INFORME SOBRE EL SENADO (3) *

 

Texto e ilustración de O COLIS**

 

Toda la semana han estado sus señorías volando de una parte a otra de la plaza de la Marina Española. De la taberna a sus dependencias propiamente dichas en la sede del Senado. He visto sus figuras pétreas asomando entre las ramas desnudas de los árboles, flotando como solemnes estatuas ingrávidas, ajenas al mundanal ajetreo, ocupadas y preocupadas únicamente de lo suyo (que en este momento no es lo nuestro de todos; no todavía, dicen), o sea, del reparto del poder partidario que puedan acaparar en la Cámara Alta. Es natural. Mientras tanto se suceden vertiginosamente los acontecimientos a su alrededor y al nuestro, sin que ellos puedan dedicarles ni un tanto así de atención. Quizá, supongo, que de todo ello se irán ocupando los subalternos en funciones. Aunque no puedo imaginar a la derecha financiera que no nos representa, detenida simplemente por cuestión de los procedimientos democráticos de los turnos de mando. Pero para el resto de las filas de derecha y para la izquierda en general parece que sólo es tiempo de excavación de trincheras y encajamiento de piezas de artillería tras los parapetos, mientras, el pueblo llano, los representados, vamos al trabajo, a la compra, de paseo, y pasamos a su lado, pero no se enteran. La vida sigue urgentemente, pero ellos están tomando aire en la taberna para sumergirse enseguida en el Senado y bucear. Flotan en el aire del local como si estuvieran en el océano, a veinte pies bajo la superficie. Y no nos ven.


Oigo a un senador que habla de “don Iñaqui Urdangarín”, y del juicio que tiende a demorarse hacia la eternidad, y recuerdo a Emilia Soria, que se encontró una tarjeta de crédito con la que obtuvo fraudulentamente 200 euros (con los que compró pañales y comida) y en quince días fue condenada a dos años y medio de cárcel. Y debe de ser porque una cosa trae a la otra, por lo que otro de los contertulios (acodado en la barra mientras devora pequeños croasanes mojándolos en café con leche) introduce en la conversación a doña Cristina mientras mira el bollo fijamente, “y lo que debe de estar pasando la pobre”, dice. Y pienso en ella, mojando yo un pequeño croasán en mi café. Su, todavía alteza, es licenciada en Ciencias Políticas por la UCM; estudió Relaciones Internacionales en la Universidad de New York; practicó en la sede de la UNESCO en París y trabajó en la de Barcelona; fue coordinadora de programas de cooperación internacional en la Fundación de la Caixa, de la que llegó a ser directora del Área Social; colaboró con la AECI, con Naciones Unidas... Y siendo copropietaria de la sociedad Aizoon, S.L. y miembro del patronato del Instituto Nóos, además de todo lo anterior, el 8 de febrero de 2014, durante el juicio en el que estaba como imputada por blanqueo y delito fiscal, tuvo con el juez la siguiente conversación.
Juez: “¿Tiene usted conocimientos jurídicos?”, Cristina: “No”.
Juez: “¿Tiene usted conocimientos tributarios?”, Cristina: “No”.
Juez: “¿Sabe usted lo que es el programa PADRE?”, Cristina: “Me suena, pero no”.
Juez: “¿Tiene usted conocimientos económicos?”, Cristina: “No, muy básicos, pero no” (diario El Mundo, vídeo grabado con cámara oculta).

 

Durante su comparecencia la infanta respondió 579 veces “no me acuerdo”, “no lo sé”, o “no me consta”. Y, claro, el fiscal de su causa (¿?) admite que es evidente que no se enteraba de los chanchullos de su cónyuge porque la trama era liosa para ella. Por cierto que gracias al programa PADRE (Programa de Ayuda Declaración Renta), el contribuyente puede realizar la declaración del IRPF directamente desde su casa. Sólo es eso, alteza.


Y me acuerdo también de Fausille Hannan (nombre imaginario porque no quiero añadir bochorno, pero su caso y el de otras muchas, muchas otras personas, es real), a la que conocí en La Morada. Tenía entonces ella 60 años, es marroquí, no sabe leer ni escribir y habla castellano con mucha dificultad. Trabajaba de limpiadora de oficinas a tiempo parcial cuando un notario certificó que se enteraba de las condiciones en las que el banco le prestaba 60.000 euros para una hipoteca. Los abogados de la parte desahuciante dicen que sí se enteró de que se comprometía a lo que se comprometía. Notarios, registradores de la propiedad, abogados, bancarios y banqueros, tasadores... sinvergüenzas, timadores, estafadores, cómplices de banqueros de negra tarjeta oculta, prevaricadores. ¿Qué se debiera hacer con ellos, señorías? Casi parece que una señoría me ha pillado el pensamiento, me mira retador. “¿Va a seguir leyendo el periódico?”, me pregunta sonriendo. “Ah, no, no... puede cogerlo”. Uf, vaya.


