Ya es hora de arrojar alguna luz sobre la industria de creación de la pobreza.
 

Por: Joe Brewer*, Alnoor Ladha y Martin Kirk** para Think África Press

Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda

 

Ya va siendo hora de desenmascarar el gran mito infame de que la pobreza de masas no es más que algo natural de algún orden moral universal que desconocemos. Tal forma de pensar es a la vez profundamente mendaz y desastrosamente engañosa.

La pobreza la crea la humanidad. Y la crea a sabiendas y con eficiencia científica mediante una avanzadísima industria en la que intervienen empresas privadas, grupos de reflexión o think tanks, medios de comunicación de masas, políticas gubernamentales y más. Esta “industria de creación de pobreza” es de la que menos se habla y de la cual no conocemos sus características dentro de nuestra economía global, siendo quizás la mayor fuerza mercantil del mundo moderno. Mientras no conozcamos esta sorprendente realidad, el progreso hacia la prosperidad global y la sostenibilidad caerá muy por debajo de lo que sería posible. Con esto no queremos sugerir que haya un cuarto oscuro lleno de humo en algún lugar en el que una pequeña cábala conspira para causar inconmensurable miseria solo por el hecho de que puedan hacerlo. No estamos hablando de una teoría de la conspiración. En verdad todo sucede en grandes salas de juntas y en conferencias políticas, donde la gente crea normas y estrategias ejecutivas para “maximizar el lucro propio”, como dicen los economistas, mediante la extracción de riqueza de otros. Esto corresponde precisamente a un enfoque económico maníaco para obtener ventajas o lucro a corto plazo, ignorando uno de sus defectos principales: el empobrecimiento de centenares de millones de personas. Ignorancia intencional, sin embargo, como le dirá cualquier jurista, no es defensa legal. Es hora de que se aplique la misma norma a nuestras leyes y realidades económicas.

Descubriendo a los culpables

No hace falta cavar muy hondo para encontrar a los principales culpables. Si aplicamos el viejo latín ¿rúbrica cui bono? - ¿Quién se beneficia? Encontramos muchos claramente sospechosos, sin que nos llevemos sorpresas al descubrirlos. El 0,001 más rico controla el 30% de la riqueza financiera, el 0,1% controla alrededor del 81%. Así que los ricos son realmente extremadamente ricos. Pero aún más importante que su valor en un momento determinado, son las tendencias en el tiempo.

En los últimos dos siglos, la desigualdad mundial ha aumentado constantemente. Sabemos esto porque mientras las tasas de pobreza absoluta han ido disminuyendo durante los dos últimos siglos, la medida estándar de desigualdad – el coeficiente Gini – se ha incrementado desde 43.0 en 1820 a 70.7 en 2002. (Una puntuación de 0 significa que todo el mundo tiene exactamente la misma cantidad y 100 significa que una sola persona lo controla todo.) Esta tendencia se ha acelerado desde 1980, cuando se puso en marcha la última oleada de las políticas de “libre mercado.” Esto se ve agravado aún más en la mayoría de los países por a la crisis económica y el cambio climático.

Por supuesto que sólo por el hecho de que alguien se esté beneficiando de un sistema, no quiere decirse que automáticamente lo está controlando. Para averiguar quién lo está haciendo, tenemos que encontrar las industrias que han creado, quién ha construido esta vía o esta carretera y observar sus estrategias y operaciones comerciales. El mejor lugar para buscar es un sistemas de dos niveles que consta de. 1) una economía global donde la corriente principal cumple las normas legales y de transparencia que le son de aplicación y 2) una economía sumergida global donde la equidad es una entelequia, con una situación de falta de transparencia que debe mantenerse a toda costa y donde el contrato y las normas laborales se ignoran.

Esta economía sumergida ha sido constante y sistemáticamente creada mediante una serie de estrategias muy concretas. Su único propósito es el de proporcionar un lugar fuera del alcance de las leyes fiscales nacionales, donde los beneficios y el capital se puedan atesorar sin límites. Es extremadamente popular entre todos aquellos que pueden permitirse el lujo de acceder a ella. Es vasta. Se compone de más de 80 paraísos fiscales, innumerables acuerdos comerciales y marcos legales y emplea a un pequeño ejército de personas para ejercer presión sobre políticos, proporcionar defensa legal, administración y soborno de los cargos electos.

Una riqueza situada entre los 21 y 32 billones de dólares o el 10-15% de toda la riqueza privada, está escondida detrás de las murallas del secreto. De las 100 mayores empresas que cotizan en la bolsa de valores de Londres, 98 utilizan de forma rutinaria paraísos fiscales. Más de la mitad de todos los flujos del comercio mundial se realiza por cada uno de ellos y entre ellos para poder desviar los beneficios sin pagar impuestos.

En otras palabras, la economía sumergida no solo es de inmensas proporciones, sino que está estrechamente ligada a la economía formal. Al igual que un parásito que se adhiere al cuerpo de su víctima, le chupa la sangre financiera vital a una velocidad y en una cantidad lo suficientemente grande como para perpetuar la desigualdad y la pobreza

No podría darse un caso más claro de una industria diseñada para beneficiarse mediante la explotación activa y voluntaria, a expensas de la mayoría de los pueblos del mundo. Una industria diseñada con reglas que enriquecen a algunos a través del empobrecimiento de los demás: “la industria de creación de la pobreza”.

Hágase la luz


Esta industria se basa en una cosa por encima de todas las demás: el secreto. Sólo a través de la “discreción” de los paraísos fiscales y la “creatividad” de los abogados, contables y banqueros, pueden funcionar de la manera que lo hacen.

Aquí es donde radica la esperanza. La capacidad de mantener este secreto depende del público que no lo ve y no utiliza su poder colectivo para exigir que cambie. Con la presión de la gente, se pueden promulgar las leyes que hagan brillar una luz en estos lugares secretos, en las tinieblas. Los grandes desequilibrios de nuestro sistema actual pueden ser corregidos a fin de que la riqueza sea repartida de forma más equitativa y podamos disfrutar de sus ventajas y beneficios dentro de unos límites razonables.

Al servicio de este propósito, hemos ayudado a crear una vía para la acción: “The Rules” (las reglas, las normas) es un nuevo movimiento ciudadano mundial encaminado a abordar esas causas profundas de la desigualdad y la pobreza. Al unirse en un propósito común, un entendimiento común, y con el uso inteligente de la organización y las redes de comunicación global, creemos que la gente común tiene el poder para hacer frente a la “industria de creación de pobreza” y lograr nuevas reglas o leyes. Nuestro primer paso es exigir transparencia en el centro mundial del sistema de paraísos fiscales, la ciudad de Londres. Se necesitará un esfuerzo global masivo y sostenido. Parafraseando a Martin Luther King, el arco de la historia es largo, pero se dobla hacia la justicia. Creemos que el cambio solo es posible si los ciudadanos del mundo lo exigen.
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* Joe Brewer es estratega de innovación que mezcla personas con ideas brillantes para crear proyectos de alto impacto, sintetizando conocimientos multidisciplinarios en ideas y herramientas útiles para el cambio económico social.

** Martin Kirk es director de campañas globales y ha trabajado con ONG,s en relaciones gubernamentales y participación del público en asuntos globales.

 

Fuente: http://thinkafricapress.com/economy/blog/who-creates-poverty-the-rules


 

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