INFORME SOBRE EL SENADO (22)*

 

Texto e ilustracion de O COLIS**

 


Felipe González y Alfonso Guerra, iluminados a su espalda por las lujosas lámparas del Hotel Palace, salieron por un balcón a las sombras de la noche para saludar a un alborozado grupo de simpatizantes, tras su triunfo en la Elecciones Generales de 1982 (48,11% de los sufragios y 202 diputados). Levantaron el puño e inmediatamente se les cayó hacia atrás, como si les pesara y, hay quien dice que enseñaron una rosa roja como los trileros enseñan el garbanzo. No lo sé, yo no estaba allí. Enseguida volvieron a la fiesta que el PSOE había montado para tan importante y deseado momento. Allí les aguardaban ávidos los representantes de los representantes, en algunos casos multilingües secretarias Mata-Hari de los representantes de los representantes; de todos aquellos con los que el PSOE se había comprometido a hablar de “lo de ellos” cuanto antes. Si hubieran ganado otros, cualquiera, hubieran estado los mismos subalternos, o quizá otros más adecuados al ganador pero, en fin, estarían representados los mismos para tratar de lo mismo. Entre todos ellos, destacaban el comisionado del Grupo Bilderberg (fundado en Oosterbeckl, Holanda, en el Hotel Bilderberg, en 1954); del Grupo de los Siete (1977); de la Comisión Trilateral (1973); del Fondo Monetario Internacional (1945); del Club de Roma (1968); y un barullo de banqueros nacionales, industriales, militares, negociantes, curas, abogados y registradores de la propiedad; y otros haciendo bulto útil, se imaginan, y también un nutrido grupo autóctono representando al folclore y escopeta nacional, todos ellos tomando cava y canapés de chorizo ibérico, botifarra dolça del Baix Empordà, pescaíto frito, ostras galegas o angulas de Aguinaga, de las pocas que quedaban ya entonces.
El delegado del delegado del delgado de Joseph Luns, secretario general de la OTAN, fue el más rápido y consiguió que le permitieran ser el primero en felicitar a los ganadores, pero enseguida se apelotonaron a su alrededor el representante de Viacom (1971), un conglomerado mediático internacional que entonces aglutinaba a todos los grandes medios de comunicación, esencialmente para que no comunicasen nada que no interesase a las grandes corporaciones internacionales, que para eso les pagan; el representante de la OCDE (1961); el del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) (1947); el del Forum Económico Mundial de Davos (1971); además de todos los otros que debían estar allí para comprometer al nuevo gobierno español a favor de sus intereses. También estaba el jefe del cártel de Medellín, Pablo Escobar, delegado por el Congreso de la República de Colombia para el acontecimiento. Escobar trataba de ganar respetabilidad en actos como éste. Era un especímen de senador de su país desde ese mismo año y había conseguido aparecer en alguna prensa como otra especie de Robin Hood que devolvía a los pobres de su país lo que ganaba vendiéndole perico a los yankees. Fundamentalmente vino a España para tratar de establecer un puente entre Colombia y España, para convertirla en polvero de Europa. Es cierto que también habría acudido al evento si el ganador hubiese sido cualquier otro.
Felipe González Márquez, nacido en Sevilla en 1942, era secretario general del PSOE, cargo al que había accedido algunos meses antes de la muerte de Franco, en 1974. Durante su juventud militó en las Juventudes Universitarias de Acción Católica, y en las JOC, de inspiración democristiana. En 1962 se afilió a las Juventudes Socialistas para incorporarse al PSOE dos años después. En 1965 finalizó sus estudios de derecho en Sevilla, para comenzar a ejercer en 1966 como abogado laboralista. En 1970 figuraba ya en la Comisión Ejecutiva del PSOE, utilizando el alias de Isidoro. No sé si por hacer currículo revolucionario, en 1971 fue detenido en una manifestación, y una detención era en aquel ambiente como una medalla de soldado de primera de acreditado valor, y él necesitaba medallas porque ya en aquellos días se había iniciado un movimiento de renovación para desplazar de la dirección del partido a Rodolfo LLopis, quien se resistió a aceptar su destitución, acordada previamente en el Congreso de UGT de 1971 y en el del PSOE de 1972. La negativa de Llopis a ser destituido provocó la escisión del partido en dos: el PSOE Histórico y el PSOE Renovado, éste con una dirección colegiada en el interior, uno de cuyos miembros era Isidoro.


Desde el Congreso de Toulouse de 1970, el grupo de los sevillanos (González, Guerra y Chaves) consideraba que sería imprescindible adaptarse a los nuevos tiempos que vendrían tras la muerte del dictador. Aunque ambas escisiones coincidían en el modelo occidental-europeo que reconocía a los partidos políticos, libertad sindical, derecho de huelga y reconocimiento de las llamadas “nacionalidades históricas”, los representantes del socialismo “interior”, encabezados por el grupo de los sevillanos, creían que había que abandonar el marxismo y encaminarse decididamente hacia la social-democracia, dejando fuera o sin espacio de acción al Partido Comunista -mucho más activo y popular entonces entre la clase trabajadora y la juventud estudiante española- encabezado por Santiago Carrillo, quien ya lideraba la Junta Democrática, un batiburrillo aún sin decantar en el que junto al PCE estaban el PTE; el Partido Carlista; CC.OO; el PSP (de Tierno Galván); la Alianza Socialista de Andalucía y Justicia Democrática. Así como personalidades de muy diversa consideración: Rafael Calvo Serer, José Luis de Vilallonga, Antonio García Trevijano, o José Vidal-Beneyto.


