Huelguistas colombianos valientes ante la brutalidad policial
Por: Adriano Merola Marotta
 

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Los productores de papa protestando contra las políticas neoliberales del gobierno. Momentcaptured1 bajo una Licencia Creative Commons

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La semana pasada un amigo colombiano me envió un vídeo en Youtube. Las imágenes escalofriantes mostraron una respuesta policial brutal de la huelga general en curso en Colombia. Lamentablemente esto ofrece una ventana a la realidad de la política aquí, donde las protestas pacíficas se reunieron con la violencia sancionada por el Estado. La policía está haciendo todo lo posible para romper la moral de los trabajadores en huelga.

El video de Youtube muestra la policía antidisturbios colombiana en motocicletas siguiendo a trabajadores agrícolas en huelga de vuelta a sus comunidades, gasificando sus casas y rompiendo ventanas. Los manifestantes que han protagonizado manifestaciones pacíficas y bloqueos de carreteras se han visto atacados con fuerza brutal, mientras que las principales carreteras del país han sido fuertemente militarizadas con el fin de evitar la interrupción. El gobierno autorizó el uso de la fuerza extrema para minimizar el impacto de la huelga, pero esto, de hecho, no hizo más que envalentonar a los huelguistas.

La protesta comenzó el 19 de agosto como un paro nacional de trabajadores agrícolas que exigió reducir los costos de los insumos y un mejor acceso a los mercados. Se ha ampliado desde entonces y transformado en una huelga general contra las políticas del presidente Juan Manuel Santos, con los trabajadores de la salud pública, la educación, el transporte y las minas, que se unen a la huelga indefinida, y los estudiantes que ocupan las universidades y escuelas. Las demandas, que son amplias y reflejan los diversos segmentos de la sociedad involucrados, exigen la convocatoria de una fuerza policial más responsable y la revisión de las leyes sindicales restrictivas.

La protesta es una reacción orgánica a las políticas neoliberales -el producto de no menos de 11 acuerdos de libre comercio entre Colombia, los EE.UU. y la UE- que han devastado comunidades locales. Estas políticas han provocado el aumento continuo en la gasolina y los alimentos, y han destruido los mercados agrícolas locales.

Los huelguistas gozan de un amplio apoyo público, en el tercer país más desigual de América Latina, donde entre el 45 y el 64 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. La ola de protestas reflejan una profunda insatisfacción con el gobierno de Santos: 72 por ciento de la población colombiana no es favorable al presidente, frente al 44 por ciento en junio, según las últimas encuestas de Gallup.

Con la población en abierta rebelión (pacífica) contra el gobierno, el Estado ha respondido con un esfuerzo calculado y selectivo de negociaciones de la represión. La policía justifica sus acciones diciendo que elementos terroristas se han infiltrado en las protestas, mientras que los trabajadores defienden su derecho a la huelga. Algunos están pagando el precio con su vida. Nueve trabajadores han muerto y otros 303 manifestantes están gravemente heridos. Al menos 11 personas han sido hospitalizadas con graves heridas de bala, un testimonio de la fuerza excesiva utilizada por la policía para sofocar las protestas.

La policía ha detenido a unas 250 personas, muchas bajo sospecha de "incitar a la rebelión y el terrorismo", entre ellos el destacado sindicalista Huber Ballesteros. Ballesteros 'partido político - la Marcha Patriótica (Marcha Patriótica) - condenó la detención como un intento de "desmoralizar y desmovilizar el movimiento agrario popular". A pesar de la fuerza del Estado, los trabajadores en huelga han obtenido victorias importantes. Los trabajadores del transporte, incluidos los conductores de camiones, han llegado a un acuerdo tentativo con el gobierno, incluyendo una congelación de precios en los precios del petróleo.

Los agricultores han ganado una lucha histórica contra las políticas que han permitido a las corporaciones multinacionales monopolizar la agricultura a gran escala. Los pequeños agricultores y trabajadores agrícolas en la zona de Tunja han logrado revertir una resolución de 2010 que prohibía el uso de semillas no certificadas en la agricultura. Ellos, al mismo tiempo, lograron aumentar el gasto público en la agricultura para el consumo interno. El neoliberalismo colombiano en su forma actual parece incapaz de resistir la abrumadora marea de descontento público que ha alimentado la huelga general.

A pesar de estas importantes concesiones, el gobierno parece seguir una estrategia en dos frentes: el mantenimiento de las políticas represivas y la apertura de negociaciones selectivas, en un intento de romper la voluntad de los otros sectores. No es casualidad que las NEGOCIACIONES que comenzaron el 27 de agosto, se produjeran después de que la policía no pudo romper la huelga. Restrictivos toques de queda en todo el país se han convertido en la norma, incluso en la capital, Bogotá, la cual, al decir de muchos, es actualmente una de las más altamente militarizadas zonas de Colombia. En un país aún impulsado por una guerra civil de 50 años, esta huelga general ha dibujado unas líneas de batalla distintas entre la oligarquía rica y los agricultores de subsistencia aliados con los pobres y los progresistas urbanos.

Con las protestas de la comunidad y los bloqueos de carreteras, estos movimientos sociales están exigiendo nada menos que una revisión del neoliberalismo colombiano -las calles y carreteras se han convertido en campos de batalla para el futuro de Colombia.

¡Arriba Los Que Luchan!


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Fuente: http://newint.org/blog/2013/09/09/colombia-strikers-brave-police-brutality/
 


 

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