El gansterismo internacional y el empeño de Washington en la guerra contra Siria.


Por Barry Grey y Tom Carter, WSWS
Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda



En la cumbre del G-20 celebrada en San Petersburgo, el presidente de EE.UU. Barack Obama se presentó como encarnación de la conciencia moral del mundo y defensor del derecho internacional. Lo hizo en su intento por conseguir el apoyo internacional que justifique una guerra no provocada e ilegal de agresión contra Siria.

En una conferencia de prensa posterior a la cumbre, Obama sostuvo explícitamente que EE.UU. tiene el derecho de atacar a otro país aunque ni él ni sus aliados se enfrenten a un ataque inminente y la intervención militar no haya sido aprobada por Naciones Unidas, que define las acciones unilaterales y no provocadas como actos criminales de agresión militar. Esto equivale a afirmar que, a despecho de todo marco creado tras la Segunda Guerra Mundial sobre derecho internacional, EE.UU. puede atacar militarmente a cualquier país si lo considera oportuno y cuando lo considere oportuno.

Al explicar su decisión de solicitar al Congreso de EE.UU. autorización para atacar militarmente a Sira, Obama manifestó: “Yo no podría afirmar honestamente que la amenaza planteada por el uso de armas químicas por al Assad contra civiles, mujeres y niños inocentes represente una amenaza inminente y directa para EE.UU…ni puedo decir que vaya a ser directa e inmediatamente una amenaza para nuestros aliados”.

En otro momento dijo: “Es mi punto de vista que, dada la parálisis del Consejo de Seguridad sobre este tema, si nos tomamos en serio la defensa de la prohibición del uso de armas químicas, es necesaria una respuesta internacional, que no va a venir a través de la acción del Consejo de Seguridad.”

El Consejo de Seguridad de la ONU, por otra parte, ha puesto su sello de aprobación a un gran número de guerras sucias, incluyendo el ataque aún reciente de la OTAN a Libia entre marzo y octubre de 2011, pero hasta el momento sus miembros siguen divididos sobre la cuestión de Siria. La histriónica representación moralista que acompaña la afirmación desnuda del militarismo de Washington, como siempre en estos casos está basada en mentiras descaradas. No se han presentado pruebas para demostrar las acusaciones del uso de armas químicas por parte del régimen sirio. Nadie ha podido identificar a soldados u otros combatientes sirios como actores del uso de estas armas, que por otro lado no tendría ningún sentido su utilización dada la situación militar favorable al ejército. Por el contrario los “rebeldes”-terroristas se encuentran en un momento especialmente delicado debido a las pérdidas que han tenido en la infantería. Por el contrario no tienen la menor dificultad para aprovisionarse de armas convencionales químicas o biológicas, como de todo el equipo que necesiten. Los contratistas de armamento, y todo tipo de material de guerra, se lo traen nuevecito al frente (los contratistas del pentágono, que mandan a sus “viajantes de comercio” a entregar los pertrechos y a recoger los pedidos para las próximas entregas). El propio Kerry tiene magníficas relaciones personales con los cabecillas “rebeldes” de al-qaeda, al-quds, y todas las franquicias de los grupos terroristas son aprovisionadas por los propios proveedores del Pentágono, de Arabia Saudí y de las demás petromonarquías innombrables. Así que en cuanto al material bélico pa de probleme.

Sin embargo el gran inconveniente lo tienen con el elemento humano. El ejército sirio lleva meses progresando en la lucha y les ha causado un importante número de bajas en la infantería, que no se la pueden proporcionar los contratistas del mismo modo que el material. El material humano es más difícil de adquirir, convencer y adoctrinar, aunque también tiran de los “blackwaters” y de más pozos negros a través de los contratistas del pentágono y demás “dealers”. Pero no quieren que todos sean mercenarios, necesitan personas fieles a cada una de sus causas y los del “pozo negro” dicen ellos matan a todo lo que se mueve, porque les cuesta distinguir entre tantas sectas…

Así que los “rebeldes” se han quedado sin infantería, e voila, se han acordado de Liba y han pensado ¡LA EXCLUSIÓN AÉREA!, que no dejen ni lagartijas bajo las piedras, y así nosotros tenemos tiempo para reponer nuestros “rebeldes”.

