BUENAS NOTICIAS / MALAS NOTICIAS:

UN MANIFIESTO.
 

Por Jerôme Roos, Roar Magazine

Ilustraciones de O COLIS
Traducción de Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

 

 

La mala noticia es que el 1% y los medios de comunicación nos han atrapado en su red de control ideológico. La buena noticia es que todavía hay salida.

Vivimos tiempos extraordinarios. El viejo mundo se está desmoronando a nuestro alrededor, mientras que la lucha por el nuevo pugna por nacer. La crisis y las catástrofes están sacudiendo nuestro planeta como nunca lo habían hecho antes. Las rebeliones y las revoluciones están zarandeando el sistema hasta sus raíces. Y sin embargo, mientas que las olas de la marea de la historia siguen sacudiendo las costas de nuestro imaginario colectivo, los guardianes de la torre del homenaje del 1% nos dicen suavemente que no nos preocupemos: “aquí no hay nada que ver, no se detengan, circulen, circulen, digan su camino”

Las malas noticias

 

Con la carrera global de ratas apresurando el paso hacia el punto álgido de hiperactividad autodestructiva, la humanidad se enfrenta a un reto indescriptible. Empecemos con las malas noticias. La dignidad y la democracia están siendo pisoteadas por todas partas. Y mientras el pueblo se levanta desafiante, ya sea mediante insurrecciones populares de masas o en actos concretos de resistencia cotidiana, aquellos que ostentan el poder siguen diciéndonos que miremos hacia otro lado: nuestras hipotecas, nuestras tarjetas de crédito, nuestros préstamos, nuestros puestos de trabajo cada vez peores y más precarios y nuestros sueldos de mierda, nuestro puesto de trabajo que perdimos y no encontramos otro, y sobre todo que les miremos a “ellos”: las grandes empresas y los miembros más poderosos de la casta político-financiera de la puerta giratoria, grandes iconos del fundamentalismo de mercado y fieles servidores de su principal y única deidad: Mammón, el Dios del dinero.

Y así, aún cuando los acontecimientos históricos mundiales sacuden los mismos cimientos de la Tierra, la verdadera noticia sigue siendo ahogada por el ensordecedor silencio de los acontecimientos de la agenda corporativa de los medios de comunicación. El ánimo de lucro no tiene rival como último árbitro del valor, de todo los valores humanos. Dondequiera que miremos, la gente y la naturaleza son relegadas a categorías instrumentales en el mejor de los casos y la total irrelevancia económica y periodística en el peor: censura corporativa en los medios y recortes en los presupuestos gubernamentales, atascados en hojas de cálculo Excel, subastados al mejor postor, y empaquetados para ser entregados en un yate privado o gran mansión, mañana por la tarde. Y todos los trucos que utilizan para mantener este sistema en sí mismo autodestructivo, no hacen más que inflar las burbujas haciéndolas cada vez más grandes, hasta el punto en que se produzca cualquier suspiro repentino o grito silencioso y todo haga “pop”.

Pero hasta que llegue ese día, parece que estemos atrapados en el interior de su web, meneo y lucha libre, pero nunca avanzamos realmente. La diseminación sin sentido del mensaje dominante por parte de los medios de comunicación gubernamental-corporativos, la propagación sensacionalista del espectáculo y su constante celebración de la cultura del consumismo hacen que la mayoría de nosotros seamos insensibles, apáticos o ambas cosas a la vez. Más de dos décadas después de que Herman y Chomsky escribieran el libro seminal “La fabricación del consentimiento”, el inmenso poder ideológico de los medios de comunicación sigue siendo uno de los ejes fundamentales en torno al cual gira la reproducción cotidiana de la catástrofe global. “No escuches al mal, no veas el mal”, se erige como el dogma de nuestra era, en que las hazañas públicas de multimillonarios y celebridades jóvenes a lo Miley Cyrus o Justin Bieber cuentan aparentemente más que las interminables luchas de los millones de personas que perdieron sus vidas en las revoluciones históricas, así como la búsqueda del pan de cada día, la libertad y la justicia social.

