¿Ha muerto la revolución egipcia?


Por Philip Rizk, Al Jadaliyya
Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda


La respuesta concisa es "No". La respuesta amplia es la siguiente: lo que pasó en Egipto entre el 30 de junio y el 3 de julio no fue un golpe contra un gobierno electo. Fue otro intento de cooptar la Revolución del 25 de enero por parte del ejército egipcio. La complejidad de la situación, su globalidad y la naturaleza de su carga ideológica, hacían que los árboles no dejaran ver el bosque y por eso opino que la revolución no ha terminado ni de lejos.

En tan solo unos días Mohamed Morsi pasó de ser un gobernante que dictaba leyes y se alejaba de la oposición con el fin de monopolizar el pode, a ser alguien que no tenía poder alguno porque el pueblo salió a la calle. Decir que los Hermanos Musulmanes han cometido errores en el último año es un eufemismo. No se limitaron solo a reproducir el régimen de Hosni Mubarak al que derrocamos. Llevaron las cosas incluso más lejos. Autorizaron a la policía a mantener su habitual uso de la violencia contra todos los ciudadanos comunes y los revolucionarios, deteniéndonos, torturándonos y matándonos. En respuesta a las protestas contra el monopolio del poder ejercido por la Hermandad, tanto sus miembros como las fuerzas de seguridad que ellos controlaban, lanzaron una represión de inaudita brutalidad. Y todo ello con absoluta impunidad de la policía y del ejército, que no recibieron castigo legal alguno. El fiscal general de la Hermandad se negó a reabrir los casos contra los policías que mataron o fueron cómplices del asesinato de manifestantes durante la revolución, a pesar de haber prometido el cargo en nombre de la Revolución. La brutalidad de la policía no dejó de ejercerse durante todo el mandato de la Hermandad. Mientras tanto la policía mantuvo la impunidad para causar estragos en una sociedad todavía en su impulso revolucionario.

En el frente económico, la Hermandad ganó popularidad durante la era Mubarak, proporcionando educación gratuita y repartiendo limosnas en los barrios pobres. Este tipo de actividades ha contribuido a consolidar su base de apoyo en una época de subida de los precios y disminución de oportunidades para mantener un nivel de vida digno. Sin embargo, una vez en el poder, su compromiso con la caridad no se convirtió en políticas que beneficien a los pobres en el largo plazo. Por el contrario, con los Hermanos se profundizó en el neoliberalismo de la era Mubarak. Con el fin de cumplir las condiciones impuestas por el FMI, que ya había comenzado a eliminar los subsidios a los bienes básicos como los combustibles. También comenzaron a aumentar los impuestos de los bienes básicos, que luego fueron suprimidos por la presión de la calle. Durante su periodo en el poder la Hermandad tomó innumerables préstamos de los gobiernos y de los bancos regionales. Lo hicieron en ausencia del parlamento. Lo hicieron sin desvelar las condiciones que los egipcios tendrán que cumplir en los próximos años. Una de estas condiciones es la impuesta por el FMI para la concesión de un préstamo pendiente, que exigió la devaluación de la libra egipcia, provocando un aumento insostenible de los precios de los alimentos en Egipto, gran parte de los cuales son importados y pagados en moneda extranjera. El gobierno de la Hermandad mantuvo la oposición a la sindicalización de los trabajadores independientes de la era Mubarak, con lo que la élite empresarial puede despedir a los trabajadores afilados a los sindicatos libremente. Los Hermanos no han tratado de identificar y recuperar los activos robados por Mubarak y sus compinches. Al contrario, comenzaron los procesos de reconciliación con los antiguos miembros del régimen, alegando la necesidad de impulsar la economía del país. La principal consigna de la revolución es "pan, libertad y justicia social." La Hermandad ha fracasado en la aplicación de la justicia, en el control de la violencia policial y en la distribución de la riqueza. Condujeron al país a un punto en que las condiciones llegaron a ser aún peores que las del reinado de Mubarak. Y todo ello se hizo con total arrogancia, enajenándose en el proceso a las personas, movimientos sociales o partidos políticos.

Esta es la realidad que impulsó al pueblo a salir a la calle. Esta realidad desprestigia a esa cosa llamada democracia.

