La crisis económica y social: el capitalismo contemporáneo y la lucha de clases.

 

Por: James Petras, para Occuworld*

Traducción: Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

 

Uno de los factores más determinantes y al mismo tiempo más olvidados de los resultados de la crisis económica y la consiguiente profundización de las desigualdades sociales y la miseria, es la “lucha de clases”. En una de sus metáforas más concisas, Karl Marx se refería a la lucha de clases como “el motor de la historia”. En este ensayo se analiza el papel central de la lucha de clases, su impacto y reflejo en las decisiones económicas y, muy especialmente, los diferentes métodos y formas en que se libra, según las determinadas clases que participan en ella.

Una vez aclarados los tipos y métodos de la lucha de clases, volveremos sobre los resultados específicos de ésta en los diferentes países y regiones supranacionales: las distintas políticas adoptadas como resultado de la lucha de clases reflejan la correlación de fuerzas tanto a nivel nacional como supranacional.

En la última sección, compararemos y analizaremos una serie de estudios de casos de lucha de clases, destacando las determinadas configuraciones del poder de clase, la naturaleza cambiante de la lucha de clases y las circunstancias concretas que se han de tener en cuenta para que la “lucha de clases desde abajo” contrarreste eficazmente la ofensiva de clases desde arriba.

Las dos caras de la lucha de clases: “Desde arriba y desde fuera” y “desde abajo”

Con demasiada frecuencia se escribe sobre la lucha de clases describiéndola como las acciones que llevan a cabo los trabajadores en interés de la clase obrera, ignorando la igualmente significativa (y en nuestra época más importante) lucha de clases organizada y dirigida por las clases en el poder utilizando todo el aparato y el poder Estado. La completa panoplia de las políticas neoliberales, con las “medidas de austeridad”, despidos masivos de empleados públicos y privados, transferencias masivas de riqueza a los acreedores, está destinada a aumentar el poder, la riqueza y la supremacía de diversos sectores del capital a expensas de la mano de obra. Parafraseando a Marx: la lucha de clases desde arriba es la fuerza motriz para revertir la historia, para apoderarse y destrozar los avances conseguidos por los trabajadores en anteriores luchas de clase desde abajo.


La lucha de clases desde arriba y desde fuera se libra en las salas de juntas, mercados de valores, bancos centrales, departamentos ejecutivos de los gobiernos, consejo de ministros el parlamento y el congreso (aquí como puesta en escena). Los encargados de tomar las decisiones forman parte de la clase dominante y son de “su entera confianza”. La mayoría de las decisiones estratégicas son tomadas por altos cargos no electos de la Administración del Estado y cada vez más de instituciones financieras (como FMI, BCE y la Comisión Europea) que actúan a favor de los acreedores, tenedores de bonos y grandes bancos.
 

La lucha de clases desde arriba se libra para aumentar la concentración de la riqueza en la clase dominante, el incremento de los impuestos represivos sobre los trabajadores y la reducción de impuestos a las empresas y a los multimillonarios, así como para aplicar de forma selectiva las leyes y reglamentos que facilitan la especulación financiera, el blanqueo de dinero y la fuga de capitales, y permiten la reducción de los gastos sociales para pensiones, salud o educación para las familias de los trabajadores. Además, la lucha de clases desde arriba está dirigida a maximizar el poder colectivo del capital mediante la aplicación de leyes restrictivas a las organizaciones sindicales, movimientos sociales y derechos colectivos de empleados públicos y privados.

En otras palabras, la lucha de clases penetra en muchos sitios, además de en “el lugar de trabajo” y la “esfera económica”, en sentido estricto. En la confección de los presupuestos estatales y en las negociaciones sobre los rescates, por ejemplo, se libra con ardor la lucha de clases; los bancos son lugares y sujetos de lucha de clases contra los titulares de las hipotecas y los hogares, los acreedores y los deudores.

El hecho de que la lucha de clases por arriba, dirigida contra los salarios, las políticas sociales, el patrimonio público sea menos conocida se debe a que la clase dominante controla las instituciones ejecutivas, donde se toman las decisiones mediante las que imponen sus políticas de clase. Sin embargo, cuando las bases del poder institucional han sido frágiles o se han encontrado en estado de sitio desde abajo, la lucha de clases desde arriba ha participado en actividades públicas extraparlamentarias, han sacado a la calle las fuerzas coercitivas del Estado, han dado violentos golpes de Estado, han nombrado a dedo gobiernos tecnócratas, han participado en bloqueos, intimidación y chantajes financieros, así como en despidos masivos de trabajadores y en la cooptación de colaboradores dentro de la casta política.

