¿Quién delira, Putin o Kerry?*

La asombrosa hipocresía de Norteamérica


Por Robert Parry, Consortium News**

Ilustración de O COLIS
Traducción Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

 

El Washington oficial está profundamente encolerizado por la intervención de Rusia en Ucrania después de que un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos derrocara al presidente elegido democráticamente. Los neoconservadores quieren una nueva Guerra Fría, pero no quieren que nadie se dé cuenta de su increíble hipocresía, escribe Robert Parry.


Desde la Segunda Guerra Mundial y hasta bien entrado el siglo XXI Estados Unidos ha invadido o intervenido militarmente de una u otra manera en tantos países que sería difícil compilar la lista completa. Precisamente en el pasado decenio, hubo numerosas invasiones estadounidenses: además de Afganistán e Irak, hubo operaciones de bombardeo norteamericanos en Pakistán, Yemen y Libia…


Por tanto, ¿qué se puede hacer con el pronunciamiento del secretario de Estado John Kerry, respecto de la intervención militar de Rusia en la península de Crimea a instancias del presidente depuesto de Ucrania, afirmando que es una violación del derecho internacional que Estados Unidos nunca tolerará?


Kerry criticó la intervención rusa como "un acto del siglo XIX en el siglo XXI." Sin embargo, si no recuerdo mal, el senador Kerry en 2002 votó junto con la mayoría de los miembros del Congreso de EEUU la autorización para la invasión de Irak por el presidente George W. Bush en 2003, que también fue parte del siglo XXI. Y Kerry es un miembro de la administración Obama, que al igual que su predecesor George W. Bush, ha estado enviando aviones no tripulados al territorio nacional de otros países para asesinar a centenares de "combatientes enemigos”, y en la mayoría de los casos a campesinos trabajando, asistentes a una boda o a cualquier otro acontecimiento de lo más inofensivo.


¿Kerry y casi todos los demás en el Washington oficial, están tan faltos de conciencia de sí mismos que no se dan cuenta de que están condenando las acciones del Presidente de Rusia, Vladimir Putin, que hasta ahora son pacíficas en comparación con las atrocidades que ellos mismos han perpetrado?

 
Si Putin está violando el derecho internacional por el envío de tropas rusas a Crimea después de un violento golpe de Estado encabezado por violentísimas milicias neonazis que derrocaron al presidente democráticamente electo de Ucrania, que después solicitó protección a los rusos étnicos que viven en el sur y al este del país ¿por qué el gobierno de EEUU no entregó a George W. Bush, Dick Cheney y al propio John Kerry a la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra perpetrados mediante la bárbara invasión de Irak a sangre y fuego?


En 2003, cuando la administración Bush-Cheney envió tropas al otro lado del mundo para invadir Irak con el falso pretexto de eliminar sus inexistentes armas de destrucción masiva, EEUU desató una guerra devastadora que costó la vida a más de un millón de iraquíes y dejó su país arrasado y dividido. Pero no ha habido ninguna rendición de cuentas. Y, ¿por qué no fueron al menos despedidos de sus puestos de trabajo muchos de los principales periodistas de Washington que no solo mintieron de manera chulesca y desfachatada sobre las falsas armas de destrucción masiva, si es que no debían haber sido llevados al Tribunal de La Haya para su enjuiciamiento por la glorificación de la invasión de una guerra de agresión a través de los potentísimos y masivos medios de comunicación gubernamental-corporativos?

Cabe destacar que muchos de estos mismos "periodistas" están haciendo propaganda para más guerras de Estados Unidos hoy en día, tales como los ataques contra Siria e Irán, mientras exigen duras represalias contra Rusia por su intervención en la guerra de Crimea, que fue por cierto un papel histórico de Rusia que se remonta a siglos atrás.

La doble moral del Washington Post


Un impresionante ejemplo de la doble moral de los medios estadounidenses gubernamental-corporativos son las páginas editoriales del periodista del Washington Post Fred Hiatt, que presionó para llevar a efecto la invasión de Irak por EEUU en 2003 por la quimérica existencia en tierra iraquí de armas de destrucción masiva dándolo como un “hecho probado”, cuando todo el mundo sabía que era una gran mentira y una acusación criminal, por los resultados que tal campaña mediática produjo al final. Después de la invasión y de meses de búsqueda infructuosa de los gadgets de ADM prometidos por EEUU, Hiatt finalmente reconoció su criminal mendacidad.

"Si nos fiamos de sus editoriales sobre la guerra, quedaremos convencidos de que [Saddam Hussein] tenía armas de destrucción masiva", dijo refiriéndose a Hiatt la revista de Columbia Journalism Review. "Si eso no era verdad, difundirlo era un delito que llevó a un crimen de guerra." [CJR, marzo / abril de 2004]

Sí, ese es un Principio del periodismo, si hay algo que no es cierto, no debemos decir que lo es. Sin embargo, ese quebrantamiento de un principio ético tuvo un coste enorme en sangre y medios en la guerra de Irak. A pesar del hecho innegable de que la invasión de Irak por parte de EEUU fue una clara violación del Derecho Internacional, a Hyatt no le pasó absolutamente nada; permanece en el mismo puesto de trabajo hoy en día, más de una década después de escribir que era cierto, lo que fue una gran mentira que tiño de sangre toda Mesopotamia.

Como tampoco hay precaución o se ha expresado duda en relación con cualquiera que sea la culpabilidad del gobierno sirio y sobre el número de víctimas que haya causado. Sólo hechos desnudos. La realidad, sin embargo, es que las afirmaciones del gobierno de EEUU, que culpan al régimen sirio de Bashar al-Assad por el ataque con gas venenoso que produjo 1.400 muertos, se han desmoronado bajo un examen científico-técnico.