Romper el dominio que todavía tiene la élite gobernante sobre nuestras mentes individuales y nuestro imaginario colectivo, nos exige en primer lugar salir de la red de las mentiras y del adoctrinamiento ideológico en el que nos han tenido envueltos. Como dijeron los españoles “indignados”: “apaga el televisor y enciende tu mente”. Solo mediante la neutralización del ruido hueco que sigue contaminando nuestros pensamientos y nublando nuestra visión del mundo, y solo mediante la sustitución de ese flujo incesante que embota la mente con tonterías y recurriendo a nuestros canales alternativas de contra-información podremos empezar a puentear las vías neuronales por las que nos inoculan la propaganda que la élite ha grabado sistemáticamente en nuestros cerebros desde que tuvimos uso de razón. Ha llegado el momento en que nos toca a nosotros reflexionar e informar sobre los cambios revolucionarios que tienen lugar en nuestro mundo; ¡el 1%, evidentemente, no lo hará por nosotros¡

La buena noticia

La buena noticia es que ahora ya tenemos la herramienta para hacerlo. Vivimos en un tiempo en que, además de una grave crisis política y económica, se está desarrollando también un rápido cambio social y tecnológico. Uno no tiene que suscribirse al antiguo determinismo tecnológico para ver cómo las herramientas que se esgrimen alteran las formas en que interactuamos con el mundo. Puede ser un cliché a estas alturas, pero resulta crucial recordar que en la época de la imprenta, la edición estaba centralizada. Pocas personas podían permitirse invertir el capital inicial necesario para comprar su propia prensa y comenzar a imprimir. Solo los capitalistas, los partidos políticos y tal vez los sindicatos más grandes podían hacerlo. Además, la publicación se mantuvo limitada a la “samizdat” y el folleto, los folletos anarquistas locales, leído por unos pocos activistas aplicados en el mejor de los casos. Lo mismo ocurre con la era de la televisión y en un grado menor con el de la radio, en que las estaciones piratas jugaron un papel subversivo).
 

Hoy en día las cosas han cambiado radicalmente. Una de las grandes contradicciones del capitalismo tardío es que las propias tecnologías de la información (portátiles, teléfonos inteligentes, cámaras digitales) que permitieron que el sistema se reprodujera más allá de la crisis del modelo fordista en Occidente, estén capacitando a los disidentes para crear sus “propios” medios de comunicación con los que denunciar el orden dominante. Por supuesto que estas nuevas tecnologías no hacen revoluciones, ya que las revoluciones las hace la gente, pero nos ayudan a informar y reflexionar a través de ellas de manera más dinámica y democrática. Hipotéticamente al menos, todo el mundo con un ordenador portátil y una conexión a Internet es actualmente un editor en potencia, como todo el que posea una cámara y un reducido presupuesto es un potencial cineasta guerrillero. Hoy en día el truco no está tanto en producir contenidos informativos independientes, sino en hacerlo de la forma más efectiva. En agregar el tipo de información correcta. En garantizar un análisis en profanidad y con un contenido de la máxima calidad. Y, sobre todo, en formular una crítica a fondo de la actualidad en cada momento, que deje al descubierto la manipulación mendaz de los medios gubernamental-corporativos y ofrezca alternativas reales al mundo en crisis en que vivimos.

Roarmag surgió en gran parte de la convergencia entre esta crisis del capitalismo global y la revolución silenciosa de los medios de comunicación que se estaba desarrollando a nivel de base. Desempleados y equipados únicamente con un ordenador portátil, nos propusimos reflexionar sobre la ola revolucionaria que se inició con los levantamientos populares de Túnez y Egipto y que continuó con las protestas contra la austeridad en Europa y el movimiento Occupy global y las manifestaciones masivas más recientes en Turquía y Brasil. A lo largo de todas estas revoluciones y revueltas, nuestro objetivo y filosofía siguen siendo los mismos. Proporcionar perspectivas de base desde la primera línea de la lucha por la democracia real, que para nosotros gira en torno a los principios de autonomía, autoorganización horizontal de los trabajadores, con apertura a la solidaridad social.

