¿Cómo se convirtieron los EE.UU. en la URSS?
Cambio de rol.
 

Por PAUL CRAIG ROBERTS
Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda

Pasé el verano de 1961 detrás del Telón de Acero. Yo formaba parte del programa de intercambio de estudiantes entre EE.UU. y la URSS. Fue el segundo año del programa, que funcionaba bajo los auspicios del Departamento de Estado de EE.UU. Nuestro regreso a Occidente en tren a través de la RDA se vio interrumpido por la construcción del Muro de Berlín. Nos enviaron de vuelta a Polonia. Las vías del ferrocarril de la RDA estaban ocupadas por tropas y tanques soviéticos, ya que el Ejército Rojo se había estacionado en la RDA para enfrentarse a cualquier injerencia Occidental.

Afortunadamente en esos días no había conservadores. En Washington no había crecido aún la prepotencia y la arrogancia que tan prominentemente exhiben en el siglo XXI. El muro se construyó y se evitó la guerra, pero el muro se volvió contra los soviéticos, por obra y gracia una gigantesca y sostenida campaña de propaganda y guerra ideológica como jamás se haya visto. Tanto JFK como Ronald Reagan usaron la propaganda sobre el muro con muy buenos resultados.

En aquellos días, EE.UU. representaba la libertad y la Unión Soviética la opresión. Sin matices, ya se sabe, Good and Evil, el Bien y el Mal, el eje del mal, etc. Evidentemente, la imagen había sido fabricada por la propaganda, aunque en esta imagen pudiese encontrarse una base apenas reconocible de la realidad realidad. Los comunistas tenían un Julian Assange y un Edward Snowden propio en un solo cuerpo. Era Cardenal y se llamaba Jozef Mindszenty, líder de la Iglesia Católica húngara.

Mindszenty se opuso al sistema nazi, que lo encarceló. Los comunistas tampoco estaban contentos con su actividad y fue condenado a cadena perpetua en 1949.

Liberado durante una revuelta húngara de corta duración en 1956, Mindszenty llegó a la Embajada de Estados Unidos en Budapest y se le concedió asilo político por parte de EE.UU. Sin embargo, los comunistas no le darían permiso para salir del país y el cardenal se tuvo que quedar a vivir en la embajada de EE.UU. durante 15 años.

En el siglo XXI se han invertido los papeles. Hoy es Washington el enamorado de la tiranía. EE.UU. ordena al Reino Unido que no libere a Assange para que viaje a Ecuador, donde le han concedido asilo. Al igual que el cardenal Mindszenty, Assange se ha quedado atascado en la Embajada de Ecuador en Londres.

Washington no permitirá que sus Estados vasallos abran su espacio aéreo al avión en que viaje Edward Snowden rumbo a cualquier país que le haya ofrecido asilo.

Snowden se ha quedado atascado en el aeropuerto de Moscú.

En Washington la casta política de los dos partidos que se alternan en el poder, exige que se capture a Snowden para ejecutarlo. También exigen que se castigue a Rusia por no violar el derecho internacional, deteniendo a Snowden y entregándoselo a EE.UU. para torturarle y ejecutarle, a pesar de que EE.UU. no tiene tratado de extradición con Rusia.

Snowden ha prestado un gran servicio a los ciudadanos de EE.UU. Nos ha mostrado que a pesar de la prohibición constitucional, Washington ha puesto en marcha un sistema de espionaje universal para interceptar todas las comunicaciones de todos los estadounidenses y gran parte del resto del mundo.

Se están construyendo instalaciones especiales en las que se guardarán todas estas comunicaciones.

En otras palabras, Snowden ha hecho lo que se supone que tienen que hacer los buenos ciudadanos estadounidenses: denunciar los crímenes de Estado del gobierno contra la constitución y contra los ciudadanos. Sin una prensa libre, solo nos enteramos de las mentiras que cuenta el gobierno. Washington tiene la intención de exterminar a todos los que dicen la verdad con tal de proteger todas sus mentiras.

El régimen de Obama es el régimen más opresivo que hemos tenido nunca en cuanto a la persecución, tortura y asesinato de los denunciantes protegidos. Los denunciantes están protegidos por la ley, pero el gobierno de Obama insiste en que los denunciantes no lo son realmente. En lugar de ello, el Régimen de Obama define a los denunciantes como espías, traidores y agentes del espionaje extranjero. El Congreso, los medios de comunicación y el poder judicial se hacen eco de la falsa propaganda del poder ejecutivo, según el cual los denunciantes son una amenaza para Estados Unidos. Pero son los denunciantes los que nos informan a los ciudadanos sobre la violación de la Constitución y de nuestros derechos por parte de nuestro propio gobierno.

El régimen de Obama ha destruido la libertad de prensa. Un lacayo tribunal federal de apelaciones ha dictaminado que el periodista de The Wew York Times James Risen debe testificar en el juicio contra un oficial de la CIA acusado de haber proporcionado información a Risen sobre un complot de la CIA contra Irán. El fallo de este tribunal fascista destruye la confidencialidad y pretende poner fin a todas las filtraciones a los medios de comunicación sobre los actos criminales del gobierno.

Lo que los estadounidenses han aprendido en el siglo XXI es que el gobierno de EE.UU. miente sobre todo lo que hace y quebranta todas las leyes. Sin “filtradores”, o denunciantes, los estadounidenses permanecerían en la oscuridad mientras “su” gobierno les engaña, destruye sus libertades y los empobrece con las interminables guerras que ejecuta Washington bajo el patrocinio de Wall Street.

Snowden no ha hecho daño a nadie excepto a los que esconden los crímenes de guerra y contra la humanidad tras las mentiras que propagan los medios informativos que controlan. La animadversión de Washington contra Snowden contrasta con el perdón de Bush a Libby, ayudante de Dick Cheney, quien asumió la culpa de su jefe para encubrir un delito grave de un operativo encubierto de la CIA, que llegó a oídos de la esposa de un ex funcionario del gobierno, la cual descubrió todas las mentiras de Bush/Cheney y demás neocons sobre las armas de destrucción masiva de Irak.

Todo lo que sirva a la camarilla que gobierna Estados Unidos es legal, lo que deje sus crímenes al descubierto es ilegal.

Ya se sabe lo que hay que hacer.


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* Paul Craig Roberts fue Asistente del Secretario del Tesoro de EE.UU. y editor asociado del Wall Street Journal. Su último libro lleva por título The Failure of Laissez-Faire Capitalism. El titulado How the Economy Was Lost, también de Roberts está disponible en Counterpunch en formato electrónico.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/07/24/role-reversal/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=role-reversal

 


 

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