En tiempos de crisis graves, la naturaleza de la clase dominante de las instituciones políticas se hace transparente y la lucha de clases desde arriba se intensifica tanto en alcance como en profundidad. Desde el tesoro público se transfieren billones de euros a los banqueros del rescate. Se imponen a los trabajadores recortes de cientos de miles de millones, extendiéndolos a todos los ámbitos de la economía. Durante las depresiones económicas, la lucha de clases desde arriba toma la forma de una guerra sin cuartel para salvar el capital mediante la depreciación del trabajo, revirtiendo los aumentos salariales y las mejoras obtenidos en décadas por la clase obrera en anteriores luchas de clases.

Lucha de clases desde abajo

Las luchas de la clase obrera desde abajo van desde huelgas laborales en la empresa por mejoras de salarios y condiciones de trabajo, a las huelgas generales para garantizar la mejora y aplicación legislación social y laboral (o para defender las mejoras obtenidas en el pasado) o para luchar contra los ataques al nivel de vida. En los momentos críticos, la lucha de clases desde abajo puede llevar a convulsiones sociales frente a graves disfunciones sistémicas, a guerras destructivas y al Estado autocrático. Los métodos, los participantes y los resultados de la lucha de clases desde abajo pueden ser muy diferentes, dependiendo del contexto socioeconómico y político en el que se producen los conflictos de clase. Lo que más llama la atención en la época contemporánea es el desarrollo desigual de la lucha de clases entre países y regiones del mundo, entre los trabajadores de los países acreedores imperialistas y los de los deudores con los países neocoloniales. La lucha de clases desde abajo se manifiesta especialmente entre algunos de los países capitalistas en procesos intensos de desarrollo, en los que los trabajadores han experimentado un largo período de intensa explotación y el surgimiento de una nueva clase de dirigentes multimillonarios vinculados a una élite del partido dominante, como en los casos de China y de Suráfrica.

La Lucha de Clases en la crisis capitalista: La ofensiva de la clase gobernante.

En tiempos de crisis capitalista, con el enriquecimiento económico en declive, la creciente a menaza de quiebras y la intensa demanda de subsidios estatales, no existe base para compartir la riqueza– aunque sea de modo desigual –entre capitalistas, banqueros, acreedores, trabajadores, deudores y rentistas. La lucha por los recursos cada vez más escasos intensifica el conflicto en torno a las raciones de una tarta cada vez más reducida. La clase dominante, frente a una lucha a muerte por la supervivencia, se revuelve con todas sus fuerzas – estatales y privadas– a su disposición para asegurarse sus necesidades financieras. El Tesoro público financia exclusivamente sus deudas y estimula la recuperación de sus beneficios. La lucha de la clase dominante define quién paga la crisis y quién se beneficia de la “recuperación... de los beneficios”. La crisis es, a su vez, una amenaza para el sistema económico capitalista y, a continuación, en el curso de la recuperación de la crisis, un pretexto político, económico y social que sirve para desencadenar una ofensiva general con miras a revertir los avances laborales y sociales del último medio siglo. La lucha de clases capitalista desmantela la seguridad social y socava las bases de los fundamentos ideológicos y jurídicos del “capitalismo del bienestar”. El término “austeridad” es el elegido por la clase dominante para apoderarse del tesoro público en beneficio propio, sin ninguna consideración por las consecuencias sociales. La “austeridad” es la forma más intensa de la lucha de clases desde arriba, que establece el poder arbitrario y unilateral del capital para decidir la división presente y futura entre salarios y beneficios, empleo y desempleo, y vuelta a los Estados acreedores, a pagar los intereses y el principal como deudores neocoloniales.

Según se agrava la crisis entre los países deudores, también intensifica la clase dominante su guerra de clases contra los trabajadores, empleados y pequeños empresarios. En primer lugar, los Estados acreedores imperialistas, en Europa la “Troika” Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo–, derrocan el orden constitucional para hacerse con el control del poder del Estado. A continuación se procede a decretar macro y micro políticas socioeconómicas. Entre ellas decretos sobre empleo, salarios y políticas fiscales. Decretarán la distribución actual y futura de los ingresos del Estado entre los acreedores imperiales y los trabajadores locales. La lucha de clases se generaliza. Organizaciones supranacionales como la Unión Europea, compuesta oficialmente por miembros iguales en derechos y obligaciones, se revelan como organizaciones imperialistas por la concentración de riqueza en los bancos dominantes de los centros imperialistas.

