Usemos la imaginación para salir del “No hay alternativa”.

 

Por Andrea Brower (Common Dreams)
Traducción de Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org


Vivimos en un tiempo de densa niebla. Un tiempo en el que aunque muchos de nosotros disentimos y resistimos, la humanidad parece entregada a un curso colectivo de suicidio en aras de preservar un sistema económico que genera escasez, no importa cuánto se produzca realmente. Exigir que todos tengamos lo suficiente para comer en un planeta que produce alimentos suficientes, que un absurdo número de personas no muera de enfermedades evitables, que la absoluta privación humana en medio de la abundancia es intolerable, o que pongamos las leyes naturales de la biosfera por encima de las “leyes” de la economía construida socialmente, se nos presenta como algo poco realista, como una fantasía idealista de gente ingenua que no comprende la “complejidad” de los problemas del mundo. Si creamos y recreamos el mundo cada día, ¿cuándo ha empezado a ser tan supuestamente absurdo que podamos realmente crear un mundo que esté honestamente forjando las posibilidades del igualitarismo, la justicia y la democracia?

El capitalismo – la lógica de subordinar todos los aspectos de la vida a la acumulación de riqueza (es decir, las “leyes del mercado”) – se ha convertido en nuestros días en cosa de “sentido común”. Se ha convertido en prácticamente impensable imaginar alternativas coherentes a esta lógica, incluso cuando se trata de las necesidades humanas más básicas: alimentos, agua, sanidad, educación. Aunque muchos se den cuenta de las fallas del capitalismo, existe una resignación ante su inevitabilidad.


Las famosas palabras de Margaret Thatcher “No hay alternativa”, no hace falta repetirlas nunca más, se aceptan simplemente como normales, no ideológicas, neutrales.

¿En qué se sustenta el mito trágico de que no hay alternativa? Aquellos que estén comprometidos en la construcción de un futuro más justo deben empezar a repensar y a revelar unas presunciones dadas por ciertas que hacen del capitalismo cosa de sentido común e incorporarlo al reino del debate público principal con el fin de ampliar los horizontes de la posibilidad de la alternativa. No podemos confiar esta tarea a las páginas de las revistas ni a las aulas de teoría social: estas conversaciones deben producirse también en el comedor familiar y en las pantallas de la televisión. Estas son algunas ideas sobre temas de inicio de conversación:

Las alternativas nunca funcionan. ¿”Funciona” el capitalismo? A juzgar por sus propios indicadores, cuanto más capitalistas nos hemos hecho (es decir neoliberalismo), el crecimiento económico y la productividad están realmente en declive.

El mundo globalizado de hoy día es demasiado complejo para organizar las cosas de forma diferente. Por supuesto que el mundo es complejo: cada uno de nosotros somos un manojo de contradicciones y no hace falta mirar más allá de la dinámica de una sola relación para encontrarnos con un caso de complejidad social. Pero las cosas también son muy sencillas: vivimos en un mundo con mil millones de personas que pasan hambre mientas que, literalmente, tiramos la mitad de los alimentos que producimos. ¿No podemos crear un sistema productivo socio-económico que sea capaz también de cubrir las necesidades más básicas de las personas? El don del que disfrutamos hoy día es el de tener la capacidad de reflexionar y recrear muchas formas, pasadas y presentes, de organización no capitalista y de experimentar creativamente para escoger y combinar lo mejor de todas las posibilidades. El hecho de que estemos más en conexión que nunca antes y hallamos avanzado tanto tecnológicamente nos proporciona más posibilidades, no menos.