Un mes antes del XIII Congreso de Suresnes de 1974 (decimotercero en el exilio), el grupo de los sevillanos ya tenía claro por dónde querían discurriera la transición democrática española cuando llegara y les tocara liderarla y desarrollarla, por lo que publicaron la Declaración de Septiembre en la que se exponían a grandes rasgos las diferencias fundamentales con el socialismo tradicional. Socialismo sin marxismo, fundamentalmente. Willy Brandt, François Mitterrand y Bruno Pitterman (presidente de la Internacional Socialista) respaldaron aquél Congreso. Apoyó la candidatura de Felipe González todo el sector interior, excepto la federación madrileña (una entre diecinueve federaciones) y tampoco lo hicieron los históricos Ramón Ruibal (Pablo) y Eduardo López Albizu (Lalo). Junto al nuevo Secretario General fueron nombrados para aquella nueva Comisión Ejecutiva: Alfonso Guerra (Andrés), Nicolás Redondo (Juan), José María Benegas (Chiqui, más tarde Txiki) y dos de la FSM que habían votado contra Felipe: Francisco Bustelo (sin alias conocido porque vivió en el exilio de 1958 a 1965, y a su vuelta a España fue deportado a Teruel) y Pablo Castellano (Hervás). Enseguida, esta nueva forma de entender el liderazgo democrático cupular empezó a transigir con las pretensiones de los franquistas monárquicos, que no querían que se revisase su papel represor y criminal durante la dictadura. La CIA, las grandes corporaciones, y los bancos, tentaron a Felipe González, le dejarían cambiar algo, para que no cambiase nada, mientras la derecha de toda la vida, muy desprestigiada entonces (incomprensiblemente mucho más que ahora mismo, siendo ahora mucho más claras sus pretensiones y actividad), tomaba aire y trataba de convencernos de que se había vuelto democrática y votable.


El sistema anterior debía sobrevivir, iba en ello la continuidad de los corruptos y los corruptores, de los criminales y sus cómplices, de los militares y policías torturadores sin juzgar, de la privilegiada Iglesia Católica, del capital y sus negocios siempre fraudulentos; había que equilibrar el entusiasmo de los españoles engañados por la nueva situación “en libertad”, con los intereses de las grandes corporaciones. La lucha social quedó casi exclusivamente para los comunistas y los anarquistas.


En 1977 se habían firmado el “Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía” y el “Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política”, lo que se conoce como Pactos de La Moncloa. Y en pos, dijeron, de frenar la desbocada inflación (26,390%) y de fijar la democracia definitivamente, firmaron aquellos disparates democráticos los principales partidos políticos, asociaciones empresariales, CC.OO (excepto algunas secciones sectoriales) y UGT (que al principio se negó a firmar pero que acabó haciéndolo), siendo la CNT y algunas pequeñas asociaciones de izquierda las únicas que no firmaron. Carrillo hizo propaganda sobre la necesidad de apoyar los pactos “por el peligro que se cierne sobre la democracia”. Su declive se precipitaría irremediablemente cuando preconizó el abandono del leninismo y el PCE se fue disgregando en otras opciones, todas en busca de la puridad y esencia comunistas. El PCE, junto al PSUC, obtuvo en 1977 1.709.890 votos (9,33% del electorado), 19 escaños (8 de ellos del PSUC); y el PSOE 5.371.866 (29,32%), obteniendo 118 diputados, 99 más que el PCE, gracias a esa ley electoral tan estrambótica que privilegia a los grandes y pequeños partidos y sanciona a los medianos de ámbito nacional-estatal. En las elecciones de 1982 que ganó el PSOE con 10.127.392 votos (48,11% y 202 diputados), el PCE de Carrillo obtuvo 846.515 votos (4,02% y 4 diputados).
Felipe González acababa así de proclamarse por fin como único representante de “la izquierda viable”, la no marxista, algo que necesitaba para comenzar el destrozo democrático que empezó a perpetrar sin pausa, pero con grandes éxitos aparentes en cuestiones sociales e infraestructurales. Aunque todos aquellos éxitos se debieron más al entusiasmo de las mujeres y hombres españoles por salir de una vez al aire libre -de los trabajadores, los agricultores, los autónomos honestos y de la ciudadanía en general- que de la socialdemocracia felipista, empeñada más bien en abrir las puertas a los negocios de las grandes corporaciones multinacionales que acabarían devorándonos (el país de las grandes oportunidades, que voceaba Solchaga mientras vendía el pescado) y por empezar a acogotarnos en la deuda impagable que padecemos hoy, en esta España que siguió siendo un protectorado estadounidense y, además, desde el empeño de personal de Felipe porque así fuera, también protectorado europeo.