La lucha de clases desde abajo en tiempo de crisis

Las organizaciones obreras – sindicatos, asociaciones de jubilados, etc. – están mal preparadas para hacer frente a una guerra abierta y agresiva de la clase dominante. Durante décadas se habían acostumbrado a la “negociación colectiva” y a hacer huelgas esporádicas de corta duración para conseguir mejorar sus condiciones laborales. Sus partidos, socialdemócratas, con fidelidades duales a los beneficios capitalistas y al bienestar social están profundamente imbricados en el orden capitalista. Bajo la presión de “la crisis”, abandonan los principios de la clase obrera y abrazan la fórmula de las clases dominantes, imponiendo sus propias versiones de la “austeridad”. El partido ha sido abandonado; la clase trabajadora va por libre –sin acceso al estado y sin aliados políticos fiables. Los sindicatos se dedican estrictamente a los cuestiones del día a día de sus afiliados más cercanos, ignorando a los parados, especialmente desempleados jóvenes, y a los trabajadores en general. La lucha de clases desde abajo carece de dirección, visión, organización y recursos del estado, todo lo cual sin la clase gobernante, para lanzar una contraofensiva. La lucha de clases desde abajo fue al principio, totalmente defensiva: salvar fragmentos de contratos laborales, salvar puestos de trabajo o ajustar flecos. El problema fundamental en la lucha de clases actual es que los sindicatos y muchos trabajadores no reconocen la naturaleza cambiante de la lucha de clases. La estrategia de “guerra total”, adoptada por la clase gobernante va mucho más allá de aumentos salariales e informes de beneficios y adopta un ataque frontal al sustento, al trabajo, la vivienda, las pensiones, la sanidad y las condiciones educativas de la clase obrera. Las políticas de “pactos sociales” entre el trabajo y el capital ha sido totalmente descartada por la clase gobernante. Exige una rendición incondicional de todas las demandas sociales y se aferra a las prerrogativas del Estado para hacer cumplir y aplicar la masiva re-concentración de ganancias y poder político.

En estas condiciones, frecuentes en toda Europa y los Estados Unidos, ¿qué puede decirse de la “lucha de clases desde abajo”? Más que nunca la lucha de clases se desarrollado de manera desigual entre los nuevos centros de los prestamistas y las regiones supranacionales de la clase obrera deudora. Las formas más avanzadas de lucha en cuanto a su ámbito, reivindicaciones e intensidad, se encuentran en Grecia, Portugal, España, Italia y a un nivel inferior en Francia e Irlanda. Las formas menos avanzadas de lucha de clases se encuentran en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Escandinavia y los Países Bajos. Entre los países BRIC, la lucha de clases se está intensificando en China y Suráfrica, y en un grado menor, en India, Rusia y Brasil.

Las cuestiones objeto de reivindicación son notablemente diferentes: en China la clase obrera reivindica cambios socioeconómicos, vivienda y programas sanitarios mediante lucha de clases “defensiva”. En Brasil, la clase obrera ha reducido los niveles de pobreza y desempleo. En Sudáfrica, a pesar de sangrientas masacres llevadas a cabo por el Estado contra los trabajadores, se han incrementado los salarios de los mineros.

Para la mayoría de los demás trabajadores, la lucha de clases está en fase defensiva y en muchos casos los esfuerzos resultan infructuosos para defender o reducir la pérdida de empleo, mejoras en derechos laborales y seguridad social. La lucha de clases más intensa de la clase obrera militante está teniendo lugar en países en los que la ofensiva del capital –la lucha de clases desde arriba– ha sido más prolongada, ha tenido un ámbito más amplio y más profundo en cuanto a recortes del nivel de vida.

La lucha de la clase obrera ha sido más débil entre los países anglosajones, donde las tradiciones de lucha de clases y las huelgas son más débiles. Se ha reducido la afiliación a sus sindicatos, los dirigentes sindicales están estrechamente vinculados a los partidos capitalistas y hay una identificación política muy débil o inexistente con la clase, incluso a la vista de las transferencias masivas de los ingresos del Estado al sector privado y de los recortes de los salarios que se transfieren al capital.