Debido a nuestra “naturaleza humana”, solo podemos crear sistemas económicos basados en la competencia, la codicia y el egoísmo. Esto no solo es de un pesimismo absoluto, sino sencillamente erróneo. Podemos empezar a recordar todo tipo de sociedades que han existido en la historia. Entonces mire a su alrededor y pregúntese ¿qué le motiva a usted y a la gente que conoce? Campos científicos tan diversos como la neurociencia y la antropología han demostrado la evidencia, con ejemplos de seres humanos increíblemente capacitados para la cooperación y extremadamente sensibles a la justicia y la equidad. Todos somos realmente capaces de cualquier cosa; pero depende de nosotros decidir cómo utilizar nuestras capacidades, y por supuesto, es algo que será dictado por lo que nuestro sistema social fomente y estimule y de los valores que nos transmita. Si hay algo que podamos decir con certeza acerca de la “naturaleza humana”, es que nos construimos a nosotros mismos desde dentro de nuestras sociedades y que somos increíblemente maleables.

La libertad solo se consigue mediante el libre mercado. Ligar nuestros valores a la libertad de mercado no es solo deshumanizante, sino que además no tiene en cuenta cómo la libertad de una persona a la elección económica, es el encarcelamiento de otra en una vida de explotación y privación. No existe posibilidad de libertad y emancipación hasta que seamos todos libres y esto solo se consigue a través de una concepción más rica y profunda de la libertad humana que aquella que se basa en ir a la tienda de comestibles y “escoger” entre 5.000 variedades de maíz procesado.

El capitalismo es el único sistema que incentiva la innovación y el progreso. ¿Progreso hacia qué? ¿Y porqué se apropia del conocimiento y el saber común como propiedad intelectual reservada, o excluye a la mayor parte de la población de una educación de calidad y priva a media humanidad de los bienes vitales necesarios para una vida saludable, que permita una mayor innovación? No hay más que empezar a imaginarse las posibilidades de innovación en una sociedad donde todo el mundo tenga acceso a todo lo que necesita para vivir, pensar y contribuir al bien común.

Las cosas podrían ir peor. Por supuesto, pero también podrían ser mejor. El hecho de que hayamos vivido en dictaduras sanguinarias no significa que debemos conformarnos con una democracia representativa donde lo más importante que se representa es el dinero.

Las cosas van mejor. ¿Podemos decir realmente que las cosas van mejor cunado nos encaminamos hacia la aniquilación de nuestra propia especie? Seguro, tenemos otro presidente del gobierno, hemos hechos ligeros progresos en la representación de las mujeres en la fuerza laboral. Pero no hay que descuidar el hecho de que el capital está más concentrado y centralizado que nunca y que su lógica actualmente penetra en los aspectos de construcción más básicos de la vida. Creo que debemos darnos más crédito la nosotros mismos y no conformarnos con esto es “mejor”.

El cambio es lento. Lento no entra en el vocabulario de las empresas que están robando nuestra común herencia genética, ni en el de sus cómplices amigos que se están haciendo ricos con juegos financieros virtuales cuyo dinero nos roban a todos nosotros.
El robo de nuestro patrimonio común y la concentración de capital no se están produciendo lentamente. Lo reconozcamos o no, el cambio se está produciendo. Lo que está en juego es la dirección de ese cambio.

Lo mejor que podemos esperar es capitalismo “ético” y “verde”. La lógica de esta esperanza está viciada porque supone que dentro del capitalismo, las empresas puedan dar prioridad a cualquier cosa que esté por encima de la línea del fondo. En realidad las empresas que se comprometen ante todo a ser totalmente éticas y verdes, tienen muy difícil su supervivencia. Por supuesto que existen grandes modelos de empresas éticas –granjas ecológicas propiedad de los trabajadores, por ejemplo – pero estas no pueden prosperar y convertirse en la norma dominante, cuando están funcionando dentro de una estructura económica que concentra la riqueza y el poder en las manos de Monsanto. Y aunque que deberíamos apoyar estas alternativas que existen dentro del capitalismo, hemos de reconocer que es demasiado poco y demasiado tarde. El cambio estructural se debe producir (y se producirá) de una forma u otra.