En el contexto del régimen autoritario de la Hermandad, apoyado por sus socios comerciales occidentales y con sus propios intereses políticos y comerciales en mente, las necesidades diarias de las personas no eran nunca su prioridad en el proceso de toma de decisiones políticas. Esto significa que aquellos que llegan al poder en Egipto mediante un proceso electoral, deben recibir primero la aprobación de las élites locales, como los altos mandos militares y sus aliados extranjeros. Una vez consiguen la aprobación de las élites, un proceso electoral viciado ya en su origen, y manipulado después, permite que ocupen el poder. Es tan sencillo como eso. En Egipto nunca hemos tenido elecciones "justas" y nunca las tendremos mientras permanezca esta constelación de poder.

Esta realidad neo-colonial hace que la idea misma de democracia resulte superflua.

La gente salió a la calle para expresar su rechazo a todo esto. Pero hay otro lado feo de la movilización de masas. La rabia que crece en la calle contra la Hermandad Musulmana ha provocado que sus socios locales – los generales – den marcha atrás y abandonen el acuerdo de reparto de poder que tenían con la Hermandad, presionando actualmente para expulsarlos. En los días previos al 30 de junio las cadenas de televisión del ámbito liberal realizaron una campaña de propaganda contra la Hermandad. Si bien gran parte de la información era cierta, el momento y lo directo del mensaje reveló que era parte de una campaña más amplia contra el gobierno de la Hermandad. Al mismo tiempo había una escasez de combustible que la policía secreta y los militares agravaron. Con todo esto, se propicia que la campaña de Tamarod aumente su apoyo hasta un nivel que de no ser así no hubieran alcanzado. Intervienen a su favor las propias fuerzas del Estado, en vez de hacerlo como siempre en contra cuando está en juego el poder del Estado. En un comunicado difundido antes del 30 de junio, los dirigentes de Tamarod convencieron a todos los manifestantes para unificar la rebelión contra un objetivo: la Hermandad Musulmana. Todas las demás batallas debían dejarse para la siguiente etapa. Esta lógica de que "los enemigos de mis enemigos son mis amigos", significaba que a pesar de su papel en la represión de la revolución, el ejército y lo que era aún más alarmante, la policía fueron festejados en el escenario público la semana anterior como héroes absolutos de este momento revolucionario.

Llegados a este punto tenemos que evaluar el papel de los militares.

Los militares, que ahora desfilan como héroes por nuestras calles, están al mando de los mismos generales que rodearon nuestras manifestaciones, machacándonos en la marcha ante el edifico Maspero. Son los mismos generales que vigilaban cuando asesinaron a 72 aficionados al fútbol y no intervinieron porque estos habían participado en la revolución. Son los mismos generales que enjuiciaron militarmente a 12.000 egipcios para infundir medio. Son los mismos generales que acaparan una gran parte de nuestra economía para sus propios intereses. Son los mismos generales que ordenaron los ataques contra nuestras protestas que causaron la muerte a Mina Danial, Emad Effat, Alaa Abd el Hady y cientos más, mientras hirieron, torturaron y encarcelaron a decenas de miles. Son los mismos generales que iniciaron el sectarismo y llevaron a cabo pruebas de virginidad para dividir la sociedad y aplastar cualquier forma de protesta pública.

En este ambiente político polarizado, los egipcios tendemos a olvidar el pasado demasiado pronto. Sufrimos de amnesia colectiva como instintiva defensa para superar nuestros miedos y situar nuestra esperanza en el espejismo de las promesas de cambio. El discurso de la democracia y la ilusión de un mundo mejor, una vida más rica y más libre es lo que tienta a muchos egipcios a poner una fe ciega en los que dicen que van a lograrlo.

Veamos el papel de los generales en momentos clave de la revolución del 25 de enero.

28 de enero de 2011: se habían estado produciendo fuertes protestas durante todo el viernes día 28 de enero, día de la ira, y todo el mundo fue cogido por sorpresa. Sin embargo, la constelación neo colonial de los generales y sus aliados internacionales, que habían sido socios de Mubarak de toda la vida, jugaron de manera inteligente. Quitaron a Mubarak del poder dos semanas más tarde, alegando que era para satisfacer las demandas de la revolución. La mayoría de los egipcios, que les agasajaron como a héroes y creyeron que la culpa de todo la tenía Mubarak, concentrando todos los males en un solo hombre y no en el sistema. Después de un periodo de gobierno directo, la Junta Militar entregó la mayor parte del poder a un "gobierno civil elegido en urnas" después de aceptar los términos de soberanía dividida. Ellos se eliminaban definitivamente a sí mismos de las responsabilidades directas por los fallos del gobierno, mientras que mantenían su parte del pastel político y económico. Su vasto imperio económico no podría verse amenazado.

