Seamos racionales

Un estudio rápido: Chris Hedges* sobre el golpe de Estado del capitalismo.

 

En The Economist.

Traducción de Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

¿Cuándo empezaron a ir mal las cosas?

En Norteamérica hemos sufrido un golpe de Estado corporativo que ha sido parte de un largo proceso que comenzó con la destrucción de los movimientos populares y radicales durante la primera guerra mundial. Las vísperas de la guerra en Estados Unidos había más de 70 alcaldes socialistas y Eugene Debs (un líder sindical) obtuvo el 6% de los votos en las elecciones generales de 1912. Appeal to Reason (un semanario político socialista) era el cuarto en tirada de la prensa del país.

Con el fin de llevar a Estados Unidos a una guerra impopular, Woodrow Wilson creó el primer sistema moderno de propaganda de masas: el Comité Creel. Se basó por primera vez en la psicología de masas, según los estudios de Gustave le Bon, Wilfred Trotter, Sigmun Freud y otros, que sugerían que la gente no se movía por apelaciones a la razón, sino por la manipulación emocional, lo que Walter Lippmann llamó “fabricación de consentimiento”. Debs terminó en la cárcel (por oponerse a la guerra) y después de terminar la guerra muchas de estas personas fueron a Madison Avenue a trabajar para las corporaciones.  Pusieron patas arriba valores tradicionales norteamericanos como el ahorro y la humildad y los sustituyeron por el culto al yo, el hedonismo y la corrupción presentados como una compulsión interna.

Sugerimos la lectura de: “El Capital: Crítica de la economía política” de Karl Marx (1867).

Y sin embargo siempre hay tanto de qué hablar sobre la libertad en EE. UU.

Esto es lo que diferencia a EE. UU. de Europa. Sea cual sea la intensidad de la represión, en Europa siempre quedarán focos de disensión y resistencia: los sindicatos comunistas en Italia y Francia, por ejemplo, aunque Gran Bretaña siempre tiende a imitar un poco más a EE. UU. En Estados Unidos hemos destruido nuestros movimientos radicales y destripado las instituciones liberales en el mismo anticomunismo.

El surgimiento de la Nueva Izquierda de la década de 1960 era muy diferente de la izquierda radical que existía en el cambio de siglo, porque se divorció de la clase obrera.

Una vez terminada la guerra de Vietnam, gran parte de la gente que estuvo en el activismo contra la misma fue integrada en una estructura económica que les desconectó del activismo social. Guy Debord hace un buen ejercicio de mendacidad sobre el grado en que la contracultura de la década de 1960 adoptó el culto al capitalismo.

Sugerimos la lectura de: “La Sociedad del espectáculo” de Guy Debord (1967).

¿Y qué pasa ahora?

Bueno, una vez consumado este golpe de Estado a cámara lenta, comenzamos la reconfiguración de la sociedad estadounidense y la economía global en forma de neo-feudalismo. En la década de 1970 cambiamos (en palabras del historiador de Harvard Charles Maier) de imperio de producción a imperio de consumo. Y vimos el ascenso de una imitación del liberalismo. Bill Clinton y Tony Blair hablaron del “siento tu dolor” del lenguaje del liberalismo pero se pusieron al servicio de los intereses corporativos.

Bajo el presidente Clinton aprobamos el Tratado Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA, en sus siglas en inglés), la mayor traición a la clase trabajadora desde la Ley Taft-Hartley de 1947. Destruyó el estado del bienestar y abolió la Comisión de las Comunicaciones Federales (FCC), lo que dio como resultado que una escasa media docena de empresas controlaran todo lo que la mayoría de los norteamericanos ven o escuchan. Destruyó el sistema bancario y demolió la ley Glass-Steagall de 1933, que precipitó la debacle global de 2008. Sheldon Wolin, político y filósofo, aduce que lo que mantuvo al público norteamericano políticamente pasivo fue el acceso al crédito y a los bienes de consumo de producción en masa. Ahora ha desaparecido del crédito y aquellos bienes ya no son tan baratos.

