Reflexiones sobre una revolución. El cuerpo politizado: la visibilidad de las mujeres de Gezi Park
 

Por: Özden Melis Ulûg y Yasemin Gülsüm Acar*
Ilustración de
O COLIS
Traducción de Enrique Prudencio para Zona Izquierda

 

La extraordinaria participación de las mujeres en el levantamiento de Gezi Park no sirvió solo para reivindicar los derechos propios de las mujeres, sino que ha sido un hito en la politización de la identidad de las mujeres.

Quienes hayan tenido la oportunidad de participar en las protestas del movimiento Gezi Park, ya sea en Estambul o en otras ciudades de Turquía, habrán podido observar el gran número de mujeres que allí había. Casi la mitad de lxs ocupantes del parque eran mujeres, un número que contrasta vivamente con su participación en protestas anteriores, por no hablar de la falta de visibilidad de las mujeres en el parlamento y en todos los sectores de la esfera pública. Qué había entonces en Gezi Park para que se incrementara tan extraordinariamente la presencia de las mujeres.

La violencia contra las mujeres

Podemos empezar a abordar esta cuestión mediante una breve mirada a la historia reciente de las mujeres en Turquía. El lema “El amor de los hombres mata todos los días a las mujeres”, se ha acuñado para denunciar la violencia contra las mujeres y resume la situación en que se encuentran actualmente. Entre 2004 y 2011, los asesinatos de mujeres se incrementaron el 1.400%. En 2012 fueron asesinadas 210 mujeres y en los ocho primeros meses de 2013, 122 fueron asesinadas, 118 fueron violadas, 146 resultaron gravemente heridas y 117 sufrieron otras formas de abusos sexuales a manos de los hombres.

Según el Ministerio de Justicia, entre 2002 y 2008, fueron violadas 61.469 mujeres y entre 2009 y 2011, fueron violadas 29.980. Estas cifras indican que, como promedio, 10.000 mujeres sufren abusos y/o son violadas cada año. Y por supuesto, estas son solo las cifras que llegan a conocimiento de organismos oficiales que las hacen públicas. Más allá se quedan las innumerables agresiones, que ya sea por miedo, presión familiar u otras razones, no son puestas en conocimiento de las autoridades y por tanto no están en las estadísticas de asesinadas, viola
das y objeto de otro tipo de abuses sexuales

La dominación patriarcal

Junto con la violencia física, psicológica, social y cultural a la que se enfrentan las mujeres todos los días, está la presencia patriarcal que domina la vida de las mujeres, de la ropa que pueden ponerse para salir a la calle hasta lo que ocurre en los dormitorios. Tomemos como ejemplo las declaraciones del Primer Ministro Erdogan en diciembre de 2011: “Yo soy el primer ministro y estoy en contra de practicar la cesárea en los nacimientos. Y veo el aborto como un asesinato. Se puede matar a un niño en el vientre de la madre o después de que nazca. No hay diferencia. Nadie debe ser capaz de permitir esto”.

La situación es mucho más complicada aún de lo que sugieren las declaraciones del primer ministro, porque hay muchos que comparten su punto de vista. El mismo presidente del Gobierno, después de decir “Nadie debe ser capaz de permitir esto”, declaró: incluso le he dicho al primer ministro de mi gabinete, que estamos preparando una ley del aborto y que vamos a aprobarla”. Si esta declaración se toma al pie de la letra, significa que está tomando medidas para aplicar legalmente su opinión al cuerpo de las mujeres. Si unimos a sus declaraciones
su opinión acerca de tener al menos tres hijos por familia, parece bastante natural que las mujeres quieran protestar.

A pesar de que estas declaraciones y las políticas que las acompañan puedan da
r motivos suficientes para salir a la calle, existe todavía otro punto para preguntarnos por qué las mujeres participaron en las protestas del parque Gezi y por qué estaban situadas en primera fila. Para contestar a esta pregunta, vamos a tomar la perspectiva psicosociológica y a utilizar el modelo de la identidad social en la acción colectiva para entender la masiva participación de las mujeres en las protestas.

Desde el punto de vista de la psicosociología, hay tres factores principales que explican la razón de porqué una persona decide participar en acciones colectivas: 1) la injusticia percibida sobre la base de una identidad a la que la persona está adherida, 2) el grado de intensidad con que esa persona está adherida a dicha identidad y 3) el grado de certeza que esa persona tiene en la consecución de los resultados deseados mediante las protestas en la calle (el grado de eficacia que la persona confía que existe en su activismo)
. A continuación examinaremos cada factor por separado, a través de la lente de las protestas de Gezi Park.