Y por eso lanzarán las armas químicas –algunas incluso en cohetes caseros– (a ellos no les preocupa hacer un trabajo aseado para que resulte creíble, saben que quienes les van a juzgar son de los suyos) pero el repartidor del pentágono les trajo también casualmente unos cohetes modernos. El dealer de Arabia Saudí al que llama “el químico”, también tiene lo que le piden. Las armas químicas fueron lanzadas desde un suburbio de la capital situado justo al otro lado de donde cayeron, una zona controlada por el ejército libio. Los “rebeldes” disparan los cohetes desde un suburbio en el Este (que controlan, y apuntaron hacia un suburbio del Oeste, donde cayeron en terreno controlado por el ejército sirio).

Ahora están buscando hombres jóvenes para alistarlos mientras los anglosajones dejan Siria reducida a la edad de piedra como Libia, y con un poco de suerte tendremos otra GANSTOCRACIA.

No se han presentado pruebas para demostrar las acusaciones de armas químicas contra el régimen sirio. Este no tendría nada que ganar con la realización de este tipo de ataque, justamente cuando estaba ganando la guerra contra fuerzas de infanterías aliadas de Washington. Inspectores de la ONU acababan de llegar a Damasco, por invitación de Siria para investigar denuncias anteriores de ataques con armas químicas.

Los terroristas vinculados a Al Queda, que constituyen la columna vertebral de las fuerzas rebeldes que luchan por poderes para Washington en Siria, tienen, por otra parte, mucho que ganar. Estaban al borde de la derrota y necesitan una provocación para proporcionar el pretexto para la intervención a sus patrocinadores. Sus masacres, decapitaciones, atentados terroristas, y otras atrocidades con soldados sirios y civiles están siendo documentados, en particular con los vídeos que los propios “rebeldes” difunden como posesos por Internet para impresionar a la población civil. Ellos se han jactado de tener armas químicas y de estar preparados para usarlas, una vez más para aterrorizar al pueblo.

La otra gran mentira difundida para desencadenar una guerra atroz contra Siria es la afirmación de que será, como repitió Obama el viernes, “ilimitada y proporcionada”. En este sentido vale la pena citar un artículo publicado el 3 de septiembre por Política Exterior, el sitio web de Bruce Ackerman, una reconocida autoridad en derecho constitucional de EE.UU. y profesor de la Universidad de Yale: “Pero de hecho es una operación masiva de cebos y cepos. Se autoriza al presidente a utilizar las fuerzas armadas de los Estados Unidos”, incluyendo botas sobre el terreno, y a emplear la fuerza militar dentro, hacia o desde Siria. Es más, el presidente, puede actuar para impedir el uso o la proliferación” de armas químicas o cualquiera otras de destrucción masiva” e “intervenir para proteger a los EE.UU. y sus aliados y socios en contra de la amenaza planteada por las armas”. Esto es nada menos que un respaldo abierto a la intervención militar en Oriente Medio y más allá”.

La resolución que autorice la fuerza militar aprobada el miércoles por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y con el respaldo de la administración explota aún mas la pretensión de que lo que se está preparando es una intervención a pequeña escala. Se deja en claro que el objetivo del ataque es el fortalecimiento de la oposición dominado por los islamistas y el efecto de cambio de régimen. Abre el camino de la guerra contra Irán, Rusia o cualquier otro país que  considere la asistencia al presidente sirio Bashar al-Assad.

