Organización política en Transición.

 

Por: Hilary Wainwright.
Traducción de Enrique Prudencio
para Zonaizquierda.org
 
En un contexto de incertidumbre y donde todo fluye y cambia con rapidez, puede ser conveniente empezar por lo específico. Mi punto de partida es Syriza, la coalición radical de izquierda enraizada en los movimientos de resistencia a la austeridad que se ha convertido en el principal partido de oposición en el parlamento de Grecia. La habilidad de Syriza para dar una voz política que aborda la ira y la desesperación de millones de personas ha abierto una vía de la cual podemos aprender.


No se trata solo del hecho de que haya crecido espectacularmente en voto popular, pasando del 4% del voto nacional en 2009 al 27% en junio de 2012, sobre la base del rechazo a las políticas impuestas por el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (ECB), sino también por el hecho de que este mandato electoral se ve reforzado por movimientos organizados y redes de solidaridad, construidas en parte por la propia Syriza.
 
Tampoco tratamos de insinuar que el éxito de Syriza sea estable o que el ímpetu se mantenga necesariamente. Uno de sus 71 parlamentarios, ex miembro del PASOC y líder sindical Dimitris Tsoukalas, advierte que los “votos pueden ser como la arena”. Vientos amenazadores soplarán persistentemente desde los medios hostiles decididos a explotar el menor signo de división; empezando por las élites europeas que están creando una atmósfera de miedo hacia la izquierda y siguiendo con el agresivo partido fascista que está explotando las tendencias xenófobas de la sociedad griega con cierto éxito, habiendo alcanzado el 7% de intención de voto en los sondeos.
 
Syriza no nos proporciona una plantilla para reproducir mecánicamente el modelo griego en todas partes, sino que nos muestra un nuevo tipo de organización política en período de formación. No obstante, conviene reflexionar sobre su crecimiento, que se ha producido paralelamente al colapso del Pasok (ha pasado del 40% de voto en 2009 a no más del 13% en 2012), muestra la debacle la socialdemocracia, especialmente en Europa. Tal reflexión estimula también la reflexión sobre las formas de organización política que puedan ayudarnos a nosotros a encontrar el camino para salir adelante.
 
El fracaso de los partidos socialdemócratas.
 
El dilema es este. Por un lado está la maleabilidad de los partidos socialdemócratas para lidiar con las acometidas del capital, llegando incluso a negociar seriamente con el neoliberalismo la austeridad impuesta a las masas como solución financiera a la crisis. En distintos grados, estos partidos están demostrando su incapacidad para hacer frente al desafío de un desacreditado proyecto neoliberal rechazado por las masas. La decadencia de la democracia y la cultura en el partido, junto a un atrincheramiento en las mentalidades orientadas al mercado, ha significado que en los partidos socialdemócratas las fuerzas por la renovación sean despreciables o muy débiles.
 
Por otro lado, la mayoría de las organizaciones políticas de la izquierda radical, con la notable excepción de Syriza, están en posiciones más débiles de lo que estaban antes de la crisis financiera de 2008. Además, las formas tradicionales de las organizaciones del movimiento obrero han quedado gravemente debilitadas. Ha habido un crecimiento impresionante de la resistencia y han surgido alternativas de muchas clases, muchas de ellas interconectadas y otras como Occupy, desacreditando la marca de un sistema que ya se veía chungo. Pero a través de que visiones estratégicas, formas de organización y medios de activismo político se pueden crear fuerzas perdurables de transformación, es una cuestión abierta y en discusión activa y generalizada. En otras palabras, mientras que la derecha, en forma de neoliberalismo, estaba lista para el colapso del bloque soviético en 1989, la izquierda, cuando se ha encontrado frente a un capitalismo al mismo borde del colapso, dada su habilidad para conseguir la ayuda del Estado, ha sido incapaz de encontrar una dinámica de cambio impulsada por sus valores alternativos y no ha generado las pertinentes alternativas para transmitírselas a la sociedad.
 
En su forma actual, Syriza ha sido forjada en el intenso fuego del más despiadado giro de tuerca de la austeridad. Syriza se va encontrar con muchos problemas, tanto dentro de su propia organización al cambiar de coalición de partidos y grupos para convertirse en partido con todos sus miembros ahora afiliados a la misma organización, como al encontrarse con las nuevas presiones que ejercerán sus oponentes dentro y fuera de Grecia. No obstante, después de entrevistar a un gran número de activistas, así como leyendo entrevistas e informes de otras fuentes, tengo la profunda convicción de que el largo y difícil proceso que lleva desarrollar una estructura y repensar una organización política más allá tanto del leninismo como del parlamentarismo está produciendo cualitativamente nuevos resultados.
 
Muchos de los recursos políticos que han conformado la respuesta de Syriza a los extremismos presentes y la han llevado a una posición única – pero no incondicionalmente – en que cuenta con la confianza de tanta gente en una sociedad como la griega, es el resultado de un considerable aprendizaje del proceso de ensayo y error de otros partidos radicales de toda Europa y la experiencia del Foro Social Europeo.
 
Este ensayo pretende contribuir a la continuidad de esta dialéctica de aprendizaje político transnacional de la izquierda. Por la generalización de las características distintivas de Syriza, y teniendo también en cuenta lecciones aprendidas de otras experiencias en que partidos con similares ambiciones no han sido capaces de sostener la dinámica transformadora, yo sugeriría  que en el enfoque de los problemas de la organización política, cuya consideración en profundidad podría ayudar a superar la encrucijada de la izquierda.


La transformación del Estado.
 
Al tratar de estos temas me centraré en el problema de la transformación del Estado. Este es un tema importante para Syriza mientras hace la campaña preelectoral y se prepara para acceder al gobierno y en contra un Estado especialmente corrupto y antidemocrático. Una de las cuatro secciones del programa con que se presentó a las elecciones de 2009, elaborado por miembros de Synaspismos, el partido más grande de la coalición Syriza, se titula “Reestructuración del Estado”.
 
 Mi esquema para abordar este tema fundamental contempla recursos autónomos de transformación democrática del poder del Estado que son decisivos para las posibilidades de cambio.
 
La dimensión económica resulta crucial aquí. El cambio político se ve seriamente obstaculizado si se carece de una base en las relaciones de producción no capitalistas, incluyendo la producción de servicios y cultura, aunque sea parcial e incompleto. Al mismo tiempo debemos decir que un compromiso conflictivo, tanto en la lucha por recuperar la riqueza y en la lucha contra el Estado, es una condición necesaria para el cambio sistémico. Tal compromiso tiene que estar arraigado en las fuerzas por el cambio democrático en la sociedad y rendir cuentas a las mismas. Sin una estrategia de este tipo para transformar el poder del Estado y romperlo cuando sea necesario, las luchas recurrentes por la transformación irán derivando en acciones contraculturales fáciles de contener y el potencial para involucrar la mayoría del pueblo no será posible.
 
Extraer lecciones de las manifestaciones locales.
 
Para desarrollar mi argumento, me baso sobre todo en la experiencia de la izquierda radical del partido Laborista en el gobierno del Gran Londres durante el período 1982-1986; y en la del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño en la apertura de las decisiones sobre las nuevas inversiones municipales a un proceso popular de toda la ciudad en Porto Alegre entre 1989 y 2004. A pesar de que estos casos son bien conocidos, sus lecciones para la organización política aún no han sido exhaustivamente asimiladas.
 