La sensación de injusticia percibida por la mujer

Según el modelo teórico, la injusticia percibida por la mujer en base a su identidad ejerce una fuerte influencia en su disposición individual a participar en acciones colectivas.

Tomamos como ejemplo a las mujeres que viven en Turquía, que pueden comparar sus posiciones con las de los hombres que se encuentra a su alrededor. Podrían por tanto percibirse a sí mismas como situadas en un estatus más bajo. Lo importante es cómo evalúan ellas esa posición. Si una mujer percibe su situación como una injusticia creada por la sociedad, su gobierno o su país, esto podría conducirla a participar en acciones colectivas para tratar de superar ese problema. La posibilidad de que ella participe en acciones colectivas es mucho mayor que la de la mujer que encontrándose objetivamente en la misma posición, no percibe que eso sea una injusticia.

De acuerdo con el modelo teórico, la injusticia que se percibe basada en la propia identidad, ejerce una fuerte influencia en la voluntad de una persona para participar en la acción colectiva.
Entonces, ¿a que se debe que algunas mujeres perciban su particular injusticia al estar inmersas en las acciones de reivindicación colectivas y otras no? Aquí es donde las emociones entran en juego. Es especialmente el grado en que una persona siente su pertenencia a un grupo o identidad el que juega un papel importante en cómo percibe su propia situación. Si al compararlo con otro grupo, el estatus de pertenencia al grupo en que se encuentre, hace que perciba al grupo contra el que lucha como injusto, desleal, pernicioso, los sentimientos de cólera y rencor que esto genera, se traducen en deseos de participación en la acción colectiva. Estos sentimientos resultan muy útiles para crear un estado de ánimo que impulse a la acción.

Teniendo en cuenta la discriminación que las mujeres sufren y perciben, en todos los ámbitos de la vida, la intrusión a la que se enfrentan las mujeres en la toma de decisiones acerca de su cuerpo sin su consentimiento, la angustia que produce saber que todos los días sucumbe una mujer a manos de la violencia ejercida por los hombres…, es lógico esperar que las mujeres participen en las revueltas de Gezi Park. Pero a pesar de todo, algunas optaron todavía por no participar. A continuación examinamos otro aspecto importante de la participación.

Identificación como mujer

Según la teoría de la identidad social, cuando un individuo se une a un grupo, se desarrolla un sentimiento positivo sobre la base de identidad con ese grupo. Ser seguidor de un equipo de fútbol exitoso, por ejemplo, puede aumentar la autoestima y crear un efecto positivo para el individuo, y cuando el equipo lo hace bien el individuo experimenta orgullo y alegría. Sin embargo, al igual que el individuo puede sentirse orgulloso de los éxitos del grupo, puede también hacer una comparación con otro grupo y darse cuenta de que el suyo ocupa un estatus relativamente bajo. Esto significa que la comparación no le proporciona la sensación positiva de sí mismo, la sensación placentera que esperaba al comparar su grupo con otro.

Esto, en cualquier caso, plantea la pregunta de por qué un individuo mantiene vínculos con un grupo de bajo estatus. Un punto importante es observar si el grupo se considera permeable o no. Siguiendo el ejemplo anterior, ser forofo de un equipo de fútbol se considera una identidad totalmente permeable. El individuo puede optar por apoyar al equipo un día y no hacerlo en el partido siguiente, e incluso dejar de apoyar a ese equipo y apoyar a otro. Sin embargo, algunos grupos, como los constituidos por raza o sexo, no tienen el mismo tipo de permeabilidad. Aunque uno dejase de considerarse a sí mismo miembro de un grupo étnico, o de un grupo formado por cuestión de género, la percepción que uno recibe de los observadores le afecta individualmente. En este caso pueden considerar que es una solución más eficaz pasarse todos a otro grupo de estatus más elevado, en lugar de tratar de dejar el anterior grupo individualmente. En estas situaciones, la acción colectiva puede aparecer como una manera loable de luchar por el cambio social.