Lo que se está preparando es una guerra regional para redibujar el mapa de Oriente Medio y asegurar la hegemonía de EE.UU. en la región y sobre sus enormes riquezas petroleras. Es una perspectiva que conduce inevitablemente –o tal vez más pronto que tarde– a dirigir la confrontación con Rusia y China, y una nueva guerra mundial.

El escepticismo popular hacia la oposición a un ataque de EE.UU. contra Siria es amplio y profundo, tanto en los EE.UU. como a nivel internacional. La experiencia de las dos grandes guerras anteriores en el espacio de una década, contra Iran y Libia, han tenido su impacto en la conciencia popular. Washington no puede, por otra parte, ocultar su propio récord de violación de todas las “normas internacionales” que Obama dice defender –desde el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, la saturación de Napalm y el Agente Naranja en Vietnam, al apoyo a Hussein en el uso de armas químicas contra Irán en la década de 1980, y el uso de uranio empobrecido y fósforo blanco en Irak por parte de EE.UU.

El gobierno de Bush rechazó los Convenios de Ginebra en relación con los prisioneros capturados en la llamada “guerra contra el terror”, abriendo el camino a la tortura, la detención indefinida, la entrega y la repetición de asesinatos, todos los cuales ampliados con Obama.

La masiva oposición popular a la guerra sólo hace que la mentira de los políticos y de los medios de comunicación sea aún más agresiva. La unidad de EE.UU. en su rechazo a la guerra se representa como un espectáculo de gansterismo internacional y las mentiras de este calibre no se veían desde los buenos tiempos de las dictaduras militares de lo regímenes fascistas de Hitler Mussolin y Tojo. El modus operandi del gobierno de EE.UU. en los asuntos mundiales no es hoy en lo esencial, diferente del empleado en la violación de Abisinia, Polonia o Manchuria.

Las palabras del fiscal que Robert H. Jackson utilizó en la Corte Suprema de Nuremberg para describir a los criminales de guerra nazis, se podrían aplicar con toda su fuerza a los gánsters políticos que forman el gobierno de EE.UU. en la actualidad. Estas personas, dijo Jackon, “están sorprendidas de que haya algo que se llama ley”. Ellos no respetaron ningún derecho en absoluto. Su programa pasaba por alto y superaba todas las leyes. Derecho Internacional, Ley Natural, la ley alemana, ninguna ley en absoluto. Para estos hombres todo era un dispositivo de propaganda que se invocaba solo cuando se condenaba lo que no querían que se hiciera”

La burla del derecho internacional por parte del gobierno estadounidense va mano a mano con el colapso de la democracia dentro de EE.UU. No es casual que la guerra contra Siria se este preparando con revelaciones que surgen a la superficie procedentes del espionaje del gobierno contra la población estadounidense, en clara violación de la Constitución, a una escala gigantesca y sin precedentes. Estos desarrollos paralelos muestran la conexión inseparable ente el militarismo imperialista que se desea instaurar en el extranjero y los preparativos para la dictadura dentro de nuestro país.

Mientras que los medios estadounidenses rebuznan pidiendo sangre en todos sus canales y todo el día, la población estadounidense se opone de forma abrumadora a un ataque militar contra Siria. Existe una sensación creciente de que el país “que necesita un cambio de régimen” no es Siria, sino EE.UU.

Para que esta oposición popular de EE.UU. encuentre su cauce y expresión, debe librarse de toda la estructura podrida de la política de EE.UU., cuyas facciones están todas implicadas en impulsar la guerra, la austeridad, la destrucción de los derechos democráticos. La oposición a la guerra no debe ser canalizada en torno al Partido Demócrata o mediante apelaciones ante el Congreso, sino que debe tomar la forma de movilización política por la clase obrera en los lugares de trabajo, escuelas y barrios en torno a un programa socialista y a los deseos y necesidades sociales del pueblo.


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Fuente: http://www.wsws.org/en/articles/2013/09/07/pers-s07.html
 


 

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