Lo que resulta significativo para mi argumentación es que sus logros (los experimentos de cada una de estas ciudades) suponen la distribución de recursos, y que durante un período de tiempo, el poder y la capacidad, desde el rico al poderoso y desde del pobre al marginado, dependió de la apertura y reparto de los recursos a fuentes autónomas de poder democrático en las dos ciudades. En otras palabras, combinaron las iniciativas para cambiar desde dentro de las estructuras gubernamentales como soporte para el desarrollo de fuentes más amplias y radicales de poder externo.
 
Pero resultó muy significativo no solo que tal orientación estratégica fracasara por el cambio del partido Laborista del Reino Unido, sino que el PT en Brasil tampoco adoptara esa estrategia dual una vez elegido a nivel nacional, lo que en parte explica las limitaciones del gobierno de Lula en el cumplimiento de muchas las expectativas del radical cambio social que había creado.
 
En los experimentos el Consejo del Gran Londres (GLC, siglas en inglés) y Porto Alegre los partidos políticos utilizaron los mandatos de su electorado para avanzar más allá de las limitaciones impuestas por el sistema existente en vez de reforzar y ampliar los desafíos a tales sistemas. El espíritu que encarnaban también se puede observar en las campañas masivas de trabajadores y usuarios de los servicios públicos contra la privatización que implican estrategias efectivas para cambiar la forma en que son gestionados los servicios públicos y cómo se administra el dinero público, arrastrando detrás de ellos a los partidos políticos.
 
Todas estas experiencias han puesto de relieve la importancia de la lucha para crear relaciones sociales no capitalistas en el presente en lugar de aplazarlas para “después de ganar el poder”. Las lecciones de estas experiencias locales, sin embargo, también pueden servir para repensar qué es necesario o qué organización política es la adecuada para un contexto de fuentes plurales de poder transformador.
 
 Al extraer y analizar estas lecciones, también debemos tener en cuenta que existen otros problemas distintos en el cambio del Estado y de las instituciones cuasi estatales a nivel nacional e internacional. Para comprender el amplio significado de la forma en que estas experiencias políticas locales combinan la lucha en su papel de representantes en el gobierno local con el soporte de los movimientos democráticos y las iniciativas externas, debemos distinguir entre dos significados del poder radicalmente distintos.
 
Estos son por un lado el poder con capacidad transformadora y el poder como dominación por el otro, como conteniendo una asimetría entre los que tienen el poder y aquellos sobre los que se ejerce. Podríamos decir que históricamente, los partidos democráticos de masas han sido creados en torno a una versión benevolente de la segunda definición. Sus estrategias han estado basadas en la conquista del poder del gobierno y el uso paternalista del mismo para cumplir lo que ellos creen que son las necesidades de la gente.
 
Tanto las experiencias del GLC a principios de la década de los 80 como las del PT en el gobierno municipal en la de los 90, fueron intentos de cambiar el Estado como medio de dominación y exclusión para convertirlo en un recurso para la transformación haciendo campaña electoral para conseguir cargos electos con el fin de descentralizar y distribuir el poder. Yo diría que Syriza está intentando llevar a la práctica el mismo proyecto a escala nacional.
 
Syriza y la dinámica del cambio social.
 
La característica que más distingue a Syriza, en contraste con otros partidos de la izquierda, es que no se ve a sí misma como poco más que un simple medio de representación política de los movimientos, sino que se encuentra totalmente involucrada en la práctica de propia creación de los movimientos. Su instinto político hace que sienta la responsabilidad de contribuir a la expansión política y al fortalecimiento de los movimientos por la justicia social como su más alta prioridad.
 
En las semanas que siguieron a elección de los 71 diputados en junio de 2012, sus líderes subrayaron la importancia de esto como la cuestión central para cambiar la idea de la gente sobre lo que realmente pueden hacer, desarrollando con ellos la conciencia de su capacidad de poder, como dijo Adreas Karitzis, uno de sus principales coordinadores. Mientras que el partido considera necesario el poder del Estado, está claro, en términos de Karitzis que “también resulta decisivo tu actividad en los movimientos y en la sociedad antes de la toma del poder. El ochenta por ciento del cambio social no puede venir a través del gobierno. Y esto no es hablar por hablar”.
 
Esta visión estratégica del cambio social ejerce su influencia en el modo en que Syriza está asignando los considerables recursos del Estado que recibe como consecuencia de su alto nivel de representación parlamentaria. El partido obtendrá 8 millones de euros (casi el triple de su presupuesto actual) y a cada parlamentario el parlamento le asigna 6 personas.
 
La idea es que la mayor parte de los nuevos fondos vaya a las redes de solidaridad de los barrios, por ejemplo para emplear personas que desarrollen iniciativas en lugares tales como centros médicos sociales, difundir las iniciativas que han tenido mejor acogida, conectar en directo y personalmente a la gente de las ciudades con los agricultores que producen los alimentos. Los fondos irán también a reforzar la capacidad de partido en el parlamento, pero la mayor proporción irá directamente al trabajo de Syriza en la creación de organizaciones extraparlamentarias para el cambio social.
 
De las cinco personas asignadas a cada parlamentario, dos trabajarán para el parlamentario directamente. Otro trabajará para los comités políticos compuestos de parlamentarios y expertos civiles y dos serán empleados por el partido en trabajar en los movimientos sociales y en los vecindarios.
 
Tras estas prioridades hay un proceso de aprendizaje derivado de la vulnerabilidad mostrada por los partidos de la izquierda en otros países europeos al dejar que las instituciones parlamentarias, con todos sus recursos y privilegios, se distanciara de los movimientos, cuya voz política han prometido llevar a las instituciones.
 
Comprometidos con la creación del movimiento tanto como con la creación del partido.
 
Desde sus orígenes en 2004 en pleno apogeo de los movimientos alterglobalización (que tuvieron un impacto especialmente fuerte en Grecia), Syriza estuvo más preocupada por la creación de movimientos para el cambio social que con el éxito electoral. También hubo un proceso de aprendizaje a través del Foro Social Europeo y después con el Foro Social Griego.
 
Esto no solo contribuyó a la clara visión estratégica de Syriza sobre los límites del poder del Estado para la transformación social, sino también a la autoconsciente insistencia en las normas del pluralismo, respeto mutuo y la apertura a la manera en que las personas expresaban su descontento y planteaban sus alternativas.
 
Proporcionándoles un recordatorio constante de la metodología política que estaban tratando de evitar, estaba el KKE, uno de los últimos partidos comunistas ortodoxos de Europa, seguro de sí mismo en su autoimpuesto aislamiento y temeroso de contaminarse de la heterodoxia. Los activistas de Syriza, por contraste, eran en mucho mayor grado parte de lo abierto, de lo plural, estaban interesados en la cultura y el mutuo aprendizaje promovido por el Foro Social Europeo y explícitamente, uno de sus objetivos era  que la nueva coalición oficial fuera infundida por todo ello. Los efectos de esto se reflejaron claramente en como Syriza involucrada con la rebelión de la juventud después del tiroteo de la policía, no empujara sobre las barreras y tratara de tomar el control. Y actuaron de la misma forma cuando los manifestantes se apiñaban en la plaza de Syntagma, a todo lo largo de 2011.
 
Los activistas de Syriza contribuyeron con sus propios principios  por ejemplo, no permitiendo ningún lema contra los inmigrantes. Y también los aplicaron con otros, como por ejemplo con los anarquistas, para encontrar soluciones prácticas mediante negociaciones generales. La rama juvenil de Synaspismos tenía una mesa cerca del comienzo de donde se congregaban los manifestantes de Syntagma para explicar y debatir este enfoque basado en unos principios.
 