Sugerimos la lectura de: “The Great Transformation: The Political and Economic Origins of our Time” by Karl Polanyi (2002).

Yo solía preguntarme si Aldous Huxley tenía razón, si George Orwell tenía razón. Al final resultó que ambos la tenían. Primero tenemos a Huxley: a la gente le gustó esta orgía de hedonismo y mientras que eran despojados del poder, el país fue recolectado. Ahora tenemos a Orwell: la seguridad y la vigilancia del Estado. El presidente Obama me demandó y ganó, sobre la cláusula de la ley de Autorización de Defensa Nacional que permite al gobierno norteamericano hacer uso de la detención militar indefinida.

Sugerimos la lectura de:  “Voltaire´s Bastards: The Dictatorship of Reason in the West”, por John Ralston Saul (1992). 

Usted hace que suene muy planificado. Parece más gradual y menos como una enorme conspiración cuando se vive a través de ella.

Yo no creo que sea una conspiración. Yo creo que es subordinación al dictado de los mercados. Esta subordinación tiene ramificaciones de las cuales el pueblo no es consciente. Las empresas petroleras no piensan en el calentamiento global, solo están pendientes de ganar todo el dinero que puedan. Fíjese en la destrucción de los llanos occidentales; no estaban pensando en la futura extinción del búfalo. No es una teoría de la conspiración sino una forma extraña de miopía. Destruyes los Apalaches para sacar el carbón – vuelas las cumbres de las montañas, envenenas el agua, los conviertes en erial – para que la gente en los aparcamientos y en las torres de oficinas puedan dejar las luces encendidas toda la noche. Las fuerzas del poder corporativo-financiero están dispuestas a sacrificarnos a todos nosotros, junto con el planeta.

Desolado.

Esto no es nuevo. Si miras el derrumbamiento de pasadas civilizaciones – desde la Isla de Pascua hasta el imperio Maya – encontrarás una élite oligárquica que se refugia en santuarios y trata a la población cada vez con más dureza hasta llevarla a la más absoluta esclavitud para mantener sus crecientes niveles de consumo en el punto más alto. Eso es lo que está ocurriendo en la sociedad norteamericana. La diferencia actualmente es que cuando caigamos nos llevaremos también el planeta por delante.

¿La globalización como movimiento utópico?  No existe nada en la historia que indique que arrodillarse ante los mercados sea la forma racional de crear una civilización viable. Es demencial, pero los sistemas de propaganda son de tal calibre que impugnar estas creencias o “valores”, tan integrados en la sociedad como si fuesen leyes de la naturaleza, es quedarse al margen de la corriente principal. Cualquier poder centralizado que no pueda ser impugnado es totalitario.

Sugerimos la lectura de: “Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarism” por Sheldon Wolin (2008) y “The Origins of Totalitarianism” by Hannah Arendt (1973).

 

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Chris Hedges fue corresponsal en el extranjero para The New York Times durante 15 años formando parte de un equipo de periodistas que ganó el premio Pulitzer en 2002 por un reportaje sobre los papeles del terrorismo global. Fue galardonado con el premio global al periodismo de derechos Humanos de Amnistía Internacional ese mismo año. El señor Hedges abandonó el New York Times después de que se emitiera una reprimenda formal contra él por denunciar la invasión de Irak por el gobierno Bush. Actualmente es miembro del Instituto Nacional, un centro de medios de comunicación sin ánimo de lucro de Nueva York. También imparte clases a los reclusos de una prisión de New Jersey. El señor Hedges ha escrito 12 libros que cubren guerra, religión y temas políticos y de sociedad. Su nuevo libro, “Días de destrucción, días de rebelión” en colaboración con Joe Sacco, artista gráfico, fija la atención en “zonas sacrificadas” de EE.UU., áreas en las que, según dice, el capitalismo no regulado ha consumido a los seres humanos y al mundo natural en nombre del lucro.

Fuente: http://www.economist.com/blogs/prospero/2012/09/quick-study-chris-hedges-capitalist-coup-d%E2%80%99etat


 

 

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Zona izquierda   2005