 

La cifra de 1.429 víctimas según EEUU, siempre fue considerada una exageración, ya que los médicos que estuvieron en el escenario de la matanza citaron una cifra de muertos de cientos, y el Wall Street Journal informó más tarde de que el número extrañamente exacto se determinó por la CIA aplicando software de reconocimiento facial a las imágenes de cadáveres aparecidos en YouTube y luego restando los sudarios sangrientos duplicados. Los problemas con esta "metodología" eran evidentes, ya que no había manera de saber las fechas en que se tomaron los vídeos de YouTube y la ausencia de sudarios ensangrentados no demostraban que la causa de la muerte fuese el gas venenoso.

 

Y algo aún más importante, EEUU mintió acerca del lugar desde donde se lanzaron los misiles (más de nueve kilómetros del lugar del impacto), ya que el análisis de los expertos realizado a un misil que se encontró preparado para portar gas Sarin, tenía un alcance máximo de unos dos kilometros. Eso significaba que el lugar de lanzamiento se encontraba en el territorio controlado por la oposición y no por el gobierno sirio. [Ver Consortiumnews.com, "Los misiles erróneos del pasado mes de agosto."].

Aunque aún no ha podido ser probado al cien por ciento qué lado tenía la culpa del ataque químico, la culpabilidad del gobierno sirio seguramente no era más cierta que la posesión de armas de destrucción masiva en manos del gobierno iraquí en 2003. En tales casos
especialmente en asuntos sensibles como la guerra y la paz los periodistas responsables deben reflejar las dudas, no simplemente presentar una alegación como un hecho irrefutable".

Sin embargo, puesto que Hiatt nunca fue castigado por su anterior violación de la veracidad periodística, a pesar de que contribuyó a la muerte de más de un millón de personas, entre ellas unos 4.500 soldados de Estados Unidos, todavía está en condiciones de volver a cometer los mismos delitos, en un contexto aún más peligroso, es decir, en un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia, dos estados con armamento nuclear.

Presionando a favor de una nueva guerra fría

Y, ¿qué es lo que Hiatt y otros neoconservadores del Washington Post dicen que hay que hacer frente a los rusos en relación con la crisis de Ucrania?, que fue alimentada por los remanentes neoconservadores del Departamento de Estado de EEUU, por personas como la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland , y financiada por Estados Unidos a través de la Fundación Nacional para la Democracia, organización fundada en 1983 para sustituir a la CIA en el negocio de provocar la desestabilización de los gobiernos que no gustan a Washington. [Ver Consortiumnews.com "Lo que los neoconservadores quieren conseguir con la crisis de Ucrania".]

El mensaje proliferante está exigiendo una nueva Guerra Fría con Rusia, en represalia por las medidas adoptadas para proteger las provincias rusófilas de dos países que fueron separados de la antigua Unión Soviética, como Georgia, donde las tropas rusas han protegido a Osetia del Sur y Abjasia desde 2008, y ahora Ucrania, donde los soldados rusos han tomado el control de Crimea. En ambos casos, las áreas rsófilas se sentían amenazados por sus gobiernos centrales y buscaron la ayuda de Moscú.

En el caso de Ucrania, un golpe de estado liderado por neonazis
que representan los intereses de la parte occidental del país derrocó al presidente democráticamente electo, Viktor Yanukovich, procedente de la región oriental. Luego, bajo la atenta mirada de las tropas de asalto neonazis de Kiev, un parlamento compuesto de retales de varios partidos, votó por unanimidad o casi por unanimidad la aprobación de una serie de leyes draconianas y ofensivas para las áreas mayoritariamente pobladas por rusos étnicos en el este y el sur del país.

Habiendo huido de Kiev para salvar su vida, Yanukovich llegó a Rusia en busca de ayuda, lo que llevó a la petición de Putin al Parlamento ruso para autorizar el despliegue de tropas en el interior de Ucrania, esencialmente para tomar el control de Crimea en el sur, un área que ha sido parte de Rusia durante siglos.

Aunque las razones de Rusia para la intervención en Georgia y Ucrania tienen mucho más fundamento que las excusas inverosímiles que suele alegar Estados Unidos para intervenir en otros países, el Washington Post sufrió un ataque de apoplejía por la "violación" del Derecho Internacional por parte de Rusia, convertido en SAGRADO de repente.

El Post escribió: "siempre y cuando algunos líderes jueguen con normas del siglo 19, Estados Unidos no puede admitir en absoluto que el juego esté en otro escenario. La fuerza militar, la honradez como aliados, la capacidad de permanencia en rincones difíciles del mundo como Afganistán, siguen siendo cuestiones importantes, tanto como desearíamos que no lo fueran".

El Post también se lamenta de lo que ve como “una marea en retroceso" de la democracia en todo el mundo, pero vale la pena señalar al respecto que el gobierno de EEUU tiene un largo y lamentable récord de derrocamiento de gobiernos democráticos. Sólo una lista parcial desde la Segunda Guerra Mundial incluiría: Mossadegh en Irán en 1953, Arbenz en Guatemala en 1954, Allende en Chile en 1973, Aristide en Haití dos veces, Chávez en Venezuela brevemente en 2002 , Zelaya en Honduras en 2009, Morsi en Egipto en 2013, y ahora Yanukovich en Ucrania en 2014. El próximo objetivo para un golpe de Estado "democrático" que se ha marcado Estados Unidos parece ser Nicolás Maduro, presidente de Venezuela democráticamente elegido.

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* Extracto del texto más extenso: "Putin-or-kerry-whos-delusional", tal y como fue publicado inicialmente el 8 de marzo de 2014.

 

** Consortium News, periodismo de investigación desde 1995


Fuente: http://consortiumnews.com/2014/03/05/putin-or-kerry-whos-delusional/
 

  

 

 

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