Syriza ha sido también modelada por la cultura convergente de diferentes generaciones y tradiciones que componen la coalición. La generación más joven, que actualmente tiene alrededor de 30 años, vino a la izquierda independientemente de cualquier alternativa “realmente existente”. El liderazgo anterior había formado parte de la resistencia a la dictadura de las décadas de los 60 y 70. Muchos de ellos se convirtieron en la izquierda Eurocomunista de los años 80.
 
Ambas generaciones fueron muy activas en el movimiento alterglobalización y en el movimiento del foro social. Lo cual significa que los procesos colectivos de producción intelectual y cultural en los movimientos de resistencia a la globalización neoliberal de los años 90, tanto en Grecia como a nivel internacional, fueron cruciales en el desarrollo personal y político de los activistas de Syriza en lugar de ser una esfera en la cual hubiesen “intervenido” para promover una alternativa que ya había fuera, en otro sitio.
 
Los activistas de Syriza a todos los niveles se muestran enfáticos al asegurar que irán más allá de la protesta, así como de tener alternativas convincentes para la gente descontenta con el Estado corrupto de Grecia y con la “Troika” de la UE, el FMI y el BCE. Ello ha llevado a enfatizar el apoyo a las iniciativas que puedan significar una diferencia inmediata ahora en vez de esperar por la ascensión de Syriza al gobierno en unas elecciones. Al ser destruido el sistema público de salud como consecuencia de los recortes, por ejemplo, los médicos y enfermeras de Syriza están involucrados con otros colectivos en la creación de centros médicos para atender las necesidades sociales urgentes y al mismo tiempo presionar por el libre tratamiento en los hospitales públicos, mientras hacen campaña en defensa de los servicios de salud.
 
Syriza también está uniendo a los funcionarios públicos simpatizantes de primera línea, con maestros, otros expertos y representantes de las organizaciones de padres para preparar los cambios en la organización del Ministerio de Educación con el fin de que sea más sensible a las necesidades de las personas y paras desarrollar las capacidades naturales de los empleados del Estado que deseen realmente servir al pueblo.
 
También está inventariando la economía social y cooperativa del país para identificar cómo apoyarla políticamente ahora y a la vez investigar qué tipo de ayuda debería recibir cuando el partido llegue al gobierno para realizar así el objetivo de Syriza de una economía orientada a las necesidades sociales. La sensibilidad del partido al aumento constante de las formas de autoorganización de economía solidaria en medio de la crisis, reconociendo su potencial en términos de construcción de una dirección alternativa de la sociedad, es una reminiscencia de lo que Andre Gorz quería decir al plantear el concepto estratégico de reformas no-reformistas en su estrategia para el Movimiento Obrero, donde él subrayaba la importancia de “capacitar a los trabajadores para que vean el socialismo no como algo situado en un más allá transcendental, sino como el objetivo visible de la praxis en del presente”
 
Cuando Alexis Tsipras declaró que el partido estaba preparado para el gobierno, en base a un rechazo inequívoco del memoranda de política económica, se concentraron las mentes y la disciplina organizativa de los activistas de Syriza. El estilo y la cultura de la organización dio paso a una campaña resuelta en la que la lealtad a este o al otro grupo o tendencia de dentro de la coalición se debilitó y emergió un nuevo sentido de la disciplina a la organización Syriza.
 
Pero también surgieron quejas acerca de una cierta capacidad sobre cuándo y dónde debían tomarse las decisiones y cómo influir sobre las mismas y se expresaron temores de que el gran aumento de diputados del grupo parlamentario podría reforzar a este y convirtiéndolo en demasiado autónomo. Y existe un reconocimiento del peligro de que Tsipras se convierta en una celebridad simbólica, con lo que el futuro del partido podría acabar dependiendo de él, debilitando la democracia interna del mismo y diluyendo el debate (sombras de Lula en Brasil, sombras también de Papandreu en 1981). Aunque la coalición está unida en torno a la importancia de sus reivindicaciones al gobierno, también se piensa mucho en cómo compartir el liderazgo, cómo mantener las responsabilidades ante los activistas del partido y el movimiento, cómo sustentar una cultura crítica y politizada de debate y al desafío y la estrategia de la militancia: en otras palabras, cómo evitar convertirse en “otro Pasok”.
 
Repensar el sufragio: de la atomización a la representación social
 
La experiencia de Syriza presenta un enfoque práctico a las recientes discusiones del movimiento alterglobalización sobre si en las democracias liberales se debe participar en el sistema político para luchar contra el mismo, o mas bien buscar la representación política solo para cumplir su capacidad propagandística, y en tal caso con qué formas de organización.
 
La combinación autoconsciente de Syriza de organizar un gobierno con la ampliación de su capacidad autónoma para cambiar el sistema político – mediante el trabajo solidario con la comunidad, la agitación en la base de los sindicatos, junto con campañas por los derechos sociales y políticos, así como contra el racismo y la xenofobia, etc. – plantea de nuevo la cuestión de si el voto es todavía un recurso para la transformación social o una fuente perpetua de desilusión y alienación.
 
En otras palabras: en las existentes instituciones de la democracia parlamentaria, ¿puede una fuerte representación parlamentaria, junto con los esfuerzos para cambiar estas instituciones, fortalecer una lucha más amplia para conseguir de alguna forma poner fin al poder capitalista, al poder de los mercados financieros, de la banca privada y del empresariado, todo entrelazado y garantizado por las instituciones del Estado? Mi respuesta es positiva, aunque
muy condicional.
 
En los más amplios términos, la condicionalidad está basada, organizativa y culturalmente, en ser capaces de entender a la ciudadanía como un cuerpo social y concreto. En las sociedades de hoy en día, plagadas de desigualdades, esto implica un compromiso con las políticas electorales mientas que al mismo tiempo se mantiene una contundente contra lo que ha quedado tras el sufragio universal: una igualdad abstracta, formal políticamente, pero en realidad, una sociedad radicalmente desigual.
 
Muchos hombres y mujeres desposeídos y quienes con ellos lucharon por el derecho al voto, imaginaron que tras la exposición de su situación, la superación de las relaciones de desigualdad y explotación estarían en el corazón de los políticos parlamentarios. Para los Cartistas y muchas sufragistas, el voto era la apertura de una nueva fase en esta lucha política y no un plató en el cual se arrellanasen los diputados. La política para los Cartistas, sufragistas y cuantos habían luchado por el sufragio universal, era una forma de “estar presentes” en las luchas del sistema político sobre las desigualdades sociales y económicas.
 
La habilidad del “stablishment” británico, a veces con la complicidad, tácita y explícita, de los parlamentarios del partido Laborista y del liderazgo sindical, para contener este potencial dinámico es solo un ejemplo bien documentado de un fenómeno común en diferentes formas de democracias liberales.
 
El resultado es una forma estrecha de representación en la que los ciudadanos son tratados como individuos de una forma enteramente abstracta, en lugar de como una parte de la sociedad encastrada en el parlamento y actualmente con relaciones desiguales.
 
Este es un proceso político que tiende en consecuencia a disfrazar y disimular en vez de exponer las desigualdades y a proteger en lugar de desafiar al poder económico privado.
 
Retorno a las raíces de la democracia radical.
 
