El genio precursor de Ibn Jaldún (1332-1406)*

 

«Ibn Jaldún (Abú Zaid Abd al-Rahman, conocido en España como Aben-jaldún), erudito, filósofo, sociólogo, economista y diplomático, nació en 1332 en Túnez y murió asesinado en 1406 en El Cairo».

«Puso de manifiesto el concepto mismo de cohesión social, que se deriva de la articulación de los factores psicológicos, sociales, políticos, económicos y religiosos, que hasta entonces habían sido considerados independientes».

«El precedente de la decadencia romana y sobre todo el desmoronamiento del imperio árabe, del que fue testigo le sirven de inspiración para la primera gran interpretación cíclica del movimiento de la historia: “Los imperios, al igual que los hombres tienen su propia vida, […] crecen, llegan a la edad de la madurez y luego comienzan a declinar […]. Lo económico juega un papel determinante en esta evolución puesto que, sin cuestionarla, una gestión más o menos informada puede acelerar o dificultar los tiempos”. En sus Prolegómenos, Ibn Jaldún formula lo que cinco siglos después sería la teoría de la demanda efectiva y establece una concepción del papel del Estado y de la fiscalidad muy cercana a la futura concepción keynesiana».

«El peor político es el que llena las arcas del Estado elevando los impuestos por encima de lo necesario y reduciendo el gasto; ello lleva al estancamiento compromete los ingresos fiscales y, logrando lo contrario de lo que se propone, empobrece en última instancia al propio Estado. El impuesto debe estar repartido de forma equitativa entre todos los contribuyentes. Nadie debe estar exento por razón de su rango social y a nadie se le puede exigir un impuesto por encima de su capacidad».

«El Estado no debe atesorar y debe combatir el atesoramiento por parte de los particulares por medio de una política fiscal que obtenga el dinero guardado para reinyectarlo en la economía: el impuesto debe aumentar cuando los ricos atesoran y debe bajar en el caso contrario».

«Entre los medios de sostener la actividad futura, en primer lugar, el gasto social: la ayuda a los pobres, a las viudas, a los inválidos y a los huérfanos, la construcción de hospitales y la contratación de médicos. Esta política beneficiosa para los súbditos favorece también al Estado, puesto que se beneficia de ella sosteniendo la actividad general».

«Ibn Jaldún corona una civilización que, después de él, parece una huida hacia adelante y no produce nada notable».

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Fuente: Textos tomados (con permiso de la editora) del libro: "Las grandes representaciones del mundo y la economía a lo largo de la historia" de Renè Passet  http://us2.campaign-archive2.com/?u=3873958830d18afee6eeafcc8&id=03c09406e2, en el que, para más información, se hace referencia también a la siguiente página web: http://www.neties.com/khaldoun.rtf


 

 

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