía, los artistas nos caracterizamos por hacer cosas que nadie nos ha pedido que hagamos y, además, con la pretensión de venderlas, fundamentalmente para comer y para poder seguir haciéndolas.

La ilustración la he hecho esta mañana, desde el fin de la calle Torija, junto al viejo edificio de la Inquisición. A mi izquierda la manzana en la que vivo y está la taberna/restaurante; a mi derecha el edificio del Senado; al fondo la primera casa de la calle de La Encarnación, y más al fondo la Casa de Campo. Los senadores vuelan del Senado a la taberna y de la taberna al Senado....

13 de enero de 2016

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* Texto publicado en su muro de facebook: http://www.facebook.com/octavio.colisaguirre

 

*  INFORME SOBRE EL SENADO (2)

 

  

 

 

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