Esta tendencia ha estado muchas veces en tela de juicio por parte de las últimas generaciones. Han levantado los éxitos de la democracia radical de los pioneros tratando de romper la corteza protectora de las políticas parlamentarias y abrir las políticas al impacto directo de las luchas que están cambiando el equilibrio del poder en la sociedad.
 
Hay mucho que aprender al respecto de dos experiencias, la administración radical laborista del Consejo del Gran Londres y la del gobierno del PT en Porto Alegre. El liderazgo político de ambos construyó su estrategia para llevar a la práctica un mandato electoral radical en el reparto del poder, recursos y legitimidad de los ciudadanos organizados autónomamente en torno a temas de igualdad social y económica.
 
Estos políticos municipales empezaron a partir del reconocimiento de que las realidades para cuyo enfrentamiento y resolución habían sido elegidos –de poder económico, raza, género y muchas más – necesitaban fuentes de poder y conocimientos que iban más allá de los que el Estado podía resolver por sí solo.
 
En ambos caso, el mandato era para unas políticas de las que iban a aprender y no iban a repetir los compromisos del pasado, tanto a nivel nacional como local. En el caso del GLC, el liderazgo de izquierdas del partido laborista de Londres, influenciado por una feroz controversia con el partido nacional, estaba decidido a evitar el fallo del gobierno que el partido Laborista cometió en 1974-79 para implementar un mandato electoral radical.
 
Esta fuerte voluntad política, junto con una participación directa la vida comunitaria, el feminismo, el sindicalismo y los movimientos antirracistas, llevaron a los futuros concejales a conocer a muchas organizaciones que compartían a grandes rasgos sus objetivos y se unieron con ellos para redactar un detallado manifiesto. Y este se convirtió en el mandato de la nueva administración tras ganar el partido Laborista las elecciones del GLC en 1981. Era el punto clave de referencia en los conflictos con las autoridades oficiales tanto en el Ayuntamiento como al otro lado del río en el “thatcheriano” Westminster y Whitehall, fuente de legitimidad moral para el radicalismo de las políticas del GLC.
 
En el caso de Portoalegre, la forma de gobernar la municipalidad en plan de “darlo por sentado” había involucrado a élites locales de los partidos en el trapicheo de negocios mutuamente beneficiosos , tipo “hoy por ti mañana por mí”, reproduciendo una corrupción estructural y un secretismo que garantizaban que el ayuntamiento servía efectivamente – o al menos no los estorbaba- los intereses económicos de las 15 familias que dominaban la economía local como terratenientes, propietarios de solares y empresarios industriales.
 
La misión del PT, como parte del compromiso contraído para corregir las graves desigualdades políticas y económicas del gobierno brasileño, era poner fin a todo esto. Bajo el liderazgo de Olivio Dutra, se comprometió a trabajar con las asociaciones de vecinos y otros movimientos de base a hacer públicos los procedimientos presupuestarios, financieros y de contratación del ayuntamiento.
 
En ambos casos las estrategias resultaron efectivas para conseguir muchos de sus objetivos. Tan efectivas que en diferentes sentidos provocaron que los intereses creados a los que se enfrentaban tomaron medidas, igual de efectivas en sus términos reaccionarios. Estas experiencias y en particular la crucial relación entre los ciudadanos organizados autónomamente y el estado local fueron producto de circunstancias históricas especiales.
 
Tanto el Partido Laborista británico como el Partido de los Trabajadores brasileños fueron producto de los movimientos laborales y sociales junto con los intelectuales de izquierda, aunque sus orígenes históricos estaban basados en diferentes formas de entender la democracia y de aquí las diferencias estrategias sobre la política representativa.
 
Mientras que el PT fue creado para dotar de un liderazgo democrático a la lucha contra la dictadura, el Partido Laborista se fundó para proteger y ampliar los derechos y provisiones sociales de los trabajadores en una democracia parlamentaria. El Partido Laborista partía de una casi sacrosanta división entre lo estrictamente laboral y lo político, esferas respectivas de los sindicatos y los partidos. Las reglas que regían la relación habían sido notablemente flexibles; de lo contrario esta “alianza contenciosa” no hubiese sobrevivido.
 
Allá por la década de 1950 esta división del Laborismo había producido una división profundamente institucionalizada entre la rama política y la sindical del Partido Laborista, que progresivamente consideró que lo más adecuado era que la política tuviese lugar solo en los estrechos confines parlamentarios. Los sindicatos podían ejercer presión y como parte del Partido Laborista apoyar resoluciones proponiendo lo que el gobierno debería de hacer. Pero tomar parte directa en los asuntos políticos, incluyendo los de amplio contenido social, estaba fuera de sus límites.
 
El Consejo del Gran Londres.
 
El Partido Laborista de Londres de 1981 tenía un carácter muy distinto. Era el producto de un poderoso desafío a esta fracción moderada del laborismo que se acercó peligrosamente (a ojos del establishment británico) a la ruptura de las barreras protectoras que el reaccionario Reino Unido había levantado contra el espíritu rebelde de lo que entonces era uno de los movimientos sindicales mejor organizados de Europa.
 
El Partido Laborista de principios de la década de 1970 estaba en la oposición y radicalizándose como reacción al colapso político y al compromiso del gobierno de Wilson durante los años comprendidos entre 1964 y 1970. En ese momento el Partido Laborista,  totalmente apartado del liderazgo parlamentario, abrió sus puertas a la influencia de los movimientos sociales, incluyendo a las bases y parte de la dirección de los sindicatos.
 
Se redactó un manifiesto de una forma relativamente abierta y participativa que no solo trataba de la ampliación de la propiedad pública, sino que además dotaba de poder a las organizaciones sindicales en los centros de trabajo.
 
En el gobierno, sin embargo, bajo las presiones de la City, reforzadas por las tendencias de Estados Unidos y el FMI a favor de la desregulación financiera, se cerraron las puertas por el liderazgo parlamentario. El resultado fue una lucha sin precedentes en todo el movimiento laborista, que avanzó hasta crear un conflicto - no sobre estas o aquellas decisiones políticas - sino sobre la propia naturaleza de la representación. Esta lucha ha sido bien documentada.
 
Hacia mediados de la década de 1980, la izquierda perdió la batalla por el cambio del Partido Laborista y con ella su naturaleza de representante político de la clase obrera. Mientras tanto la izquierda no solamente ganó el control de la capital en 1980 y lo mantuvo, con el apoyo de la mayor parte de los sindicatos, sino que su victoria en las elecciones al GLC ganó el control sobre una autoridad estratégica que controla un presupuesto mayor que muchos estados nación. Tenía la capacidad, la voluntad, los aliados y parte de los poderes legislativos, para implementar políticas radicales, antes de que el gobierno Thatcher comenzara a desmontarlo todo.
 
Una vez instalados en County Hall, los concejales laboristas, empujados por las luchas y por las organizaciones en las que muchos de ellos militaban, que de hecho se habían convertido en concejales a perseguir, el control del GLC se repartió entre concejales, funcionarios del gobierno local, Organizaciones de ciudadanos autónomos (incluyendo los sindicatos) y la mayoría de los ciudadanos de Londres.
 
El Partido de los Trabajadores en Porto Alegre.
 