Lucha de clases: estudio de casos

Los avances más sostenidos y que más éxito han tenido en el bienestar social y los servicios públicos a lo largo de la pasada década, se han producido en Latinoamérica, donde la crisis del capitalismo empujó a los militantes de los movimientos de clase a ampliar su base social, consiguiendo derrocar a los regímenes neoliberales e imponiendo restricciones al capital especulativo y al pago de la deuda a los centros imperialistas. Subsecuentemente, los regímenes nacionalistas defensores de los recursos naturales de sus países reorientaron los ingresos del estado a la creación de empleo y crearon legislación social. La secuencia de revueltas populares e intervenciones políticas, seguidas por elecciones de las que en la mayoría de los casos salieron elegidos regímenes nacionalistas de izquierda, amortiguaron la crisis y mantuvieron políticas que avanzaban gradualmente a favor de los intereses de la clase obrera.

En el sur de Europa, por el contrario, el colapso del capitalismo provocó una ofensiva capitalista, encabezada por los acreedores del imperialismo. Impusieron los regímenes neocoloniales más retrógrados enfangados en la más salvaje guerra de clases, mientras la clase obrera organizada retrocedió a estrategias defensivas y a movilizaciones sociales a gran escala, dentro del marco institucional del estado capitalista existente. No hubo ofensiva política, ni cambios políticos radicales y no se produjo ninguna ofensiva social. Los movimientos que no avanzan, después retroceden. Cada lucha defensiva, como mucho, demoraba temporalmente una nueva serie de retrocesos sociales, poniendo en movimiento el avance inexorable de “la lucha de clases por arriba”. Las clases dirigentes han impuesto décadas de pagos de la deuda mientras sufren y sufrirán el pillaje del presupuesto durante un previsible futuro. El resultado será la reducción de la estructura salarial y el salario social. Los nuevos contratos de trabajo están diseñados para concentrar mayores proporciones de riqueza en las manos de la clase capitalista para el futuro previsible. Las políticas, impuestas por medio de la lucha de clases desde arriba, demuestran que los programas de bienestar y los contratos sociales eran temporales, concesiones tácticas, para ser descartadas definitivamente una vez que la clase capitalista se apoderó de las prerrogativas exclusivas y empezó a gobernar por decreto.

Las élites financieras de Occidente han sido rescatadas y los bancos han vuelto a producir beneficios, pero continúa el estancamiento de la “economía real”. Las clases trabajadoras se han dado cuenta, mediante el análisis y la acción militante, de que la negociación colectiva ha muerto. El Estado, especialmente el estado acreedor-bancario imperialista extranjero, mantiene todo el poder sin ningún mandato electoral o petición de ampliar la representación. La fachada parlamentaria… los partidos con parlamentarios electos se mantienen como conchas vacías. Los sindicatos, en los casos más militantes, se dedican a poner en escena unas marchas de protesta casi ritualistas, que son totalmente ignoradas por los gobernantes, la clase imperial y sus colaboradores políticos locales. La “Troika” se pone tapones en los oídos y se venda los ojos mientras entona una cantinela pidiendo más austeridad para los trabajadores. “Basta” resuena en los palacios ejecutivos.

Reflexiones finales sobre las dos caras de la lucha de clases

Por desgracia la lucha de clases sobre todo en los países imperialistas, ha adoptado la idea de Karl Marx de que “la lucha de clases es el motor de la historia” de una manera mucho más consecuente que el movimiento obrero y sus burocráticos funcionarios. Los explotadores son ahora mejores alumnos de Marx.

Retomando la lucha de clases desde arriba y desde el exterior como principal arma estratégica, las clases dominantes han puesto en marca el más completo e intenso asalto a la clase obrera de la historia moderna. Se ha reducido drásticamente el nivel de vida y se ha establecido un nuevo marco para perpetrar y profundizar la transferencia de riqueza durante las próximas décadas.