Me gustaría sorprender al que devora croasanes mientras lee el periódico; hablarle del bollo con forma de cuarto creciente lunar, de su origen turco otomano, por entrarle de alguna manera; en realidad echo de menos conversar y provocar a L. Porque creo que lo han sustituido y ya no lo veré más, probablemente. Preguntaría a L su opinión sobre el TTIP, por ejemplo. Porque los senadores sí pueden hablar en la taberna de cosas así, en general. ¿De verdad que no se dan cuenta, L, de que ese tratado de comercio que intentan implementar entre los EEUU, Canadá y la UE desplazará las competencias constitucionales de los Estados?, vamos, que se quedarán simplemente como normas regionales de rango inferior a las disposiciones del TTIP. Estamos asistiendo a un cambio gigantesco, L, las grandes corporaciones multinacionales, con presupuestos mayores que la mayor parte de los estados europeos medianos, han pasado ya a ser las que rigen (regiamente, absolutamente) la política internacional y, por supuesto, sólo lo hacen a favor de sus intereses. Habría que hacer visible esto para la gente, L, es urgente. Mientras ustedes se atrincheran en sus escaños y en sus diminutas competencias, el mundo cambia. Cada vez será más difícil la remunicipalización de lo público, hasta que sea imposible. Cada día somos más, y más pequeños, como esos puntitos semovientes que señalaba Harry Lime a su amigo Holly Martins, el escritor de novelas baratas, desde la cabina de la noria en el parque de atracciones del Prater de Viena. “¿Sentirías compasión si alguno de esos puntitos dejara de moverse? ¿Y si te ofrecieran 20.000 dólares por cada uno de esos puntitos que parases? ¿No pensarías en cuántos puntitos serías capaz de parar? Y libres de impuestos, amigo, libres de impuestos”. Pero el Senado y los senadores, ese estamento de próceres, atienden a otras competencias porque las ven más interesantes, y a otros temas de conversación en la taberna. “Pero bueno, Octavio”, creo que me contestaría L, “¿de verdad te preocupa el TTIP?”


La composición del nuevo Senado se parece bastante a la de la Ley para la reforma política de 1978: 208 Senadores son elegidos directamente por la población, normalmente en circunscripciones provinciales. Pero después han aparecido novedades importantes. Por un lado, el Senado es definido por el artículo 69.1 como Cámara de representación territorial y se crea un segundo grupo de senadores, elegidos por los Parlamentos autonómicos, a razón de un senador fijo y otro más por cada millón de habitantes de la población de la respectiva Comunidad Autónoma. Por otro lado, desaparecen los Senadores de designación real. Y, aparte de la potestad legislativa, la aprobación de presupuestos y el control de la acción del Gobierno, que comparte con el Congreso de los Diputados, el Senado tiene las funciones de Autorización de tratados internacionales (el TTIP, por ejemplo)... además de la del control e impulso político; la integración territorial y la elección de otros órganos. El Senado puede oponer su veto o introducir enmiendas a los textos legislativos que le sean remitidos por el Congreso de los Diputados. El veto debe ser aprobado por mayoría absoluta del Senado y las enmiendas por mayoría simple. En uno y otro caso, estas iniciativas son remitidas al Congreso. El Congreso de los Diputados puede levantar el veto ratificando por mayoría absoluta el texto que remitió al Senado, o por mayoría simple una vez transcurridos dos meses desde la interposición del mismo (el PP, en estos momentos, tiene mayoría absoluta en el Senado). El Congreso, también puede pronunciarse sobre las enmiendas del Senado aceptándolas o no por mayoría simple (artículos 90 de la Constitución y 106 y 122 del Reglamento del Senado).


Así que normas y propedéutica tienen. Pero esta semana están como idos, van sólo a lo suyo del poder real, mientras se forma de una vez el nuevo gobierno, que no parece vaya a ser fácil. Mientras tanto el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP), Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, en su apuesta por ir más allá de lo que ya ha ido la Organización Mundial del Comercio, más allá de lo comercial, se presenta en las mesas de negociación con los representantes de las grandes corporaciones, asistidos por representantes políticos de los países que van a firmar el tratado, pero acompañados por asistentes políticos, por subalternos. La soberanía de los pueblos de Europa está en serio peligro, pero sus señorías están en otra parte. Y yo, ya ni siquiera puedo discutir con L.

Nota sobre la ilustración: La plaza de la Marina Española, está compuesta por siete números, el Senado no tiene número, y los edificios numerados están en el lado izquierdo de la calle, según se viene por Torija, y son correlativos; el Senado queda entonces a la derecha siguiendo ese sentido. Yo vivo en el número 1, entre el Restaurante El Buey y la taberna del Restaurante El Senador (el edificio tiene una enorme y preciosa puerta azul y dos balconcitos). Mi manzana tiene dos números de la plaza, el 1 y el 2. A la vuelta de El Buey está la calle Guillermo Rolland, en ella vivió Ramón Gómez de la Serna. Frente al esquinazo de El Buey está el del Instituto de Bachillerato Santa Tersa de Jesús (frente al edificio de la Inquisición de la calle Torija, desde esa esquina he dibujado esta vista de mi manzana), y también la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales; y al final de esa pequeña calle está el restaurante La Bola, y rondando la manzana por la calle La Bola se llega a la de La Encarnación (precioso parquecito de La Encarnación, con Félix Lope de Vega erigido en estatua –aunque Antonio Cánovas del Castillo y él no llegan a verse- y lateral derecho de la iglesia), y por ella se vuelve a la plaza. El edificio que hace esquina a la plaza en ese otro extremo de mi manzana tiene entrada por esta calle, preciosa calle, precioso mi barrio. También me gustan mucho mis vecinos. Pepe (cantaor), José María (músico), Sol (funcionaria), Ángel (director de cine), Úrsula (actriz), Luis (el actor), Gonzalo (director de cine y novelista), Fernando (jubilado), Carmen (funcionaria), Jesús (empresario jubilado), Serafín (electricista), Luis (el fotógrafo), Gino (comercial), Caterine (funcionaria), Luis (el compositor), a todos los veo regularmente en la taberna, entre senadores...

 

24 de enero de 2016

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*  INFORME SOBRE EL SENADO (1)

*  INFORME SOBRE EL SENADO (2)

 

**Texto publicado en su muro de facebook: http://www.facebook.com/octavio.colisaguirre.3

 

  

 

 

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