Durante un breve período de tiempo, este significativo Partido Laborista local se comportó de una forma comparable al Partido de los Trabajadores de Brasil, a 6.000 millas de distancia. La diferencia del PT, por lo menos desde su fundación en 1980 hasta el final de la década 1990 ( y su importancia por lo que atañe a nuestra discusión sobre las condiciones bajo las cuales la democracia representativa podría ser un recurso para la transformación social), es una práctica política basada en la creencia de que los fundamentos de la democracia formal – sufragio universal, libertad de expresión, derecho de reunión, prensa libre, pluralismo político y Estado de derecho -, deben ser reforzados por instituciones efectivas de democracia popular participativa , igualdad política y control popular, para que se pueda alcanzar la democracia.
 
Esta fue la lección que aprendió el partido no solo de la experiencia de derribar una dictadura sino también de las extremas desigualdades de la sociedad brasileña, que convertían las reivindicaciones puramente legales de una igualdad política en una burla participativas desarrolladas por los movimientos sobre los que fundó el PT, principalmente los sindicatos militantes y el movimiento de los sin tierra.
 
Estas formas participativas fueron posteriormente desarrolladas a través de la propia toma de conciencia y de un proceso colectivo de ensayo y error en la realización participativa del propio presupuesto, en varias de las mayores ciudades, además de Porto Alegre. La cultura y mentalidad del partido al abordar la participación popular resultó muy importante también. Esto se basó en las tradiciones de la educación popular que – más directamente en el caso de Paulo Freire – fueron efectivamente una forma de elevación de la conciencia política basada en el principio de permitir a la gente que se haga consciente de sus capacidades.
 
El resultado de lo anterior fue un partido que se había comprometido a desarrollar instituciones de control popular a través de las cuales trataría de compartir el poder y a reforzar las capacidades de transformación. Hay muchos ecos del PT en el carácter de Syriza, como un reflejo quizás de su historia común de lucha contra la dictadura. Volviendo a la distinción entre poder en el sentido de capacidad transformadora y poder como dominación, podemos ver cómo, en ambos casos, los liderazgos políticos radicales intentaron utilizar el poder del Estado de dominación – en lo relacionado con las finanzas y la tierra en particular – como recurso para aumentar la eficacia de la capacidad transformadora popular.
 
Así, en Porto Alegre y otras ciudades brasileñas que desarrollaron procesos de participación presupuestaria, después de ganar las elecciones más importantes y conseguir el control centralizado sobre el presupuesto, el partido efectivamente delegó el poder sobre las nuevas inversiones y prioridades de la descentralización ordenada del presupuesto participativo.
 
Al mismo tiempo, se creó un grupo para trabajar con las diferentes organizaciones vecinales para facilitar el proceso de descentralización. Esta era la organización del ciclo anual de reuniones vecinales y regionales donde se planteaban las propuestas de nuevos gastos; evaluadas según el marco de criterios técnicos y sustantivos acordado; discutido y elaborado, pero en un proceso transparente y regulado según un modo de toma de decisiones y negociación horizontal; y después finalizado a través de un comité compuesto por delegados de los diferentes barrios de la ciudad y varias asambleas temáticas junto con los representantes del alcalde. La progresión de la puesta en práctica de las decisiones previas también se monitorizaba mediante este proceso abierto, apoyado por la oficina presupuestaria del alcalde.
 
En el caso del GLC, también existía la misma combinación de actuación del consejo que utilizaba su poder y recursos centralizados para delegar el poder en las organizaciones ciudadanas con el fin reforzar la capacidad de los londinenses como trabajadores o como ciudadanos de determinar las decisiones que afectaban sus vidas.
 
El GLC, por ejemplo, utilizaba su poder para comprar suelo con el fin de evitar que los promotores inmobiliarios y constructores destruyeran el interior de una ciudad y después delegaban la gestión del suelo en la alianza de la comunidad local, que durante la resistencia opuesta para que los promotores y constructores, no se apropiaran del suelo habían trabajado en su propio plan de área. Creaban una Unión Temporal de Empresas Públicas, que salvaban a las empresas de la quiebra con la condición de que los sindicatos en esas empresas tuviesen ciertos poderes sobre el uso de los recursos. Levantaban una oficina central, centro del consejo con autoridad para monitorizar la implementación de otros departamentos del mandato electoral, incluido el compromiso de la participación popular.
 
En otras palabras, el poder centralizado para fijar tasas o impuestos, para controlar el uso del suelo y así sucesivamente, estaba combinado con una descentralización y delegación de forma que el poder de fiscalizar la distribución y gestión de recursos se compartía con los grupos populares. Como en cualquier experimento responsablemente realizado, debían ser reflejados los problemas, al igual que los objetivos y los éxitos conseguidos.
 
Cómo aprender de los fracasos y las debilidades
 
Estos problemas arrojan una luz dura sobre las tensiones entre las formas de organización política históricamente desarrolladas entre los políticos liberales con representación delegada que luchan para ganar y mantener el cargo dentro del estado y las formas y de organización política necesarias para crear un control popular sobre el Estado. En una medida significativa, las innovaciones políticas dirigidas al segundo objetivo, en ambos casos, desarrolladas mediante el ímpetu del proceso de creación dentro del vecindario, del centro de trabajo y de la organización de los movimientos sociales ya formados. Las presiones de lo inmediato que a veces producen problemas difíciles en la verdadera práctica de las relaciones entre las partes, las iniciativas autónomas y los movimientos, no siempre eran reconocidos y debatidos públicamente.
 
En el caso del GLC, el énfasis puesto sobre la necesidad de trabajar con movimientos cívicos y sindicatos se reforzó por la naturaleza limitada de sus propios poderes oficiales para llevar a la práctica el compromiso del radical manifiesto. Gran parte del proceso práctico y político de la relación entre el consejo y estas organizaciones independientes dependía, sin embargo, de los funcionarios del GLC designados (muchos de los cuales tenían experiencia en algún tipo de movimiento) y los concejales comprometidos más comprometidos con las organizaciones de base del Partido Laborista.
 
Un compromiso continuo con los movimientos autónomos, más allá de las relaciones institucionales con los sindicatos, no era algo muy habitual entre los hábitos políticos de los Partidos Laboristas locales. Esto comenzó a cambiar a principios de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, alcanzando su apogeo con el apoyo de los Partidos Laboristas locales y los sindicatos organizados con otros en comunidades y centros de trabajo de todo el país, incluyendo Londres, durante la huelga minera de 1984-85. Pero este movimiento de cultura orientada a la lucha social no se atrincheró lo suficiente para resistir la derrota que le infligió el gobierno Thatcher, incluyendo la abolición del propio GLC como gobierno electo de Londres.
 
En Porto Alegre, donde las relaciones entre el PT y los movimientos sociales eran muy estrecha, co mucho solapamiento de sus miembros, uno de los mayores problemas fue el gran número de líderes activistas que salieron elegidos cargos públicos, debilitando tanto el partido, al estar fuera del gobierno, como a la comunidad autónoma y a la organización del movimiento social.
 
Un segundo problema era el concerniente al propio presupuesto participativo. Aunque todas las evidencias apuntan a un incremento significativo de la participación y crecimiento de la autoconfianza y capacidad organizativa, especialmente entre los pobres, mujeres y negros, emergió una limitación importante en cuanto al grado en que el presupuesto participativo desarrolló capacidades transformativas populares más allá la formulación de demandas pragmáticamente priorizadas.
 
La causa de esta limitación reside en la separación del proceso de confección del presupuesto participativo, de la acción política estratégica, como por ejemplo en la planificación urbana: Mientras que la participación en la confección del presupuesto participativo creció numéricamente y los participantes ganaron confianza y conciencia política, los activistas, incluyendo a los de las zonas más pobres, presionaban por informarse e involucrarse en la planificación política. Aunque esto nunca se planteó de una manera totalmente abierta.
 