Aquellos, digamos obreros y la izquierda, que se negaron a reconocer la lucha de clases como eje central de la acción política, han recibido una herida de muerte en la cabeza. La constante lucha de clases desde arriba no muestra límites ni restricciones, no. Niega cada derecho social y cada recurso económico está dedicada al pillaje a gran escala y a largo plazo. Una clase dominante con una ideología radical se ha atrevido a proclamar que todo lo que existe de valor debe ser tomado y lo tomarán y a los peones les regalarán carne de cuervo viejo para comer, al ir falleciendo. A pesar de ser confrontados con esta ideología extremista, y con la práctica aun más despiadada, los activistas de la lucha de clases desde abajo siguen utilizando los mismos métodos, más apropiados para otros tiempos “pragmáticos”, “consensuales”, de luchas limitadas, con pequeñas concesiones o sin ellas. No haber reconocido a tiempo los cambios radicales que ha producido la crisis es algo estructural y congénito. El movimiento sindical se niega a afrontar la nueva clase y las realidades, los que no habían podido anticipar una realidad la han rechazado categóricamente. “La lucha de clases”, según la información de los discursos más recientes de los “burócratas sindicales” fue reemplazada por concepciones modernas y pragmáticas de los intereses comunes del trabajo y el capital. Lo radical y dramático es la entrada masiva de nuevos y decisivos actores de una nueva clase social. Incluyen el ascenso de mandos no electos que se sitúan en posiciones de poder, formando la “Toika” (BCE, FMI y UE), los equivalentes a virreyes imperiales, dedicados al pillaje de las economías de los países deudores; una masa de jóvenes empleados que representan el 50% de los trabajadores con menos de 25 años de edad, un gran sector de trabajadores temporales mal pagados que no están cubiertos por la legislación social o laboral; una mayoría de clase media móvil a la baja, especialmente entre los trabajadores del sector público y profesionales en un proceso de proletarización– que ha perdido el puesto de trabajo, la futura pensión, enfrentados al retraso de la edad de jubilación; gente que tenía pequeños negocios que han ido a la bancarrota (pequeña burguesía), trabajadores que han tenido que hacer frente al desempleo, han perdido bienes y ahorros y trabajadores en cuesta abajo, unos expertos, formados, medio expertos, enfrentados con el despido, rebajas de salarios y pérdida de beneficios sociales.

Las deterioradas condiciones de estas clases no se pueden cambiar por medio de la actividad sindical del nuevo puesto de trabajo o por la “negociación colectiva”. Solo hay una solución política – un cambio de régimen, que puede cambiar los recursos económicos del pago de la deuda al trabajo productivo, creando inversiones. La llamada Eurozona es en realidad un mini imperio de estados vasallos que tributan y estados imperialistas que recaudan, como ha sido demostrado históricamente. La casta política, como suele ocurrir con la actualmente constituida, que opera en la oposición del marco imperialista, es orgánicamente incapaz de revertir los cambios ya efectuados por la ofensiva de clase en el poder. El legado histórico de la ofensiva de la clase gobernante y el surgimiento de nuevas "fallas" sistémicas, demandan nuevos movimientos políticos que reflejen el nuevo peso de las clases desposeídas: las demandas específicas de la clase media móvil descendida a nivel de proletariado, pequeños empresarios arruinados y sus trabajadores; la desesperada demanda de trabajo por parte de un gran ejército de parados jóvenes sin futuro.

¿Qué se puede hacer?

 

Está claro que el disenso parlamentario y la política electoral no da respuestas a esos millones de familias que pierden sus casas, y a los que pierden sus ingresos necesarios para vivir.

Hay cientos de millones que aún no han podido conseguir un empleo. La única acción dirigida a movilizar a los desempleados es que paralicen la circulación del transporte de mercancías y los servicios; solo acciones colectivas destinadas a evitar desahucios por ejecuciones hipotecarias; sólo exigir trabajo público que proporcione puestos de trabajo; solo la ocupación de las fábricas puede salvar los puestos de trabajo; sólo la toma de la fábrica por los trabajadores para hacerla funcionar ellos mismos puede proporcionar alternativas y crear apoyo para un cambio de régimen, una revolución política y la ruptura con el imperialismo tributario.

A corto plazo solo puede haber solidaridad internacional entre los trabajadores en los estados vasallos: los trabajadores de los estados imperialistas de EE.UU., Alemania, los países Nórdicos y el Reino Unido, están todavía obligados y atados a sus respectivas clases gobernantes. El futuro está en la construcción de puentes entre los millones de explotados, excluidos y desposeídos que han perdido todo lo que tenían y finalmente han reconocido que solo mediante la lucha de clases pueden recuperar su dignidad de seres humanos y una forma de vida digna.

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Fuente http://www.occuworld.org/news/170976


 

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