Con estos principios en mente hemos estado informando de manera activa, reflejando las movilizaciones sociales que han agitado el mundo durante los últimos tres años. Y con estos principios en mente nos hemos comprometido a seguir luchando –desde nuestro medio y desde cualquier otro medio a nuestro alcance– para llevar a cabo los cambios necesarios para crear el mundo que deseamos ver. Es obvio que no será un objetivo fácil y que ni siquiera es seguro que tengamos éxito. Pero una cosa la tenemos clara: si no logramos contrarrestar el aparato de propaganda de la élite, en forma de medios de contra-información y de la cultura dominante, es poco probable que podamos convencer a nadie de que ese otro mundo no solo es posible, sino también. Y si no encontramos manera de conectar nuestras luchas nacionales para la articulación de una crítica mundial del sistema-mundo capitalista y una visión radical de una sociedad post-capitalista, vamos a estar condenados a repetir siempre errores del pasado.

¡Sed los medios de comunicación!

La consigna es un poco hortera, aunque la de los activistas de los medios del movimiento altermundialista fue: “no odio los medios de comunicación: sed los medios de comunicación”. Volviendo a aquellos días, esto significó la creación y el mantenimiento de los distintos foros nacionales de Indymedia (espacios autónomos donde los activistas podían reunirse para compartir estrategias y contra-información). Hoy día no tenemos ya realmente espacios “centralizados” como Indymedia. Lo que sí tenemos es una proliferación de colectivos de medios independientes que están todos trabajando más o menos en la misma dirección, pero que sin embargo siguen siendo relativamente dispersos. Por supuesto que no resulta posible ni es deseable tocar todas estas iniciativas en un solo marco global. Pero podemos – y de hecho debemos – empezar a colaborar más activamente entre sí y entre países: para dar mayor solidez a nueras redes, intercambiando contenidos e ideas y tal vez un día incluso buscar una estrategia de federación voluntaria o algo parecido a “Una Gran Unión”.

Sólo construyendo colectivamente nuestros propios nodos autónomos y redes de comunicación, solo mediante la generación de nuestras propias plataformas participativas para compartir las diversas formas de ver las cosas, las nuevas formas de relacionarnos con el mundo que nos rodea, podemos liberarnos de la prisión mental que nos imponen quienes están en el poder. Este, en el nivel más fundamental, debe ser el papel de un medio de comunicación verdaderamente independiente: informar desde el pensamiento crítico e inspirar la subversión constructiva. Identificar los cambios de época y los cambios “tectónicos” que ya se agitan bajo la superficie social. No solo para “dar voz a los sin voz”, sino sencillamente para amplificar la voz poderosa de lo inaudito. Promover el pensamiento complejo, la investigación en profundidad y el análisis crítico, en el que la tendencia mundial de los medios gubernamental-empresariales es inequívocamente de descenso al embrutecimiento. Para cargar hacia delante, contra la vieja guardia que se aferra desesperadamente a sus últimos vestigios de autoridad. Y en última instancia, para anticipar hasta lo imprevisible, de modo que cuando por fin llegue el día, sepamos levantarnos como leones y leonas para aprovechar la ocasión y hacer frente al desafío.
(...).
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*Jérôme Emanuel Roos (1985) escritor y activista. Graduado por la Universidad de Utrecht, y la London School of Economics. Doctor en filosofía y ciencias políticas.

 

Fuente: http://roarmag.org/2013/12/roar-manifesto-independent-media/
 

  

 

 

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