Los participantes que observaron de cerca el proceso sugieren varias explicaciones. Una es que el PT, dentro de la municipalidad, nunca pudo ejercer un control suficientemente centralizado sobre el funcionamiento de los diferentes departamentos para implementar este deseo de los participantes con el fin de elaborar el presupuesto de forma realmente participativa. Los funcionarios de planificación resultaron especialmente “protectores” de los intereses de sus departamentos. Sergio Baierle indica que también reflejaba el desarrollo de “cuadros gubernamentales” dentro del PT, que se distanciaron de la comunidad de activistas y se comportaban de forma paternalista con estos.
 
Un tercer problema con el proceso del presupuesto participativo fue la ausencia de debate público y de las líneas maestras del mismo para someterlas a la aprobación del ayuntamiento y la organización comunitaria encargada de la provisión de servicios tales como el cuidado de los niños y el reciclado de residuos urbanos. La insuficiente insistencia sobre ciertos niveles de igualdad, democracia y eficiencia pública - un tema muy bien desarrollado en los procesos de conceder gratis del GLC - , significaba que el proceso de descentralización de recursos a las organizaciones de la comunidad dirigido por el PT
era vulnerable a la invasión de la vía neoliberal de la administración de la comunidad, cuyo destino era usualmente alguna forma de privatización.
 
Los problemas surgidos en Londres y en Porto Alegre no eran necesariamente insuperables. Ambos procesos habían desarrollado una cierta capacidad de innovación de nuevas técnicas mediante ensayo y error. Pero en ambos casos la imposición de políticas orientadas al mercado cerraron el espacio para un desarrollo más profundo de estas experiencias orientadas a la democracia en vez de a las reformas dictadas por el mercado.
 
En el caso del GLC, su abolición tuvo lugar durante el periodo en que la derecha neoliberal se encontraba en su marcha triunfal. Además, algunas corrientes de la izquierda, incluyendo aquellas cuyas visiones del socialismo habían sido ligadas a la suerte de la Unión Soviética (o como Tony Blair, que no tenía visión alguna del socialismo), se volvieron enteramente defensivos, convirtiéndose en ingenuos nuevos conversos del capitalismo de mercado, como fuente de eficiencia y “modernización”. Como resultado, solo defendieron débilmente - a veces incluso atacaron- la innovación del GLC. Con toda certeza, trabajaron para borrarlo de la memoria, en lugar de para aprender de ello.
 
En el caso de Porto Alegre, la derrota del PT en 2004 fue el resultado de muchos factores, incluyendo una cierta pérdida del rumbo en la dirección del PT local y la decepción con los primeros años de gobierno de Lula al sucumbir a las presiones del FMI.
 
Resulta significativo que el desarrollo completo de ambos experimentos se viera frustrado por el impacto que tuvo sobre dos partidos laboristas el ímpetu global del neoliberalismo, ya que ambos procesos ilustraban en la práctica la respuesta directa a la política de sometimiento a los mercados. Esta política se interpuso en el camino del desarrollo de una alternativa antimercado que respondía a severas fallas democráticas en la administración pública, mientras seguía reconociendo la importancia del Estado en la distribución de la riqueza y en la provisión de servicios esenciales e infraestructura. Mientras que la conversión de la socialdemocracia al paradigma del neoliberalismo significó la absoluta desregulación del mercado, dejándolo cual can asilvestrado y sin bozal, como si la fiera suelta pudiese ser la nueva energía necesaria para reformar los rutinarios e irresponsables órganos del Estado. El PT de los primeros tiempos y la izquierda radical de Londres (y de otros lugares) buscaron formas de democracia abandonando la creatividad que permanecía latente entre las masas del pueblo como fuente de la nueva energía necesaria para la administración de los recursos públicos para el bien público.
 
El intento de destrucción de esta opción a través de la imposición ideológica generalizada de la dicotomía de una vieja izquierda estatista contra el dinamismo y el emprendedurismo del capitalismo de mercado, fue en efecto una continuación de la mentalidad de la guerra fría en el siglo XXI. Las alternativas de izquierda no fueron totalmente desarrolladas precisamente debido al éxito de esta imposición.
 
Pero cuando buscamos las fuentes en las que ahora puede crecer una política alternativa, es importante recordar que la transformación alternativa no desapareció totalmente. Esta se ha visto en Brasil, sino en el propio PT, ha sido a través de movimientos altamente politizados y redes tales como el Movimiento de los Sin Tierra. Mientras que en el propio Reino
Unido ha sobrevivido en espíritu en varias campañas, desde la que derrotó la encuesta fiscal de la Thatcher, a las más recientes, como por ejemplo la del Reino Unido contra la evasión del impuesto de sociedades, combinando formas creativas de acción directa con la investigación de académicos comprometidos, periodistas y denunciantes de los sindicatos, seguidos por parlamentarios comprometidos.
 
Luchas para transformar el Estado
 
Aquí quiero reflexionar especialmente sobre los numerosos movimientos e iniciativas que emprendieron luchas contra la privatización desde mediados de la década de 1990. Muchas de estas fueron también luchas para transformar el Estado. Existen suficientes ejemplos por todo el mundo para sugerir que estas indican un significativo desarrollo dentro de los sindicatos del sector público y de alianzas más amplias, especialmente a nivel local, pero con apoyo nacional e internacional.
 
Estas experiencias muestran una respuesta positiva a la superación de la división entre las características laborales y las características sociales de los movimientos sindicales, como se ha señalado anteriormente, entre el sindicalismo cuando actúa dentro de las relaciones industriales y el contrato de trabajo y los partidos tomando responsabilidades en temas políticos más amplios, incluyendo el estado del bienestar.
 
Aquí, en la negativa de los sindicatos a aceptar la privatización de los servicios públicos y las empresas que prestan estos servicios, y al mismo tiempo expresar la reafirmación y renovación del objetivo de maximizar el beneficio público en vez del lucro, los sindicatos están tomando responsabilidades directamente como ciudadanos al defender lo que está en la esfera de la representación política.
 
En un sentido, están defendiendo el uso anterior del Estado al redistribuir y desmercantilizar; pero además están abriendo una dinámica de renovación y transformación de esas relaciones no mercantiles. ¿Qué es lo que hace que estas luchas sean transformadoras, yendo más allá en la defensa de las relaciones existentes e iniciar una nueva dinámica que libera las capacidades creativas y el poder de la clase trabajadora?
 
Aquí clave para el desarrollo es que las organizaciones sindicales enraizadas en centros de trabajo específicos y cooperando con las asociaciones de usuarios y las comunidades vecinales, han empezado a luchar por los valores de uso producidos por sus miembros, en lugar de reproducir simplemente las relaciones de la producción de mercancías y la negociación sobre el salario y las condiciones en el trabajo.
 
De hecho, para ganar la lucha por los servicios públicos han modificado su organización, pasando de una forma de representación y movilización a un medio que además atiende democráticamente la socialización del conocimiento y experiencia que los trabajadores – y usuarios – ya que la que poseen en la forma fragmentada de servicios que prestan o usan y aportando una visión completa de cómo el servicio podría desarrollarse y mejorarse. Están en efecto superando el carácter alienante del trabajo una parte de la lucha por la defensa pero también tomando conciencia del potencial total de la provisión no mercantilizada de la esfera pública.
 