Felipe González, a través del PSOE, comenzó a “hegemonizar” (empoderarse, se dice ahora) sistemáticamente todos aquellos lugares en los se concentraba gente asociada, para liderar sus pretensiones, o sea, modelarlas según el ideario socialdemócrata. El desideratum esencial de todas aquellas gentes se vio menoscabado, trucado, recortado, expoliado, “socializado en B” en orden a esa España viable que él quería. No tocó a la Iglesia, es más, permitió que se mantuvieran los acuerdos con la “Santa Sede” que había dirigido Cáritas (a través de una delegación que provenía de la brigada político social franquista) para renovar su privilegiada situación o incluso para incrementarla (así hizo también luego Zapatero y seguiría haciendo Pedro Sánchez, si pudiera). Aquellas Conventiones Inter Apostolicam Sedem et Nationem Hispanam consistían en acuerdos sobre asuntos jurídicos; sobre enseñanza y asuntos culturales; sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el servicio militar de clérigos y religiosos; y sobre asuntos económicos, y esos acuerdos entraban en colisión de intereses con la propia Constitución, y entraron en colisión, dejando un cráter en nuestra piel de toro humillado y despellejado.


Nos decían “los socialistas” que para ensanchar el campo de la libertad había que reforzar la autoridad, pero como estos dos objetivos son incompatibles per se, supusimos que para ellos el segundo era realmente el prioritario. Por eso entramos en la OTAN. Para ello, como para todo, siempre contó FGM con el apoyo mediático del periódico El País, del grupo PRISA, cuyo director, primero, y Consejero Delegado, después, el filibustero Juan Luis Cebrián, ha sido durante más de treinta años, casualmente desde 1982, el único delegado de grupo editorial español invitado a las reuniones del Club Bilderberg, fundado en 1954 por el Príncipe Bernardo de Holanda y Joseph Rettinger (un sacerdote jesuita y masón de grado 33) siguiendo el Modelo Veneciano, entre cuya gente se encontraban Lord Rothschild y Laurance Rockefeller, miembros clave de dos de las más poderosas familias del mundo, que escogieron personalmente a 100 participantes procedentes de la élite mundial con el mismo propósito que tenía Hitler, pero sin guerras, cambiar el rumbo de Europa, e incluirla en los planes de reorganización mundial. Todos los años se renueva esa élite y en ella aparecen delegados de las más importantes empresas del mundo, de todas ellas.
Algunos tratamos de oponernos públicamente a la política atlantista por la que derrotaba el PSOE, pero Felipe González Márquez no consentía bromas con la OTAN; en 1986 Javier Krahe fue invitado a un concierto de Joaquín Sabina que estaba siendo televisado en directo por TVE, y juntos cantaron la canción “Cuervo Ingenuo”, una sátira contra Felipe González y la entrada de España en la OTAN, y parece que le molestó tanto al presidente que a partir de entonces Javier Krahe fue censurado y nunca más volvió a actuar en la televisión estatal mientras el PSOE estuvo en el poder (y con muchas dificultades después).


En los trece años y medio que se mantuvo en la presidencia del gobierno FGM fue acumulando desilusiones y defecciones hasta que en 1993 perdió la mayoría absoluta y tuvo que pactar con Convergència i Unió para lograr formar gobierno. También se le acumulaba la ropa sucia de la corrupción y los abusos de poder, además de los ya referidos: el pasteleo de empresas provenientes de la expropiación de Rumasa; el caso Filesa (por su no constante y cómplice a la Ley de Financiación de los partidos políticos); el caso Roldán; el caso de los Fondos Reservados; el caso de los narcotraficantes colombianos devueltos a Colombia por la Audiencia Nacional (la huella de Pablo Escobar) y otros casos similares: el aumento espectacular de los timos y megaproyectos a través de redes ferroviarias, puertos, aeropuertos, recintos deportivos; carreteras; financiaciones encubiertas contra los campesinos (la no desamortización de tierras cultivables abandonadas por sus ricos propietarios); su plan de “empleo juvenil” y los contratos basura; las Olimpiadas; la EXPO´92; y finalmente el terrible caso de terrorismo de Estado, los GAL, formado por una patulea de asesinos armados por el “socialismo democrático” (si hubiera sido verdadero socialismo lo de democrático habría sido una redundancia, porque no se puede ser socialista y no ser demócrata), como siempre hizo en España "el partido de la porra".


Quizá aquella noche de 1982 en el Hotel Palace de Madrid, FMG supo que sucediera lo que sucediera, él ya había llegado al top of the pops. En 2007 fue nombrado Embajador extraordinario y presidente de los sabios de la UE, y desde 2010 forma parte del Consejo de Administración de Gas Natural Fenosa, para irse entreteniendo. No hace mucho, siendo ya barón de barones, pronunció esta frase para dejar claro lo que es y piensa, lo que fue y pensó siempre: "En el Chile de Pinochet se respetaban más los derechos humanos que en la Venezuela de Chávez y Maduro". Y no sé por qué nos escandalizamos, está en donde estuvo siempre.

Ilustración: A la memoria de Javier Krahe, te echamos de menos.

Verano, 25/06/2016

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