FLOR CERNUDA: PEQUEÑA BIOGRAFÍA

 

Por Manuel Lidón

Poemario de Flor Cernuda

 

El 31 de marzo, falleció una militante comunista histórica: Flor Cernuda. Flor nació en 1918 en Quintanar de la Orden. Hija de sastres, de niña pasó a vivir a Villacañas. Allí, a los 17 años, empieza a trabajar en el Socorro Rojo, siendo enviada a Valencia. Comienza a militar en las JSU para después incorporarse al PCE. Cuando estalla la guerra se traslada a Madrid, donde se incorpora al Comité Ejecutivo Nacional del Socorro Rojo.


Antes de acabar la guerra regresa a Villacañas, donde es detenida el 28 de marzo de 1939 y llevada a la cárcel del pueblo, donde le rapan la cabeza, le pegan e insultan. El 3 de abril es sacada junto al resto de detenidos a la plaza del pueblo a oír misa con la intención de quemarles a continuación. La compañía del Serrallo de África, que había entrado en el pueblo el día anterior, impide que se lleve a cabo esa masacre.


De allí es trasladada a la cárcel de Lillo, a la que conducen presos de toda la provincia de Toledo, donde será juzgada y condenada a 12 años de prisión. El 7 de noviembre de 1939 sufre un simulacro de fusilamiento. Su hermano, 3 años menor que ella, había marchado al frente y desaparecido. En noviembre de 1939 fallece su madre por “afección moral”, según el certificado médico, incapaz de soportar la situación de sus hijos y habiendo sido pegada en el pueblo.


El 28 de diciembre de 1939 es llevada al penal de Ocaña, donde pierde sus pocas pertenencias. Allí permanece 3 meses, conviviendo con diez presas más en una celda individual que no tiene luz ni agua, tan solo un retrete en un rincón. Allí, a consecuencia de las penosas condiciones, Flor contrae una grave infección en las piernas. De allí marcha a la prisión de Durango, en un largo viaje en tren donde Flor tiene que ir tumbada en el pasillo con las piernas abiertas a causa de las llagas que le provoca su enfermedad. Un guardia civil tiene que transportarla en brazos y es introducida en la cárcel en camilla. La prisión es un antiguo convento que no dispone de servicio médico. El único medicamento que puede tomar es la luz del sol, así que sus compañeras la bajan diariamente a la “sillita de la reina” desde el tercer piso hasta el patio. Al cerrar Durango como prisión, es trasladada a la prisión de Orúe, gestionada por monjas, donde pasa hambre y sufre vejaciones.


Con los primeros indultos sale en libertad pero es desterrada a Portugalete, donde pasa un año hasta que le levantan el destierro y puede regresar a casa de su padre, en 1943. A su regreso, en el pueblo es perseguida y asediada y tiene que marchar a Madrid donde se coloca. Su padre sigue sufriendo represalias en el pueblo, donde muere sin asistencia médica, que no se le proporciona por negarse a comulgar y confesar.


En aquellos años, hay mujeres que se cartean con presos políticos a los cuales acabarían conociendo en persona. Este es el caso de Flor. Conoce al que será su marido estando este en la cárcel. Entablan una relación epistolar que culmina en boda en 1949. Flor tenía 31 años.


Durante el franquismo, ambos militan en el PCE clandestinamente. En 1962 es detenida, llevada a Gobernación y torturada durante 4 días. La última detención la sufre en marzo de 1977, por pedir la amnistía de los presos políticos, y es llevada a Gobernación y luego a las Salesas.


Participó activamente durante muchos años en las actividades del Club de Amigos de la Unesco. Era muy aficionada a la poesía y escribió poemas dedicados a la Pasionaria, a Lorca y a las Brigadas Internacionales, entre otros.


En los últimos años de su vida permaneció en una residencia de ancianos y aunque su memoria se iba desdibujando, en cuanto tenía ocasión mantenía firme su reivindicación del Partido Comunista de España y del término “ROJO”.
(Resumido del texto de Javi Larrauri).


Flor Cernuda en el recuerdo


Desearía acertar al elegir las palabras que mejor expresasen quien era Flor Cernuda, mujer de apellido ilustre, y cual su relación con el Club de Amigos de la Unesco de Madrid, para intentar resaltar que era lo que ella sentía y veía en el CAUM.


Flor y Manuel, su marido y compañero de luchas desde los años treinta del siglo pasado, también fallecido hace bastantes años. Esos otros ámbitos sociales y políticos donde ellos militaron, supongo se encargarán de esa semblanza que ambos compañeros desarrollaron en tanto y cuanto militantes de ellos.


Flor y su marido Manuel, llegaron al Club en aquellos duros años de finales de los años 60 y principios de los 70, cuando la represión franquista contra el CAUM y todo lo que tuviese una actitud progresista y defendiesen las libertades más elementales y los Derechos Humanos, éramos víctimas de la más feroz represión del régimen.


Contribuir a desarrollar sus capacidades en la lucha por las libertades y la defensa de los Derechos Humanos, sistemáticamente violados, fue uno de los motivos que les indujo a integrarse en el CAUM.


Flor era una persona sencilla y entrañable, con una salud no muy fuerte, motivada por sus años de cárceles y represión, pero con una voluntad fuerte y firme compromiso en la defensa de unos Derechos sistemáticamente negados en cuanto Educación y todo lo relacionado con la Cultura y la Salud Pública y de dignificación del ser humano, todo aquello que trajo la República y que pocos años después sería barrido por el golpe militar fascista, con las secuelas que todos conocemos y al día de hoy seguimos padeciendo.


A través de la estructura organizativa del Club, estructurada a semejanza de la Organización de la UNESCO, el Club creó las comisiones de Educación, Ciencias y Cultura y posteriormente la de Información, con toda una serie de departamentos dependientes e integrados en cada una dichas comisiones, entre los cuales y otros muchos que no menciono, estaban los departamentos de Derechos Humanos; Paz y desarme; Educación para la Paz y la Comprensión Internacional; Plan Escuelas Asociadas de la Unesco, etc., donde los socios se integraban, planificaban y desarrollaban las actividades acordadas y que correspondían al área de trabajo en que libremente, cada uno había elegido para desarrollar sus iniciativas al respecto. Flor se integró fundamentalmente en el Departamento de Derechos Humanos, además de colaborar en el aula de Filosofía y Poesía.


Además, participaba en las tareas de secretaría (varios miles de socios), atendía a quienes se acercaban al Club pidiendo información y a cualquier tarea que necesitase su colaboración.


Quienes compartimos con ella muchas y largas, muy largas jornadas de trabajo y lucha, siempre recordaremos su entrega, cariño y ejemplo. Gracias Flor.

 

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Fuentes:

  • Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, de Tomasa Cuevas (Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2004).

  • Palabras desde el exilio,  de Laura Branciforte.

  • Entrevista a Flor Cernuda 9 enero 2010

  • http://www.javilarrauri.com/republica/flor_cernuda.html

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Poemario de Flor Cernuda

  

 

 

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