Deshacerse del capitalismo significa abandonar el mercado como instrumento de organización social. Eso no tiene porqué ser necesariamente así, aunque quizás estuviésemos mejor librándonos del mercado para siempre. Han existido sociedades con mercados pero han restringido el oligopolio del capitalismo y muchos y brillantes pensadores han previsto una transición a una sociedad estructurada por normas de igualdad y participación del mercado donde este juega un papel, Yo no estoy abogando aquí a favor ni en contra de ninguna propuesta específica, pero la cuestión es que esta suposición es históricamente inexacta y apenas si hemos empezado a pensar seriamente en otras posibilidades.

A la gente no le importa. La gente puede estar distraída con el consumismo, puede que solo le quede energía para luchar por el pago de las facturas, puede estar temerosa, carecer de acceso a una buena información… pero ninguna de estas cosas significa que no se preocupa. Muéstrale a alguien una imagen de un niño hambriento que trabaja en las plantaciones de cacao pero que no puede darse el lujo de comer (y mucho menos probar el chocolate), se sentirá horrorizado. La industria de la caridad está prosperando precisamente porque mucha gente se siente implicada en las repugnantes manifestaciones del capitalismo. Pero el sentimiento de desafuero de la gente ha sido canalizado fuera al margen de la política colectiva y hacia la compra ética y las donaciones caritativas de tiempo libre en vacaciones. Sin un debate honesto y profundo sobre los temas estructurales con los que nos encontramos a nivel de toda la sociedad, la preocupación de la gente queda reducida al sentimiento de culpa individual y al desempoderamiento.

La gente no va a dejar el consumismo, y además todos los pobres querrán lo que tienen los ricos. ¡Claro, que será así! Deshacerse del capitalismo no significa volver al primitivismo, ni abandonar todas nuestras lavadoras o dejar a los pobres en la indigencia. Aunque por supuesto existen límites en los recursos de la tierra (combustibles fósiles principalmente), esto no significa que no podamos organizar un orden social equitativo y sostenible que incluya la mayor parte del confort y el disfrute de las nuevas tecnologías que la vida moderna nos proporciona. Tenemos que abandonar el deseo por el capitalismo. De hecho, el abandono del capitalismo nos proporciona la mejor oportunidad de tener tiempo para organizar un sistema sostenible de consumo antes de que sea demasiado tarde. Quedarnos enganchados al capitalismo puede ser realmente la ruta más rápida hacia el primitivismo. La apropiación de nuestros bienes comunes por parte del capitalismo – nuestros recursos comunes, nuestros genes nuestro intelecto - ha estado acompañada por un enclaustramiento de nuestra imaginación. Tenemos que reivindicar y reorientar lo que es ser “realista” y rescatarlo de la falsedad del No hay alternativa. Esto no es un llamamiento a la pura imaginación o a una futura utopía. No es un alegato fantástico para la súbita y completa disolución de todas las estructuras sociales que actualmente conforman nuestras vidas, es un llamamiento a tomar lo que ya está sucediendo todo el tiempo a nuestro alrededor – cooperar, compartir, empatizar – y dejar que sean estos aspectos de nuestro humanismo que son los que más valoramos, los que guíen nuestro futuro. Para empezar a reorientar y reestructurar nuestros sistemas sociales hacia las cosas que más deseamos y valoramos – cuidar de los demás y cooperar los unos con los otros, participación y democracia real, libertad humana y tiempo libre, paz y coexistencia – y al hacerlo, ver todo esto crecer y florecer.

Si parece ingenuo creer que podemos estructurar la sociedad para recompensar la bondad en lugar de la codicia y priorizar a las personas en lugar del lucro, ¡entonces lucharé hasta el final para mantener mi ingenuidad! Las cosas se hacen posibles cuando creemos que son posibles; así que vamos a empezar a creer.

Andrea Brower es doctorando en filosofía en el Departamento de Sociología de la Universidad de Auckland. Ha sido activista en los movimientos de alimentación alternativa y justicia social global y pasó varios años co-dirigiendo sin ánimo de lucro el Malama Kauai en Hawaii, de donde es originaria.
 

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Fuente: https://www.commondreams.org/view/2013/01/25-2


 

 

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