Organización política en transición
 
Todos los ejemplos de este ensayo ilustran la transición del cambio socialista como centrado en torno al estado para una mejor comprensión del poder transformador organizado en la sociedad. El gobierno – local, en estos casos – sigue siendo importante, no como primer elemento del cambio, sino como poseedor de poderes específicos de redistribución y socialización del suelo y las finanzas, así como en la defensa de los servicios públicos.
 
Hay poderes que pueden dar cabida a las capacidades de los ciudadanos autoorganizados para resistir y trasformar, ambos en formas que puedan utilizarse contra el capital y de maneras que puedan facilitar la autoorganización y apoyo a la gestión democrática y descentralizada de los recursos públicos, incluidos como bienes comunes. ¿Qué podemos concluir acerca de las implicaciones de esta transición para la naturaleza de la organización política?
 
Hemos vislumbrado a través de los ejemplos del GLC, Porto Alegre y la resistencia transformadora a la privatización, la multiplicidad de formas de organización política e iniciativas en las que el objetivo de representación política y/o participación en el gobierno es solo una parte del proceso de cambio.
 
Durante las pasadas cuatro décadas, el concepto de “político” ha adquirido un significado más amplio que engloba la preocupación por la transformación de las relaciones de poder a través de la sociedad. Muchas de las iniciativas que son, en este sentido, políticas se enfocan en un punto o relación social y lo hacen con una visión más amplia y con un conjunto de valores en mente.
 
Un aspecto de esta interpretación más amplia de la política es la forma en que estas actividades están creando cada vez más alternativas en el presente que no ilustran solamente el futuro para el que están trabajando sino que buscan también abrir dinámicas de cambio más profundas. A este respecto hicimos una comparación con una estrategia innovadora pensando en André Gorz a mediados de la década de 1960; pero pensando ahora sobre organización política, existe un contraste que nos ayudará a identificar una característica más profunda de la transición actual. La dimensión organizativa de la lucha ha cambiado considerablemente desde los tiempos de Gorz.
 
Por muchas razones, concernientes tanto a las derrotas políticas de las organizaciones tradicionales de la clase obrera, como al devastador impacto de la política neoliberal, así como a los cambios tecnológicos radicales y la organización de la producción, nos enfrentamos a diversas formas de fragmentación y dispersión.
 
En efecto, el problema de crear un cambio prefigurativo en el presente teniendo en cuenta la dinámica hacia el cambio futuro, tiene tanto que ver con nosotros mismos creando nuevas formas de autoorganización en el presente como con las reformas a través del Estado. Esto lo podemos ver en la práctica a través de campañas sobre la resistencia y las alternativas a la privatización.
 
Hemos descrito cómo estas campañas apuntan a lograr cambios en el presente que también ejemplifican una futura alternativa, defendiendo o recobrando los servicios públicos rescatándolos de la privatización, pero también haciendo que sean genuinamente públicos en su organización, no meramente en su carácter de propiedad pública. Estas campañas puede que no dependan de las organizaciones del movimiento obrero actualmente existentes. Ha sido necesaria la introducción de considerables innovaciones organizativas, creando lazos de unión con comunidades en las que los sindicatos solo son uno más de los actores en presencia y los partidos de izquierda tradicionales solo tienen una presencia mínima. Tales campañas han puesto de manifiesto la necesidad de transformar los sindicatos de medios de negociación defensiva a medios de recopilación de los conocimientos de los trabajadores y hablar de acción militante para transformar los servicios según las necesidades de los usuarios.
 
Nuevas formas de organización y de comprensión de los conocimientos
 
Este híbrido de viejas y nuevas formas organizativas, desarrollado y combinado para un fin común, es un esquema general que produce a su vez otras formas organizativas nuevas. Cualquier asignación útil de las características distintivas de la transición a la forma organizativa debe incluir dos características adicionales de esta multiplicidad de organización política.
 
La primera se refiere a la importancia de los medios de comunicación. Gran parte de la organización está siempre muy relacionada con los medios de comunicación, así como con la toma de decisiones y la disciplina. Las nuevas tecnologías de la comunicación permiten ahora una variedad cualitativamente mayor de medios de colaboración. Facilitan medios de coordinación en red basados en valores y objetivos comunes, reconociendo la pluralidad de tácticas y formas organizativas que por lo tanto no requieren la centralización en un solo punto. Tales planteamientos en red de la política de transformación existían antes que las nuevas tecnologías, pero se ha producido una escalada de posibilidades que han ampliado a su vez la imaginación organizativa, al tiempo que han planteado nuevos retos.
 
El segundo rasgo está relacionado con los conocimientos. La variedad de formas colaborativas de organización dispersas aunque frecuentemente conectadas, crean también condiciones favorables para la realización del potencial político de la compresión plural de los conocimientos desarrollados en la práctica por los movimientos en la década de 1970, especialmente el movimiento feminista, las organizaciones sindicales radicales y también otros de diferentes orígenes, en las tradiciones de la educación popular y de las organizaciones políticas de base en muchos lugares del Sur.
 
El giro del enfoque centrado en el Estado a otro enfocado en el poder transformador en desarrollo en la sociedad se asocia con estos cambios radicales en nuestra aplicación de las experiencias. Los movimientos de la década de 1970 demostraron en la práctica la creatividad, la capacidad de conocimientos de los llamados ciudadanos comunes, tanto contra la factoría fordista como contra el conocimiento centralizado, exclusivamente profesional del Estado Fabiano de la socialdemocracia. Su comprensión de la importancia del conocimiento experimental así como del conocimiento retórico, tácito a la vez que codificado sustentó la primera fase reflexión sobre la democracia participativa en estas tempranas décadas de rebelión del denominado “exceso de democracia”.
 
Esto también altera todo el contexto de los programas políticos, llevándonos a un proceso más participativo de desarrollo de ideas de lo que tradicionalmente ha tenido lugar dentro de los partidos políticos, poniendo el énfasis en las alternativas llevadas a la práctica, al igual que, con mucha frecuencia sentando las bases para las necesarias reformas del Estado.
 
En muchas maneras, las funciones asociadas con un partido político ahora son realizadas por muchos actores autónomos que comparten valores comunes. Pensar sobe las implicaciones de estas complejidades que entraña la organización política es importante para distinguir los diferentes niveles de actividad política. Por ejemplo el tipo de enfoque de la unidad requerida por una campaña electoral no es igual que la que se requiere para ayudar a construir una red social de centros o alianzas de grupos comunitarios y sindicatos, en que la difusión de la información y facilitar la diversidad de acuerdo con las circunstancias locales será más apropiado. Para la cuestión de la forma organizativa conviene estar relacionado con el tema de la actividad de que se trate.
 
Nuevas formas de hacer política y su organización
 
Cabe agregar, que no hay necesidad de que diferentes actividades y  organizaciones que comparten valores comunes sean parte de una solo marco político. Existe una gran variedad de formas en que los valores comunes se pueden comunicar y compartir.
 
