ABRIENDO EL GRIFO DE LA RESISTENCIA EN GRECIA

 

Por: Hilary Wainwright, de su página ZSpace *
Traducción de Enrique Prudencio
para Zonaizquierda.org


La privatización y la naturaleza del Estado se están situando en el centro de la lucha contra la austeridad en Grecia. La Troika de los tres prestamistas clave de Grecia    –Comisión Europea, FMI y Banco Central Europeo– está tratando de acelerar la liquidación de los bienes y recursos públicos del país, poniéndolos en una sociedad de cartera para subastarlos en rápida sucesión. El Fondo de Desarrollo de Activos de la República Helénica (TAIPED), como pomposamente se llama esta sociedad, bien podría ser una casa de subastas con un rótulo que rezara “Liquidación total: se vende Grecia. Gangas Inmobiliarias, empresas rentables a precio de saldo.”

La resistencia a este regalo al mercado empresarial se enfrenta a un desafío. En 2011, según sondeo de una reputada empresa demoscópica, el 75% de los griegos creía que era necesaria la privatización, porcentaje que se redujo al 62% en 2012, pero que sigue siendo más de la mitad de la población, incluido el 40% de los votantes de Syriza. Estas mismas encuestas, no obstante, señalan un punto vulnerable de la Troika: el agua, cuestión en que una mayoría se opone a la privatización. Y es precisamente por la privatización la causa de que la resistencia esté empezando a cobrar impulso al anunciar TAIPED que se invitará a presentar ofertas a las dos compañías estatales del agua antes del verano para su venta en octubre.

La privatización del agua ha demostrado ser el punto de mayor vulnerabilidad para los gobiernos que lo han intentado. En Latinoamérica las victorias basadas en la consideración del agua como un derecho humano, contra los gobiernos que creyeron poder venderla en el mercado mundial, contribuyó por ejemplo a la caída de los gobiernos de derecha de Uruguay a finales de 1990 o el de Bolivia con las “guerra del agua” de Cochabamba en 2000. Ahora, la defensa popular del agua como bien común, está comenzando a crear dificultades a los miembros de la Troika en terreno propio. En Francia, por ejemplo, el estímulo del presidente francés François Hollande a las empresas francesas del agua para animarlas a la licitación con el fin de iniciar la compra de las empresas griegas del líquido elemento, resulta poco convincente cuando el ayuntamiento de la capital de su propio país ha conseguido por su eficiencia un ahorro de más 35 millones de euros durante el primer año que ha vuelto a gestionar el agua directamente, cuando los gestores municipales se dieron cuenta de que las empresas privadas del agua extraían unas ganancias exorbitantes. La “remunicipalización del agua en París”, forma parte de la tendencia actual en toda Europa. En Berlín también han sido “despedidos” los contratistas privados. De Alemania parte igualmente la iniciativa de oponerse frontalmente a la privatización del agua, en la que tanto insiste la Troika. A finales de febrero, el presidente de la asociación de gestores públicos del agua de Alemania escribió una carta en términos muy firmes en nombre del servicio público del agua del país y las compañías de aguas residuales, a la presidenta de la Comisión Europea, insistiendo en que en la propia directiva de la UE sobre el agua, se establece que el agua “no es una mercancía”, y “el abastecimiento de agua, la evacuación de las aguas residuales y la gestión del agua no se puede privatizar”.

Primeras iniciativas

Las primeras iniciativas de resistencia política decidida contra la privatización del agua en Grecia, han partido de la segunda mayor ciudad del país, Tesalónica. Aquí, los pasos preliminares hacia la privatización en 2007, se paralizaron gracias a la resistencia de los trabajadores del Sindicato del Agua agua, que estuvieron 4 días en huelga de hambre durante la feria internacional del comercio. Las primeras ofertas fueron anunciadas en 2009 y esta vez el Sindicato –que al contrario de la mayoría de los sindicatos de Grecia ha mantenido con determinación su autonomía frente a todos los partidos políticos– respondió con una ocupación del edificio principal de la empresa que duró 12 días.