En respuesta a los muchos problemas a los que se enfrentan las mujeres en Turquía, muchas de ellas han estado luchando para hacer oír su voz, incluso antes de las protestas de Gezi Park. Sin embargo, estas reivindicaciones eran consideradas sólo en relación con un determinado segmento de la población, ya marginado de siempre por la sociedad. Pero en las protestas de Gezi Park participó un número de mujeres infinitamente mayor que en cualquier protesta relacionada específicamente con los derechos de las mujeres.

Resulta crucial tener en cuenta la importancia de las categorías transversales. Una mujer no posee una identidad única, la identidad “mujer”. Puede ser al mismo tiempo madre, kurda, feminista, lesbiana, e izquierdista (y muchas otras identidades que ya son consideradas de “baja condición”). Lo que hizo que las protestas de Gezi Park resultaran tan diferentes de manifestaciones colectivas anteriores, fue su capacidad de reunir tantas categorías e identidades transversales. La razón es que no estaban en Gezi Park solo en su categoría de “mujer”: fueron las mujeres kurdas, las mujeres lesbianas, las mujeres feministas, las mujeres de izquierda, entre otras categorías, las que, en conjunto, hicieron que aumentara el número de participantes en la protesta. Las identidades sociales también determinan ciertos lazos sociales. Una mujer puede ser hija, hermana, esposa o madre. Este tipo de identidades muestran la situación social, pero no necesariamente la política. Pero un proceso de politización puede crear una identidad politizada. Durante las protestas hemos visto, por ejemplo, que la “cadena de las madres” que se interpuso entre la policía y los manifestantes el 13 de junio, podría llegar a ser pronto una entidad con conceptos dignos de reconocimiento político.

Una persona con una identidad politizada es más probable que participe en el activismo colectivo, porque tales personas considerarán más factible conseguir los derechos que reivindican mediante este tipo de acciones. Además, el sentido de eficacia fue mucho mayor durante el período de protestas en Gezi Park debido a la gran cantidad de personas que participaron y la politización de las identidades de las mismas. En otras palabras, los individuos con identidades politizadas con anterioridad y aquellos con identidades recién politizadas eran más propensos a creer en la mayor efectividad de su acción reivindicativa.

Los derechos de las mujeres, los derechos de los trabajadores, el aumento del número de detenidos por motivos políticos en los últimos años, la prohibición de las celebraciones del primero de mayo y, por supuesto, los proyectos de desarrollo urbano sin el consentimiento de sus habitantes, hasta llegar al intento de demolición del mismo Gezi Park, son hechos que se han ido acumulando, hasta que finalmente se colmó el vaso y se produjo la “ocupación” del parque por quienes se oponían a su destrucción. Todos los actos mencionados y muchos otros, crearon la “masa crítica” para que los habitantes de Estambul dijeran hasta aquí hemos llegado y se lanzaran a las calles y parques a manifestar su cólera.

Dentro de esta enorme “comunidad” de manifestantes, la sensación de que “esta vez lo vamos a conseguir”, resultó muy importante para las mujeres participantes. En comparación con las protestas anteriores, el número de los concentrados en Gezi Park fue muchísimo mayor, como lo fue el número de categorías transversales. Todos los participantes, directa o indirectamente, apoyaban la causa de cada uno y por lo tanto también estaban apoyando los derechos de las mujeres. Se produjo el cambio de identidad de “mujeres feministas manifestantes” a “manifestantes de Gezi Park”, y el aumento del número de manifestantes proporcionó el sentido de eficacia y la convicción de que las voces de las mujeres eran amplificadas a través de esta nueva plataforma.

Las protestas de Gezi Park proporcionaban una gran oportunidad para reivindicar los derechos de las mujeres. Fue una nueva plataforma para las mujeres activistas y permitió que la gran parte de la sociedad que no había oído sus protestas aún, conociera los motivos de la protesta y sus reivindicaciones. Pero además, las identidades sociales de las mujeres también experimentaron una cierta evolución, ya que estas identidades se habían convertido recientemente en politizadas. De esta manera, Gezi no sirvió solo como medio para que las mujeres reivindicaran sus derechos, sino que también fue un hito en la politización de las identidades sociales
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*Özden Melis Ulûg estudia doctorado en Psicología en la universidad de Bremen (Alemania). Yasemin Gülsüm Acar estudia doctorado en Psicología Social Aplicada en la Universidad Claremont para licenciados universitarios de California. Ambas pertenecen al colectivo de Gezi de ROARMAG

Fuente: http://roarmag.org/2014/01/women-gezi-park-protests/
 

  

 

 

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