Quedan, sin embargo, muchos temas sin resolver. Uno es el problema con el que empezamos: el de la representación dentro del sistema político, para redistribuir los recursos públicos y también el poder del Estado. Este es un propósito que de nuevo requiere distintas formas organizativas. Para desarrollarlas, debemos volver a nuestro esquema teórico de enfoque crítico, a la representación basada en los ciudadanos no como individuos atomizados, con una igualdad política formal, abstracta, sino como ciudadanos encuadrados en una sociedad concreta, que hasta el presente, está basada en relaciones sociales desiguales, como trabajadores, como desposeídos en muchas formas diferentes, como mujeres, como minorías étnicas, discapacitados y demás. ¿Qué estrategias y qué formas de organización se adaptan mejor al presente y acumulan recursos políticos para superar las luchas con que debemos llevar a cabo contra estas desigualdades y fuentes de explotación?
 
Hemos observado cómo la democracia parlamentaria que existe actualmente tiende efectivamente a ocultar y reforzar las desigualdades en riqueza y poder a menos que se les plantee un desafío directo. Este es un proceso que se intensifica concediéndoles las decisiones claves a oscuros e incontables organismos nacionales e internacionales, y como consecuencia, una despolitización de la mayor parte de las decisiones cruciales que afectan el presente y futuro de la sociedad.
 
Esta tendencia se suele asociar con la globalización neoliberal, pero solo es una continuación de un proceso endémico de la democracia liberal: dejar los temas clave que conciernen al futuro de los pobres en las manos del mercado capitalista; como hemos visto en la historia de Porto Alegre, el futuro de los residentes de las favelas está en manos de la élite de las familias propietarias del suelo; o los comités del interior de la ciudad de Londres en manos de los promotores inmobiliarios especuladores; y los servicios públicos en las manos de empresas privadas depredadoras.
 
La característica común de las estrategias puestas en práctica en Londres y Porto Alegre estaba basada en la colaboración municipal con aquellos que luchaban directamente contra estas desigualdades: las organizaciones de los pobres de las favelas a través del presupuesto participativo, las comunidades del interior de la ciudad de Londres mediante el involucramiento directo en la formulación e implementación del proceso de planificación del ayuntamiento y el apoyo a sus propósitos contra las presiones de los propietarios del suelo y los promotores inmobiliarios especuladores respectivamente.
 
En cuanto a organización, se implicaron en una forma de representación política basada en un mandato electoral que supuestamente les otorgaba la responsabilidad de su implementación a aquellos ciudadanos con fuentes específicas de poder, conocimientos y la necesaria organización – pero sin suficiente apoyo político – para llevar a cabo el cambio.
 
Yo he argumentado que la representación política en tal contexto implica un choque entre dos formas totalmente diferentes de comprender y organización del poder político. Las formas organizativas son necesarias por tanto con el fin de estar presentes en las luchas del sistema político en la sociedad. Estas luchas refuerzan el mandato electoral apoyándolo activamente, elaborando y reivindicando los compromisos asumidos. Tales formas de representación política se enfrentan a las instituciones arraigadas que consideran como llovidos del cielo las desigualdades y los problemas contra los que van dirigidas estas luchas y el mandato electoral.
 
El tipo de organización adecuado al objetivo de llevar a través de estas, inevitablemente conflictivas, formas de representación ha de ser organizado para servir a las luchas y movimientos cuyas demandas y necesidades se están llevando a cabo a través del proceso político. Esto es mucho más complejo y difícil que ser “una voz”. Si se entiende a los partidos como aquellas organizaciones que buscan representación política y participar en el gobierno, entonces estamos hablando aquí de un partido político. Pero es un partido – o partidos – de un tipo muy distinto (del que hemos experimentado muy pocos).
 
En primer lugar debería ser - como habrá quedado claro tras nuestra explicación previa sobre la multiplicidad de formas de las organizaciones políticas para un cambio social radical - parte de una constelación de organizaciones, fuera de las instituciones políticas, compartiendo más o menos explícitamente valores y objetivos.
 
En segundo lugar, estos nuevos tipos de partidos estarían efectivamente sirviendo en el marco de un compromiso establecido por mandato electoral, desarrollado a través de la participación en esta red más amplia o constelación. Las formas de rendición de cuentas y transparencia de los representantes de la red en el cumplimiento de este compromiso serían fundamentales para el carácter organizativo del partido.
 
Y en tercer lugar, la organización del partido debería seer necesariamente de dos caras con sus 2013 miembros, incluidos aquellos involucrados en el trabajo de representación comprometidos en la construcción de esta organización extraparlamentaria de poder transformador. Como ya vimos con sino Syriza y otros, estarían involucrados no exactamente como líderes como compañeros activistas contribuyendo y compartiendo sus particulares fuentes de poder y conocimiento. Tal partido de nuevo tipo requeriría formas organizativas especiales para contrarrestar las presiones que succionan representantes en el atrapamoscas de la política parlamentaria, con todas sus tendencias hacia su conversión en clase política aparte.
 
Ya vimos tanto en Londres y el GLC como en Brasil y el PT, que la incapacidad de los dos partidos para seguir contribuyendo con su presencia en los movimientos sociales y aprovechar los recursos del estado para las luchas sociales residía en la debilidad (en el caso del Partido Laborista) o en el debilitamiento (en el caso del PT) de los lazos organizativo de los partidos con la sociedad. Se pueden sacar lecciones de esto que a Syriza más le valdría tener en mente. Los partidos políticos están conformados en parte por los movimientos que fueron decisivos en sus orígenes: para el PT, los movimientos por la democracia y la igualdad contra la dictadura y el gobierno oligárquico, y para el Partido Laborista de Londres del comienzo de la década de 1980 por el agotamiento de los movimientos de final de la década de 1960 y de la de 1970.
 
Los partidos están también constreñidos por el sistema en el que actúan. Con Syriza, quizás tengamos uno de los primeros partidos que ha sido conformado predominantemente, aunque no exclusivamente, por los movimientos que se han desarrollado para resistir el capitalismo neoliberal en la cara de una clase política completamente desconectada de las masas del pueblo.


Una de las 29 mujeres parlamentarias que hacía la tercera del grupo parlamentario de Syriza, Theano Fotiou, describió el fin primordial que debe cumplir la estructura del nuevo partido: “debe ser una estructura que permita que la gente esté siempre conectada al partido, aunque no sean miembros del mismo, criticando al partido, trayendo nueva experiencia al partido”.
 
Han creado una coalición a la que casi dos millones de personas se sintieron conectadas a pesar de –o quizás en parte gracias a– un determinado intento de exacerbar el miedo del pueblo por parte de la plutocracia a través del partido de la derecha y de los escombros del PASOC. Syriza ha llegado hasta aquí a fuerza de haber aprendido mucho, tanto de sus compatriotas griegos, como de las experiencias políticas de toda Europa. Está claro que mientras fortalecemos nuestras capacidades para rechazar la austeridad por todo nuestro continente y nos organizamos en torno a la reforma no-reformista de una Europa igual y democrática, vamos a aprender mucho de ellos.
 
Mi agradecimiento a Greg Albo, Roy Bhaskar, Leo Panitch, Steve Platt, Vishwas Satgar y Jane Shallice por las útiles discusiones y sugerencias a partir de los primeros borradores de este ensayo, a los compañeros de Red Pepper y del Transnacional Institute por su constante y estimulante colaboración y a Marco Berlinguer por los muchos debates que hemos tenido y que han influido en los argumentos de este ensayo.
 
 

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Este ensayo se publicó primero en Question of Strategy por www.merlinpress.co.uk; Socialist Register 2013.
 
Hilary Wainwright es fundadora y editora de Red Pepper y miembro del Transnational Institute

 

Fuente: http://www.zcommunications.org/political-organisation-in-transition-by-hilary-wainwright


 

 

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Zona izquierda   2005