La reputación que el sindicato de los trabajadores del agua se granjeó entre los activistas y la unidad de acción que se forjó entre ellos en Salónica, ha demostrado ser la base sobre la cual se ha podido construir la creciente campaña de activismo actual. El presidente del sindicato George Archontopoulos dice que en 2009 él mismo se dedicó a informar personalmente a los grupos vecinales, exponiéndoles los argumentos contra la privatización. Ahora, dice, “siempre nos piden que vayamos nosotros y ellos son ya mucho más numerosos.” “Pasamos más de seis meses tratando de convencerlos de que actuamos como ciudadanos y no como trabajadores que tienen miedo a perder el puesto de trabajo”, continua. “¡La verdad es que nos estaban poniendo a prueba y no lo sabíamos!” Como se sabe, se lanzan montones de barro –a veces con razón– sobre los funcionarios públicos y también puede haber mucha corrupción en los sindicatos. “El sindicato ayudó a superar esta actitud generalmente negativa hacia los funcionarios públicos mediante la adopción de una línea militante no sólo contra la privatización, sino también contra la corrupción política y corporativa, contra la subida de los precios y la creciente supresión de puntos de acometida del agua. No es de extrañar por tanto que las nuevas energías y convergencias, estimuladas por la ocupación de la plaza de Torre Blanca de Tesalónica en 2011, dieran lugar a animados debates entre los indignados vecinos y los trabajadores del agua.

Iniciativa 136

A partir de esto vino la iniciativa 136. La idea consistía en que si cada usuario del agua comprara una parte intransferible,"el público podría ser dueño de la empresa" del agua a través de un sistema de cooperativas vecinales de usuarios del agua que se unirían a través de una sola cooperativa general. La cifra que se obtiene de dividir los 60 millones de euros por los que la empresa se va a poner en venta en el mercado de valores, por el número de contadores de agua de la ciudad, es de 136 euros. “Sería, en efecto, una respuesta pública-publica a la propuesta público-privada de la Troika”, explica Theodoros Karyotis, miembro fundador de la Iniciativa 136 de los movimientos sociales de Tesalónica, que también estuvo involucrado en el apoyo a los trabajadores de la fábrica Vio.Me de la ciudad durante su ocupación y ahora sigue involucrado en la autogestión de la producción. Georges Archontopoulos describe cómo “la idea salió por primera vez de una conferencia de prensa celebrada durante las luchas anteriores.” Para reforzar el argumento a favor de mantener el agua dentro del dominio público se dividió el precio bursátil por el número de usuarios del agua para mostrar cómo el público podía comprar acciones y así mantener la empresa en manos públicas. Junto con los indignados vecinos convertimos esta idea en una campaña práctica. En realidad, el impacto práctico de la Iniciativa 136 ha sido más importante por su capacidad propagandística – que ilustra claramente cómo el agua puede ser tratada como un recurso común “sin depender en ningún caso de las empresas privadas y superando la situación actual”, como aseguró Kostas Marioglou, otro dirigente de los trabajadores del agua. Aunque se han formado cooperativas en 8 de los 16 barrios de Tesalónica y el concejo municipal de la ciudad ha dado su apoyo unánime, la gente sencillamente no puede permitirse el pago único de 136 €. Y los municipios apenas tienen el dinero suficiente para seguir adelante. “Estamos bajo un ataque en todos los frentes”, declara Theodoros Karyotis, que acaba de regresar de una manifestación a la que han asistido unas 20.000 personas contra la explotación de la mina de oro El dorado situada en las cercanas montañas de Kavakos, y ha sufrido la represión brutal de la policía como cualquiera de los manifestantes, incluidos los niños de la escuela, sospechosos de apoyar la protesta. Pero los organizadores de la iniciativa 136 no abandonan el proyecto práctico. Se está negociando ahora con la influyente Red de Agua Pública Europea, en busca de los fondos necesarios para convertir en realidad la solución de mantener el agua dentro del sector público. “Ya no es una cuestión griega solamente. Se ha convertido en un tema emblemático para el movimiento social europeo”, explica Karyotis. Si no derrotamos la privatización, será un contundente revés, difícil de superar y poder volver a mantener el agua dentro de los servicios públicos, como está sucediendo en todas partes”.