3 de julio de 2013. Los militares repiten una táctica similar a la que llevaron a cabo después del derrocamiento de Mubarak. Esta vez estaban mejor preparados. Afirmaron que llevarían a la práctica las demandas del pueblo. Se adjudicaron todo el crédito por la gloriosa "Revolución del 30 de junio". Estos fueron los pasos para contener la ira de la revolución: el golpe en sí, no es la el derrocamiento de Morsi o de otros cargos oficiales. Es el intento de derrotar la movilización de las masas revolucionarias. Nuestra revolución derribó a Morsi, pero el golpe militar quiere adjudicarse su derrocamiento, apropiándose así el poder de las masas que lo hicieron posible. Esta vez fue diferente, esta vez los generales vieron que se hundía el barco y quisieron saltar fuera. El gobierno de la hermandad no solo había fracasado miserablemente, sino que también había empezado a creer que podían imponer su autoridad no solo en el Ministerio del Interior, sino incluso en las filas militares. Estos pasos amenazaban con asaltar la parte del pastel de los generales. El 3 de julio los líderes militares tuvieron suerte al librarse de una sociedad con los Hermanos que había salido mal, mientras recibían elogios sin precedentes de la población en general. Para sus apoyos internacionales el juego no había sido tan fácil. Naciones del primer mundo, especialmente los EE.UU. que se consideran los guardianes de la legitimidad democrática, han hecho todo lo posible para permanecer en la legitimidad de la Hermandad Musulmana, creyendo que así se alineaban con el poder interior. Lo que está en juego es lo que ellos consideran un discurso atemporal: el sufragio. Este discurso facilita las funciones de estos países dentro de una hegemonía global a través de la que alternativamente pueden condenar, reprimir y financiar a los líderes del tercer mundo. El voto en urnas (lo que llaman democracia) es la llave de oro para juzgar entre el bien y el mal como juez universal.

En suma, echemos un paso atrás.

No hay nada que se pueda llamar propiamente democracia en un contexto neo-colonial. Y tal es el caso de Egipto.

Además, la lógica de un golpe de estado contra un gobierno se desmorona por completo y sin la posibilidad de un orden democrático.

El poder de millones de egipcios en las calles el 30 de junio rompe la ilusión de la necesidad de la representación de las urnas y posee el potencial de dejar al desnudo la realidad neo-colonial.

El peligro consiste en que las fuerzas que mantienen la hegemonía sobre la sociedad están utilizando todos los medios a su alcance para evitar que llegue a buen término nuestra revolución. Se trata de un juego sucio, de manipulación abyecta de los acontecimientos recientes, para profundizar las divisiones internas de la sociedad egipcia con el fin de hacer inevitable el gobierno dictatorial, más violento y sin rendir cuentas a la población. Desde el 30 de junio estas criminales manipulaciones y burdas fabulaciones han supuesto un lamentable derramamiento de sangre entre los partidarios de la Hermandad y los civiles que protestaban, ya sea a manos de ellos o por el fuego cruzado entre bandas sectarias. Estamos atrapados en una situación en la que la población es rehén la muerte de muchas personas está siendo capitaliza por casi todas las élites políticas que luchan por el poder: los generales, la Hermandad y los liberales.

Hoy todavía estamos en medio de la Revolución del 25 de enero. Nos enfrentamos a la grave amenaza de su cooptación, pero hasta ahora el poder todavía reside en el pueblo. Para seguir luchando debemos recordar el pasado y al mismo tiempo ver nuestra situación inmediata a la luz de la constelación del poder global.

No estamos solos.

Aunque en muy diferentes contextos, como los de Basil, Turquía y Chile, en Grecia, España, Portugal o Estados Unidos, la gente está tomando las calles para interponerse en el camino del gobierno de las élites locales, por la lógica de su longevidad en el poder y la acumulación de toda la riqueza por las élites del 1%. Observar todos estos momentos y paisajes revolucionarios dentro de un contexto significa que, con o sin democracia, con o sin elecciones, el gobierno popular se constituye en la calle y fuera de las instituciones y oficinas gubernamentales. Como escribió Max Weber, la representación es una "estructura de dominación" y por tanto hay que mantener el grito de la revolución, "¡el pueblo quiere la caída del sistema!"

Nos encontramos en un punto de inflexión global. Tenemos que seguir luchando.

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Fuente:  http://www.jadaliyya.com/pages/contributors/26051
 


 

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