Gran coalición

Al mismo tiempo que se sigue adelante en la búsqueda de los fondos y estructuraras legales para la opción cooperativa, todos los de Iniciativa 136 se dedican a crear una gran coalición. “Estamos trabajando sobre dos posibilidades. La primera es la creación de una alianza lo más amplia posible contra la privatización y como alternativa, la exploración de un medio de socialización directa” dice Theodoros Karyotis. “debemos unirnos contra la privatización”, subraya Kostas Marioglu “y ser capaces de encontrar la mejor manera de gestionar el agua para el bien común”. En cuanto a la unidad de la coalición, se produce un acalorado debate en torno a la Iniciativa 136. ¿Por qué hay que comprar lo que ya se tiene?, dicen muchos en Syriza. “el problema”, dice Karyotis “es cómo paramos la privatización”. El cabildeo, la protesta interna, tampoco nos lleva a ninguna parte”. “La Iniciativa 136 consiste en cierto sentido en luchar contra el sistema en su propio terreno, aprovechando un vacío legal, y esto es lo que hace difícil detenernos, si contamos los recursos y el apoyo popular. El objetivo es común”, insiste George Archontopoulos, que participó en las elecciones por Syriza, “incluso si disparamos desde diferentes direcciones, lo hacemos sobre la misma diana”. Mientras tanto, el movimiento del agua que se desarrolla en Attica, la región de Atenas está convergiendo sobre el mismo objetivo: la amenaza de la inminente privatización. Al igual que en la lucha contra la privatización del agua, está cobrando fuerza un flujo de campañas por todos de los municipios de Attica, desde el puerto del Pireo donde vive la clase obrera, a los barrios residenciales de Atenas.

Detrás de esto se encuentra un propulsor interesante, una nueva agrupación de trabajadores de EYDAP, la empresa pública del agua de Atenas. Se autodenomina SEKE (Movimiento de Unidad Participativa). Vasilis Tsocalis, miembro fundador de SEKE, dice que sus orígenes se encuentran en las elecciones para representes de los trabajadores a la Junta Directiva de EYDAP. “El año pasado, sin muchos preámbulos, nos reunimos gentes de la izquierda, y centro izquierda independientes de los partidos tradicionales. Queríamos deshacernos de los consejeros que llevaban ya más de 10 años en la Junta Directiva, uno miembro del PASOK y el otro de Nueva Democracia”, explica. Su gestión había sido realmente catastrófica, trabajando con la Administración y los partidos políticos, diciendo que estaban en contra de la privatización, pero sin hacer nada”. SEKE sacó el 17% de los votos. “Pero sabíamos que podíamos reforzarnos mediante la adopción de medidas junto con todos los demás que combatían las privatizaciones y exigían una gestión del agua para el bien común”, dice Tsocalis. SEKE se puso en contacto con Save Greek Water (Salvemos el Agua en Grecia) y juntos se pusieron a la tarea de convencer a los 45 municipios para que apoyaran el compromiso con el dominio público del agua.

Movimiento ciudadano

Vasilis Tsokalis dice enfáticamente: “Esto es un movimiento ciudadano”. Theodoros Karyotis hace hincapié en la importancia de la “autonomía de nuestro movimiento con respecto a todos los partidos políticos”. Su insistencia proviene de una experiencia vivida, en que se ha visto que la sociedad civil independiente ha sido asfixiada por los dos principales partidos políticos. Pero también viene de un deseo de emancipación respecto de las jerarquías, las dependencias y las diferentes formas de dominación asociadas a un funcionamiento basado en el clientelismo. En el pasado, muchos funcionarios públicos trataron privadamente de trabajar fuera de esta cultura, pero actualmente aquel rechazo individual se está convirtiendo en la creación colectiva de una forma alternativa de dedicarse a la política. En la estela de gran alcance del movimiento de protesta de los últimos dos años, florecen las colaboraciones autoorganizadas, como la Iniciativa 136, SEKE, la ocupación de la fábrica de Vio.Me y otras, son prueba de ello. Nadia Valavani, parlamentaria de Syriza y miembro de su comité económico responsable de la política contra la privatización, experimentó esta sensación cuando se produjo el crecimiento de Syriza en las primeras elecciones de 2012, cuando el voto de la coalición subió del 4% que obtuvo en 2009 al 27%. “Había algo más que simpatía política, recuerda ella. En las reuniones en las casas de la gente sentí una especie de proceso de emancipación. Había allí gente que no era especialmente de izquierdas que querían cambiar toda su forma de vida y ver el fin de la relación entre el clientelismo y la política. Ellos veían en nosotros una salida. Querían participar, no solo votar. Si yo no hubiera vivido todo esto personalmente, no me lo hubiese creído”. Esta emancipación también libera las capacidades productivas. Un ingeniero con un cargo de responsabilidad en EYDAP, Antigoni Synodinou, observa la “enorme cantidad de talento desperdiciado” bajo el clientelismo. Como dirigente sindical, George Archontopoulos describe cómo se ignora “la información y las opiniones de los trabajadores”. En otras palabras, la gente está describiendo una fuerza económica: la creatividad social, estimulada y alimentada mediante la cooperación y la reciprocidad. Convencionalmente se denomina “capital social” y se tiende a utilizarlo para fomentar las redes de cohesión social con el fin de hacer frente a las dificultades económicas, sin cuestionar las desigualdades estructurales. Dicho de forma más radical, con la transformación de la mente, esta misma capacidad social puede entenderse como el potencial productivo de la economía participativa, democrática, incluso en la organización del sector público.

Cambio de opinión

Las encuestas de opinión sobre la privatización implican que esas alternativas son esenciales para cambiar la opinión pública, porque las mismas personas que ven la privatización como una necesidad, también creen que beneficia a las multinacionales extranjeras y no beneficia a los consumidores. Esto implica que su visión tiene más que ver con la hostilidad hacia el Estado existente, un Estado que se inclinó a favor de los intereses de las empresas privadas. El problema es la falta de conocimiento de la gestión alternativa de los servicios públicos y bienes comunes. Los miembros del Comité de economía de Syriza están atentos a la importancia de las iniciativas autónomas de la coalición –de los ciudadanos y de los trabajadores como ciudadanos– para desarrollar alternativas convincentes y prácticas. En un libro de próxima aparición, Crisol de la Resistencia, uno de los portavoces económicos de Syriza, Euclid Tsakalotos, señala la importancia formativa del debate sobre gubernamentalismo en los primeros años de Syriza. La conclusión es que Syriza no solo apoya a los movimientos sociales sino que también “aprende de estos movimientos sobre la naturaleza de la alternativa”.

La dirección de Syriza ve este ideal de apoyar y aprender de los movimientos autónomos al mismo tiempo que aspira a llegar al gobierno, ya que se prepara para pasar de una coalición a una fiesta.

Andreas Karitzis explica: “Syriza es peligrosa porque combina dos elementos, que son la gobernabilidad y la fuerte conexión con los movimientos sociales que luchan contra el gobierno. La estrategia del Gobierno les obliga a decidir. Tengo total confianza porque los miembros de Syriza, ya sean más revolucionarios o más reformistas, reconocen que no existe solución si perdemos a los unos o a los otros.” Si la coalición contra la privatización del agua en Grecia, resistiendo y experimentando las alternativas al mismo tiempo, desarrolla su impulso, podría significar que el intento de la Troika para vender el agua, se convierta en otro intento fallido de la casta política. Atenas será el anfitrión de la “Cumbre” de Alter del 7 y 8 de junio.


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* Hilary Wainwright es editora-fundadora de Red Pepper y miembro del Instituto Transnacional.
Fuente: http://www.zcommunications.org/tapping-the-resistance-in-greece-by-hilary-wainwright

Publicado en Zonaizquierda el lunes, 27 de mayo de 2013.  


 

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